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Los escobazos de la CUP

Por Antonio Casado 01 enero, 2016 - 23:53

Pendientes de la decisión final de la CUP sobre la investidura de Mas, dice éste que ese partido tiene el poder de provocar una repetición electoral pero no el de cambiar al candidato de Junts pel Si.

O sea, que puede lo mayor pero no lo menor. Es la última entrega en esta absurda ceremonia separatista, cinco minutos antes de que este domingo la muchachada anticapitalista se pronuncie de una vez por todas.

¿En qué sentido lo harán, finalmente? Considerando la tendencia de la CUP a dar escobazos, como si la política fuera el tren de la bruja (y tal vez lo sea), seguramente se habrá planteado cual de las dos salidas, la investidura de Mas o las nuevas elecciones, les dará más protagonismo en la provisión del caos. No descartemos que opten por la repetición electoral como una forma de seguir dando escobazos a quienes se han juntado con el partido de los recortes y la corrupción, pero tiendo a pensar que esta vez se acabará abriendo paso su vena patriótica. El máximo órgano de dirección de la CUP no va a querer cargar con el sambenito de malos catalanes.

De este modo, la investidura de Artur Mas se convertirá en un paso adelante hacia el "estado catalán independiente en forma de república", según dice la resolución aprobada por el Parlament y suspendida por el Tribunal Constitucional. Y aquí topamos con otra esquina absurda del reto segregacionista, pues dicen sus promotores no entender el estupor ajeno cuando, según ellos, la dichosa resolución independentista "tiene validez política, pero no jurídica". Lo cual es un insulto a la inteligencia, tratándose de una resolución que, entre otras cosas, incluye un mandato expreso para que el nuevo Gobierno autonómico, cuando se forme, tramite en el plazo de 30 días "las leyes del proceso constituyente, de seguridad social y de la hacienda pública".

Si la resolución es anticonstitucional (cinco preceptos de la CE y dos del Estatut) también lo serían esas leyes. Al ser aceptadas a trámite, se activarían los mecanismos sancionadores del Estado. Asimismo, en la resolución se advierte de que "este Parlament y el proceso de desconexión democrática no se supeditarán a las decisiones de las instituciones del Estado español, en particular del Tribunal Constitucional". Como se ve el texto tiene validez política, por supuesto, pero también la tiene jurídica, cuando de ella se desprende el mandato de elaborar leyes acordes con el espíritu y la letra de la resolución.

Así que todo parece indicar que volvemos a entrar en rumbo de colisión. El problema catalán reaparece como foco de inestabilidad. Una amenaza al orden jurídico-político que va a disparar hacia arriba el valor de la estabilidad. Lógico. Un nuevo salto hacia la "república independiente de Cataluña" sería un desactivador del miedo a la inestabilidad y además actuaría como freno a ese Gobierno de perdedores imaginado por el líder del PSOE, Pedro Sánchez, en presunta alianza con Podemos y grupos separatistas.


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