Opinión / El zurriago de Oteyzerena

La UPNA es una mala universidad

Por Carlos Jordán 27 febrero, 2018 - 9:55

La gestión abertzale de la universidad pública es un tema sensible, un tabú que ha permitido hundir la calidad educativa en navarra hasta niveles vergonzosos.

Uxue Barkos, Ainhoa Aznárez, Joseba Asiron y Alfonso Carlosena participan en la apertura del programa de celebración del 30 aniversario de la UPNA.
Uxue Barkos, Ainhoa Aznárez, Joseba Asiron y Alfonso Carlosena participan en la apertura del programa de celebración del 30 aniversario de la UPNA.

Porque ya sabemos que cuando un adalid del leviathan público gestiona algo, criticar sus errores es un atentado a la democracia, un abuso del sistema opresor, que sólo quiere que se beneficien los ricos y… ¡Franco! ¡Facha!

Alfonso Carlosena, al que los alumnos no votaron -ellos querían a Jorge Nieto- se encuentra al servicio del nacionalismo que pretende difuminar navarra, y soterrarla. No es sólo el único, Ana Ollo y Pello Pellejero completan la tríada de altos cargos, miembros de Geroa Bai, que hacían méritos para Uxue en la universidad pública con nuestros impuestos.

Universidad que tiene congelados los sueldos de sus empleados desde hace siete años. Que igual es momento de incentivar a los profesores, o invertir en el propio campus, más que de ampliar la oferta. En pro de una mayor calidad, racionalizando el gasto.

Aunque hay profesores, que más valdría despedir que incentivar, a los que todo les importa un bledo, como quién después de la inundación en el sótano de los olivos, pese a la nota informativa en la que se les pedía no enchufar las cámaras frigoríficas, hasta que se secase la instalación eléctrica, enchufó la cámara que produjo el incendio que ha obligado a cerrar el edificio de los olivos. Sería conveniente saber qué responsabilidad ha asumido el seguro, y cuánta vamos a asumir los contribuyentes. O el caso de la profesora de magisterio que obliga a aprender euskera y el mapa de Euskal Herria a sus alumnos. Ocurrido esta misma semana.

Los guardias de seguridad no les van a la zaga a profesores como los anteriores, risas entre los empleados, asegurando que cualquier mindundi sería capaz de robar cualquier cosa con tal de llevar un buzo de trabajo para disimular. Suerte que, los que yo conozco son unos profesionales como la copa de un pino.

Por supuesto, hablo de los subcontratados, los de seguridad son un desastre que, pese a tener la obligación de inspeccionar diariamente los edificios del campus, ignoraron durante tres días enteros el incendio en el de los olivos. Ni un sólo despido, ni un mínimo interés en revertir esta situación por parte de la universidad.

Cualquiera, un poco mal pensado, diría que no se quiere mejorar la seguridad del campus por no molestar a los alumnos más radicales. Ya saben quienes son, los que se definieron como antidemocráticos en las pasadas elecciones al claustro, los que tienen la pared y la puerta de su oficina sindical que parece un estercolero. Es sospechosamente curioso el cómo la universidad tolera a estos alumnos, pese a ser un grupo tan reducido que no puede ni presentar lista a las elecciones.

En lo que implica directamente al material educativo es obsceno que todos, o casi todos, los profesores tengan un MAC en su oficina (ordenador que no baja de las tres cifras de precio, marca Apple) mientras que los alumnos no tienen ni wifi en condiciones, o enchufes en la primera planta del campus.

Que por falta de material, ni en la asignatura de dibujo técnico en euskera, tienen el libro en euskera, de ocho temas, sólo el primero es en lengua vasca y, el resto en castellano, pese a que se ofrece como 100% en euskera. Y tienen que llegar incluso a demandarles para conseguirlo, cómo es ha pasado a los estudiantes de estadística que tenían que conformarse con unas diapositivas en la pared que, el profesor, se negaba a distribuir. Mi enhorabuena a los alumnos desde estas líneas por ganar esa demanda.

No les contarán jamás esto porque otros medios de comunicación están para llenar su cuenta de resultados con las subvenciones que reparte, precisamente, Pello Pellejero desde el gobierno.

Total, eres tú quien mantiene este desastre, quieras o no quieras.


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