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Opinión / El zurriago de Oteyzerena

Movimiento Völkisch

Por Carlos Jordán 09 noviembre, 2015 - 0:18

Una especie de romanticismo conservador, asociado con el populismo político y una visión idílica de un conjunto de personas que forman una nación cultural definida como una comunidad humana con nombre propio, asociada a un territorio, que posee mitos comunes de antepasados, que comparte una memoria histórica, uno o más elementos de una cultura compartida y un cierto grado de solidaridad, al menos entre sus élites.

No hay nada que una más a una nación que una guerra contra otro país, de este modo durante las guerras napoleónicas del siglo XIX los románticos más tempranos ensalzaron la patria combinándolo con el folklore, la historia local y la idea de una vida autosuficiente, germen del que nació este movimiento y el cual desarrollaría paulatinamente una idolatría de lo étnico que adopta inevitablemente cualquier partido de índole nacionalista en mayor o menor medida, según los objetivos que quiera conseguir.

Este punto en común llevó al Partido Nacionalista Vasco (Geroa Bai) a relacionarse con el partido Nacional-Socialista Obrero Alemán llegando hasta tal punto su amistad que el lehendakari José Antonio Aguirre se refugia en Berlín durante la posguerra en España y autoriza a Eugene Goyheneche a redactar "Euskadi y la Europa del futuro" un escrito que sería remitido al director adjunto de la Gestapo Werner Best (oficial de las SS y responsable de la llamada solución final del Holocausto) donde se planteaba la posibilidad de crear un estado vasco independiente en Europa subordinado a la Alemania de la Wehrmacht.

Este movimiento, vivo a día de hoy y atávico de cualquier partido nacionalista del planeta, se muestra siempre con una clara expresión xenófoba, Sabino Arana es un claro ejemplo de esto, fundó el Partido Nacionalista Vasco (Geroa Bai) e inventó la ikurriña al grito de "¡Cuándo llegarán los bizkaínos a mirar como enemigos a todos los que les hermanan con los que son extranjeros y enemigos naturales suyos!"

Apenas un siglo después, la delegada del PNV en Navarra, Uxue Barcos pone en práctica la política racial aprendida y adquirida tras años de práctica tanto con nazis como en la Comunidad Autónoma Vasca y manda identificar a los funcionarios vascoparlantes, promueve ofertas públicas de empleo diseñadas en su totalidad para la minoría vasco-navarra, favorece la delincuencia abertzale y lleva a juicio a la oposición.


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