Opinión / Periodista, de Ayoó. Independiente, pero no de mis ideas, mis amigos y mis estados de ánimo.

Sin fumata blanca

Por Antonio Casado 25 enero, 2016 - 22:55

Se retrasa la cuenta atrás hacia la fumata blanca. O, en el peor de los casos, hacia una indeseada repetición de elecciones.

Sesenta días a contar desde la primera votación al candidato Rajoy. O al candidato Sánchez, que es lo más probable después de que, el viernes pasado, el presidente del Gobierno en funciones cediera el paso al líder socialista.

De momento, es tiempo de espera, hasta que el miércoles próximo se inicie en Zarzuela una segunda ronda de consultas con los jefes de fila de los partidos de base parlamentaria. Si no hay sorpresas como las del viernes pasado -qué estrés, oiga-, pasarán luego tres o cuatro días hasta saber a quien le encargará el Rey que intente ganarse la confianza del Congreso en una sesión de investidura. Salvo que para entonces Rajoy ya disponga de mayoría a su favor -absoluta en un primer intento y simple cuarenta y ocho horas después-, cosa improbable, lo normal es que Felipe VI  encargue la tarea a Pedro Sánchez y éste la asuma. Una fuente muy cercana al interesado me confirma que lo hará, que entonces aceptará el encargo del jefe del Estado. Aunque ya se lo ha puesto muy difícil el líder de Podemos, Pablo M. Iglesias, con su arrogante auto-postulación a la Vicepresidencia del Gobierno y su maquiavélica forma de hurgar en la herida del PSOE.

Más presión sobre Pedro Sánchez. Se las prometía muy felices viendo como se estaba escenificando la soledad de Rajoy. Pero la renuncia del presidente en funciones a asumir el encargo de formar Gobierno, por ahora, ha invertido la carga de la prueba y ahora será Rajoy el que disfrute viendo cómo se las arregla Sánchez para defender una alianza tóxica con ese populismo con el que, según decía hace un año el propio Sánchez, "nunca pactaremos" porque "conduce a la Venezuela de Chaves, a la pobreza y a las cartillas de racionamiento".

Todo ello ante un amplio sector del PSOE que no comparte el apareamiento con Podemos y que solo necesitaba sentirse insultado por la arrogancia mostrada el viernes pasado por Pablo Iglesias para reafirmarse en el rechazo a la izquierda mochilera. Y, de paso, reprocharle a Sánchez el haber contribuido al engorde artificial del personaje.

Por todas esas razones se ha redoblado la expectación ante lo que puede ocurrir el sábado, día 30, en el Comité Federal del PSOE, el que "determina la política de alianzas". La incógnita es si ese órgano de dirección, depositario de la voluntad de los militantes, podría limitar la capacidad de maniobra de Sánchez en sus tratos con Podemos (textualmente: "No se entendería que no intentara entenderme con Iglesias"). Le obliga a que sean transparentes y ceñidos a la letra y el espíritu de su última  resolución del 28 de diciembre, "anteponiendo siempre el interés de España" por encima de "intereses partidarios y personales", rechazando tajantemente "la autodeterminación, el separatismo y las consultas que buscan el enfrentamiento".


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