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Los navegantes no encuentran Puerto

Por 08 julio, 2019 - 10:56

Toros salmantinos de excelente presentación, bien armados de pitones y de alegre salida de toriles representaban al encaste Atanasio en el serial sanferminero.

Segunda corrida de la Feria del Toro de San Fermín 2019 con toros de Puerto de San Lorenzo para Emilio de Justo, López Simón y Ginés Marín. PABLO LASAOSA
Segunda corrida de la Feria del Toro de San Fermín 2019 con toros de Puerto de San Lorenzo para Emilio de Justo, López Simón y Ginés Marín. PABLO LASAOSA

Toros salmantinos de excelente presentación, bien armados de pitones y de alegre salida de toriles representaban al encaste Atanasio en el serial sanferminero.

Los animales de esta procedencia tienden a ser distraídos y un tanto abantos durante su lidia, pero acostumbran a desarrollar fijeza y humillación en la muleta. Esta tarde, en cambio, no se ha podido constatar este fenómeno, pues la corrida ha resultado sosa y un tanto desrazada en la muleta, ya que los toros han tendido a rajarse al poco de hacer frente a la muleta de los tres espadas actuantes.

Pero, ¿qué se ha visto durante el festejo más allá de esta observación? En primer lugar, un tercio de varas ejecutado, salvo alguna excepción, de forma bruta y tosca sin atender a lo que necesitaba cada astado. A la corrida le han dado “p’ al pelo”. Y si no que se lo digan a “Joyito”, primera víctima del ensañamiento piquero. De las banderillas, mejor guardar silencio.

Los toreros, cada uno a lo suyo. Emilio de Justo no le ha cogido el aire a su primero, mientras que en el cuarto a realizado una notoria faena con la mano zurda en la que la profundidad y el clasicismo de su muleta no han sido capaces de acabar con el interés del tendido en su merienda.

Para colmo, todo se ha ido al traste por culpa de un deplorable uso de la espada que ha hecho que el gran público se haya quedado con la actuación de un Alberto López Simón encimista, cansino y tremendista.

Su segundo, quinto en orden de lidia, pedía a gritos una faena más despegada, a media altura y de menor duración que la que el madrileño le ha dado. Aún así, gracias a una estocada entera -¡la única en toda la tarde a la primera!- se ha permitido gratuitamente el lujo de dar una vuelta al ruedo cuya justificación solo su ego conoce.

Finalmente, por ahí ha andado Ginés Marín. Si bien a “Pitinesco”, un toro negro de 615 kilos, ha conseguido realizarle una faena que ha permitido creer en este torero de nuevo, pues esta pasando una larga travesía en el desierto intentando retomar la senda del triunfo. Por desgracia, la tizona se ha resistido a cumplir su mortal cometido.

Del sexto, no queda ni el recuerdo.


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