Opinión / In foro domestico

La protección de la caverna

Por Ángel Luis Fortún Moral 24 junio, 2020 - 8:34

¿En qué momento vamos a reaccionar como sociedad para hacer frente, pero de verdad, a esta epidemia del Covid-19?

Santos Induráin, Consejera de Salud del Gobierno de Navarra, durante el minuto de silencio en homenaje a los fallecidos por coronavirus. EUROPA PRESS
Santos Induráin, Consejera de Salud del Gobierno de Navarra, durante el minuto de silencio en homenaje a los fallecidos por coronavirus. EUROPA PRESS

La consejera de Salud-Osasun Kontseilaria comparece el lunes 22 de junio para explicar… Nadie se acuerda qué iba a explicar. Tal vez porque, aprovechando el turno, decide compartir con los medios que el último día (¿el domingo 21? qué rapidez en detectar y comunicar), en Navarra se ha producido un repunte de 21 casos.

Y añade, desplazando completamente el asunto inicial de su comparecencia, que la mayoría de los casos (12) corresponden con “estudios de contacto”, o sea, que se trata de casos que estaban siendo objeto de estudio y, se supone, seguimiento. Aquí conviene recordar que, unos días antes, se publicó el estudio y seguimiento que se estaba realizando en el personal de Osasunbidea. ¿Es ese estudio de contacto el del bote, rebote y repunte del día 21, o por ahí?

Y más aún, la consejera manifiesta que el aumento de casos tiene que ver con relaciones familiares y relaciones sociales, ¡ojo! no es en centros sanitarios o sociosanitarios (como hasta ahora). Enhorabuena, Sra. consejera, por primera vez en más de cien días de epidemia ha podido declarar que la mayoría de contagios no se produce en el ámbito de residencias de mayores, ni de centros sanitarios. Aúpa.

Eso sí, para las mentes retorcidas queda la duda de si esos 12 casos de “estudios de contactos” a los que, según sus palabras, se les hacía seguimiento en realidad son casos de personal sanitario que han propagado la epidemia en sus relaciones familiares y sociales en lugar de en sus ámbitos sanitarios.

Y queda también para las mentes retorcidas una insana curiosidad. Dado que 12 de 21 contagios se han producido de “estudios de contacto”, ¿los propagantes y sus relaciones familiares han sido irresponsables en las medidas de protección? ¿se trata de que las medidas fueron ineficaces? ¿o sólo desconocían la situación? No queda claro, por tanto, qué quiere decir eso de “estudios de contacto”.

Pero siendo preocupante esta extraña forma de transmitir la información, resulta más preocupante el tratamiento que se le ha dado en la mayoría de los medios y, peor aún, el runrún que impera en nuestros entornos. Rebrote, repunte, irresponsables relaciones familiares y sociales. Tendremos que volver a confinarnos. En definitiva, volvamos a la protección de la caverna.

Los Croods es una exitosa película infantil de 2013 que plasma con sencillez ese primer paso del ser humano para vencer temores irracionales y superarse como especie, con el fuego como elemento clave del cambio, pero en realidad por la determinación y la superación de vicisitudes. La aparente seguridad de la caverna parecía garantizar sus vidas. Al final, el coraje para despejar las tinieblas, la inteligencia para vencer al temor y su determinación como grupo será lo que les mantenga vivos.

¿En qué momento vamos a reaccionar como sociedad para hacer frente, pero de verdad, a esta epidemia del Covid-19? ¿cuándo dejaremos de permitir que alimenten nuestro impulso atávico a la protección pasiva en la caverna?

Digan con claridad si en esos 21 casos se habían adoptado las medidas de protección. Si había protección, ¿qué consideran que ha fallado? Y, sobre todo, dejen de criminalizar, especialmente para tratar de salvarse el culo. Seamos claros. La inmensa mayoría de casos de esta epidemia ha azotado a las residencias de mayores y a los centros sanitarios. Reconózcanlo de una vez y con claridad.

Por supuesto, esta epidemia pasa porque seamos muy exigentes con nuestra responsabilidad individual y cotidiana. Pero también debemos ser exigentes con quienes llevan las riendas de todas las instituciones. Esperar a la vacuna es como quedarnos en la caverna esperando a que pase el peligro. Como especie nos caracteriza nuestra capacidad para voltear cualquier amenaza que parecía destinada a aniquilarnos. Incluso las provocadas por nuestra propia insensatez.

Pero este virus, la última variante de los virus que provocan algunos de los resfriados comunes, nos ha colapsado como ninguna otra enfermedad desde hace más de un siglo. En una era en la que la tecnología nos hizo creer en la infalibilidad de robots, algoritmos y redes globales, un microscópico ser descubre la desnudez del emperador.

El emperador no se lavaba las manos. Esa es nuestra desnudez. El emperador vivía como masa despreocupada, con la prepotencia de una sanidad aparentemente infalible. Hasta que, como el agua, el aire y la naturaleza, descubrimos que todo debemos cuidarlo y consumirlo con responsabilidad. El emperador recibía cualquier objeto que se le antojase necesitar en pocas horas y a precio insultantemente asequible. Hasta que necesitó de verdad mascarillas, por ejemplo.

Y al despertar de la engañosa realidad de una era definitiva en apariencia, la mayoría de la gente, ¡la mayoría! se conforma con quedarse en la caverna, incluso con mascarilla para no contagiarse de la gente con la que llevas conviviendo en exclusiva 63 días: el triple del periodo de aislamiento por Covid-19. ¡Y convencidos!

Táchenme de irresponsable. Tal vez provoque mi final. Pero he decido secundar el empuje que nos sacó de las cavernas, hace varios centenares de miles de años. Un reto que las mitologías han descrito inventando dioses, titanes y semidioses. Aprender a vivir con esta epidemia. ¿Qué debemos hacer para que nuestra vida cotidiana no sea un foco? Por supuesto habrá que cambiar cosas y adaptarse. Deberé extremar medidas y diligencia para mantenerlas. Pero necesariamente la vida se vive fuera de la caverna. Fuera les espero. Hasta la próxima.


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