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Opinión / Como periodista lleva ejerciendo desde los 18 años en que comenzó en el diario Pueblo. Ha trabajado después entre otros medios como Mundo Obrero, Tiempo, El Globo y la Cadena Ser.

El último desfile

Por Antonio Pérez Henares 26 abril, 2016 - 12:43

Está a punto de concluir el último desfile de esta Pasarela Investidura a la que hemos asistido durante cuatro inacabables meses.

Los trajes están ajados y los top model macilentos. Ya no hay garbo, no hay empaque, no hay ¡pisa morena! Todo aparece envejecido, viejuno, cansino, todo suena a mil veces usado, resobado y manoseado. No hay ya quien venda un modelo, ni un alta costura ni un pret a porter, ni unas zapatillas de andar por casa, vamos.

Solo se espera, digan y repitan la monserga que seguirán salmodiando hasta el ultimo segundo, que caiga de una vez por todas el telón y que esta función acabe. Ellos dicen que es una catástrofe pero muchos-me sumo-lo percibimos como un alivio. Aunque no total, porque los espectadores vamos a tener que seguir en los asientos obligados a dos meses de campaña electoral que, en esta ocasión más que nunca, se nos va a hacer mas larga que una travesía por el Sahara sin agua. Pero, al menos, de esta pantomima y de esta impostación de este tiempo pasado, nos habremos librado.

Es una pena que no podamos hacerlo también con los mítines que se nos vienen encima y me temo que otra vez con las muy poco variadas parafernalias y debates y que se empezará de nuevo con el que si voy, no voy o te dejo la silla vacía. Pero también esto ya nos sonará a muy, muy cansino y ya nadie podrá aparecer en plan de estreno, porque su novedad ha hecho algo peor que desgastarse a toda leche, es que han envejecido mal y a los galanes les han salido arrugas de las peores. Se les ha calado que andan más que cortitos de registro y sobrados de falsetes y engolamientos.

En fin, que acabe esta semana, que nos den la ya consabida retahíla de ruedas de prensa, que se echen las culpas los unos a los otros y que se vayan a recargar el saco de palabras hueras.

PD. La sorpresa mayúscula sería un gobierno. Pero visto lo visto no sería solución y menos aún milagro, lo que sería es una chapuza y una desgracia.


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