Opinión / In foro domestico

Pérfida Roma

Por Ángel Luis Fortún Moral 12 octubre, 2016 - 14:40

La romanización, impuesta por ejércitos muy superiores en tecnología y estrategia, sobrepasó todas las culturas y civilizaciones preexistentes, quedando algunos residuos casi imposibles de rescatar. Un genocidio silenciado por la unánime exaltación de todas las generaciones posteriores hacia el germen de la civilización occidental.

Resulta inexplicable que las instituciones sean incapaces de apreciar y repudiar las barbaries cometidas por los romanos, que acabaron imponiéndose a todo lo que ellos mismos calificaban como bárbaro. Hoy, al menos, se está dejando de estudiar el latín, aunque sea por esa espontánea reacción de la gente, que se libera de los yugos imperialistas, por arraigados que parezcan encontrarse.

Los romanos conquistaron todos los rincones de la Península; se la arrebataron… a otras civilizaciones y culturas que habían llegado antes. Griegos, fenicios, cartagineses, celtas, íberos, vascones... Tal vez estos pueblos respetaron cuidadosamente la rica y variada realidad cultural preexistente a su llegada. No hay pruebas para considerarlos, también a ellos, genocidas. Sabemos, por los romanos, que estaban por aquí. Pero Roma, Roma sí se apoderó con avidez de todo. Y tras su dominio nada fue igual, porque todo terminó romanizado.

La civilización romana se impuso porque, siendo más avanzada, resultó más atractiva para las pobres gentes, que se vieron forzadas y engañadas a ir aprendiendo el idioma, la ciencia, el arte, la tecnología, la organización, las concepciones… Los indígenas de aquélla (resulta imposible hasta nombrarla sin usar terminología romana) sucumbieron al esplendor que parecía tener la civilización romana. Al igual que sucumbieron todas las culturas y civilizaciones del mundo conocido. Hasta las hordas que llegaron en el declive del Imperio asumieron la civilización romana y la asumieron a su manera.

Claro que, en aquellos lugares en que había una fuerte civilización previa (como Egipto y Oriente Próximo) simplemente la incorporaron como un elemento más de su inmenso acervo.

Pero aún hay más, porque aquel imperialismo romano, su afán por conquistar y civilizarlo todo, sirvió de inspiración y modelo a las invasiones imperialistas y genocidas posteriores. Por esa nefasta influencia, mil años después, los reyes de Castilla y Aragón (que todavía no se habían incorporado ni Granada ni Navarra) impulsaron la aventura de Cristóbal Colón hacia lo que luego terminó siendo su Imperio en América.

Repitiendo el modelo romano, acabaron con reyes y dominios indígenas que, seguramente, se habrían establecido en aquellos territorios por las buenas, respetando los derechos humanos conocidos en aquella época y sin imponer por la fuerza y la aniquilación su propia civilización a las preexistentes. No hay muchas pruebas de genocidios y barbaridades anteriores, algunas sí. Lo cierto es que América terminaron imponiéndose dos idiomas derivados del latín, el castellano y el portugués, herencia de aquella antigua Roma dominadora.

Porque también otros imperios como Portugal, luego Francia, Holanda, Inglaterra, Alemania… Incluso la expansión del Islam tiene su inspiración en Alejandro Magno y en el pérfido Imperio romano, origen de todos los males posteriores y hasta presentes. Debemos ser concientes de la herencia que hemos recibido. Y, como quienes con cuarenta o cincuenta años siguen culpando a sus padres hasta de sus errores y perversiones presentes, hagámonoslo mirar.


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