Opinión / Periodista, de Ayoó. Independiente, pero no de mis ideas, mis amigos y mis estados de ánimo.

El debate que viene

Por Antonio Casado 15 diciembre, 2015 - 0:30

Demasiados votos en el aire que no acaban de posarse. Dejemos de enredar con escenarios del día después. 

Los enredos nunca son inocentes. Crean opinión en los medios. Opinión publicada, se dice. También crean opinión las encuestas y los alineamientos de tres contra uno que han fabricado una víctima llamada Pedro Sánchez en vísperas de su duelo televisado con Rajoy. Veremos que ha pasado después, pero hasta ese momento el candidato socialista había sido objeto de un triple acoso: mediático (los medios de comunicación se cebaron con él), demoscópico (mal parado en las encuestas) y político (Podemos, PP y Ciudadanos centraron sus ataques en Sánchez).

Tal y como lo percibe la ciudadanía, esa es la resultante de la campaña electoral a cinco días de la jornada de reflexión. Quien mejor lo ha teorizado es el ex secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba. Pone el dedo en la yaga al afirmar que "el asalto que le interesa a Pablo Iglesias no es el de Moncloa sino el de Ferraz". Eso en cuanto al competidor por la izquierda en el liderazgo del "cambio". En cuando al competidor por la derecha, Ciudadanos, dice Rubalcaba que también ha renunciado a frenar a Rajoy y prefiere frenar a Sánchez. Con lo que Rajoy está feliz viendo como se pelean, viendo como él se descuelga mientras los otros tres se pelean por el segundo puesto.

Todo eso puede cambiar este martes, cuando se haya escenificado la disputa por la Moncloa entre sus dos aspirantes creíbles: Rajoy y Sánchez, Sánchez y Rajoy. Nadie imagina de presidente a ese Pablo Iglesias cuyo modelo es la Venezuela de Maduro y que confiesa tener dificultades para decir la palabra España. Ni a Albert Rivera, cuya creciente exposición pública va acelerando el destape público de sus carencias.

Así que el cara a cara de este lunes 14 entre el presidente del Gobierno y el líder del principal grupo de la oposición, ya "sin muletas ni bisagras", dice un asesor de Rajoy, se va a convertir en el verdadero y decisivo debate de la campaña. "Lo que ha habido hasta ahora son tertulias", comenta el mencionado asesor. Será en una mesa, y no con atriles. Sánchez tendrá la primera palabra y Rajoy la última, por sorteo previo.

El cruce se presenta como la última bala del líder socialista en sus aspiraciones a la Moncloa, aparte de la disputa que se está jugando en la parte más banal de la programación televisiva. El líder socialista tendrá que dosificar muy bien sus embestidas contra Rajoy para que la obligación de marcar diferencias no impida la obligación de aparecer como un futuro gobernante que ahora no se deja llevar por el voluntarismo.

Rajoy tiene más que perder, porque es el que más tiene. Habrá temas de Estado donde el lenguaje de ambos será común. Sobre todo en un momento marcado por el asalto terrorista a nuestra Embajada en Kabul, con resultado de muerte para dos policías españoles. Con toda probabilidad, ese asunto estará en el arranque del debate.


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