Opinión / In foro domestico

El drama en Navarra ante el descontrol de la Renta Garantizada

Por Ángel Luis Fortún Moral 08 diciembre, 2019 - 11:40

Los derechos sociales siguen siendo una quimera para muchas personas en la Comunidad foral debido a una Administración que nunca se sale del patrón establecido.

Una mujer cubre su cara con sus manos. ARCHIVO
Una mujer cubre su cara con sus manos. ARCHIVO

Pongamos que se llama Morehu. Pongamos que es una mujer de entre 35 y 45 años. Pongamos que tiene una criatura de unos dos años, Tohu. Pongamos que lleva toda su vida, nació en Pamplona, con trabajos esporádicos; mucho antes de la crisis, el sector en el que se formó ya estaba precarizado.

Morehu, en sus más o menos 40 años de vida, cumplió con los pertinentes ritos y sacramentos, como estudiar en un colegio ptv, celebrar los logros de Osasuna (aunque no le guste el fútbol), disfrazarse en Nochevieja y vivir los Sanfermines a tope, hasta que su situación económica la obligó a completar sus ingresos con las horas punta de hostelería. Porque, claro está, como todo quisqui, Morehu también se compró casa; también en eso fue como esa mayoría que, hasta que no tienes casa, ni boda ni criaturas.

Desde que Morehu es madre (el padre de Tohu los abandonó de mala manera durante el embarazo), no ha podido mantener esa carrera sin descanso para llegar a fin de mes con dos o tres sueldos, como había podido hacer en los últimos 15 años. La maternidad ha sido, en el caso de Morehu, la gota que colmó el vaso de su precariedad.

Ocurre frecuentemente que las personas inmersas en la carrera obsesiva por tratar de llegar a fin de mes tardan tiempo en reconocer su precariedad. Están tan acostumbradas a la precariedad que no son conscientes de su situación de pobreza; tan acostumbradas a buscarse la vida y echárselo todo a las espaldas, que no saben cómo pedir ayuda. Hasta que tal vez sea demasiado tarde.

Morehu me cuenta que una tarde se dio cuenta de que se gastaba en patatas, aceite y una acelga los últimos cinco euros que tenía. La noche la pasó en vela tratando de que su cerebro descubriera un modo de conseguir algo de dinero para pañales. De hecho, de madrugada trató de rescatar algunos pañales que había tirado a la basura solo llenos de orina.

El llanto de Tohu la sacó de sus pensamientos. Salir a la calle les vendría bien, especialmente a ella, para no asfixiarse con sus preocupaciones. En el parque, Tohu se cagó hasta las trancas. Último pañal. Todo el agotamiento acumulado, me cuenta, le cayó encima en ese momento. Morehu se vio entrar en una tienda y coger los pañales que necesitaba para su criatura. El resultado es que, desde entonces, pende sobre ella un expediente administrativo de protección al menor, la angustia de que, con cualquier error, le quitarán a su criatura.

Los responsables de la tienda sí se dieron cuenta del estado de desesperación y ni siquiera presentaron denuncia. Pero la Administración intervino de todas modos, el sistema administrativo de derechos sociales se puso en marcha con su automatismo y su burocracia.

Desde la primera entrevista, Morehu fue completamente sincera. Entre otras cosas, porque le dijeron que confiara en el sistema, que estaban para ayudarlos. La sinceridad le costó cara. Como había reconocido trabajar horas sueltas los fines de semana en hostelería, el resultado fue que no se le concediera la renta básica íntegra. El sistema está preparado para que sea mejor no trabajar en nada que tratar de buscar ingresos, aunque sean esporádicos. Los esfuerzos no se valoran.

Por contra, sí recibió algunas ayudas para pagar deudas. Es curioso que solo recibiera ayudas para pagar al banco y a las compañías de luz y gas. Pagos que van a las empresas. Ni un céntimo para comer y vestir. Eso te lo dan en la parroquia o en el Banco de Alimentos, le comentaron en Servicios Sociales (el departamento ha cambiado el nombre, pero las unidades siguen igual), es decir, que se acuda a recibir caridad de entidades privadas.

Otra peculiaridad del sistema de Derechos Sociales: todo es de palabra. No hay justificante de las solicitudes, no hay consentimiento informado que indique las consecuencias que tienen las entrevistas y confesiones que se realizan en la unidad, jamás se entrega copia de los informes y valoraciones que se efectúan. Las personas siempre tienen la sensación de estar a merced de una Administración opaca en la que hay que encajar exacta y rigurosamente como se indica en las entrevistas. Una Administración enrevesada en la que parece que las ayudas fueran maná que cae de la gracia del servicio.

Conclusión: el sistema de Derechos Sociales de Navarra se ha convertido en un proceso tan burocratizado, rígido y autómata que impide, es más, repudia, una valoración individualizada de los casos que adecue las ayudas a cada realidad. No hay propuestas de evolución, ni seguimiento. Un contrato de dos o tres meses elimina las ayudas, da igual la deuda que se arrastre. El sistema es automático. O todo o nada. Por eso, en las propias unidades recomiendan… ¡mantener la precariedad!

Baremos insensibles y rígidos hasta la crueldad. Casos en los que se niega toda la ayuda por menos de diez euros. Un sistema tan inflexible que impide ayudas de menor cuantía, o ayudas que complementen y apoyen la búsqueda de empleo, o ayudas puntuales que sirvan de aliciente para quienes se esfuerzan y logran trabajos esporádicos o contratos parciales. Simplemente, el sistema no lo contempla. Todo o nada.

Además, el sistema tiene sus ritmos. Si, desde que se solicita la ayuda (sin justificante para la persona interesada) hasta que se recibe, la persona ha encontrado un trabajo, es un jaleo suspenderla. En la mayoría de las veces, coincide la suspensión de la ayuda, la reclamación para devolverla y el final del contrato. De modo que, en muchas ocasiones, las personas honestas se encuentran sin trabajo, sin ayuda y con la reclamación para devolver la recibida en los últimos dos o tres meses. De nuevo, da igual que con eso se pagara la mochila de deudas de meses anteriores.

Así, el sistema termina añadiendo más precariedad a quien más se esfuerza, a quien se salga del modelo. Eres pobre y es mejor mantenerte pobre si quieres recibir las ayudas públicas sin alteraciones. Es lo que el sistema alimenta. Como se ha detectado recientemente con decenas de casos inventados, porque está chupado recibir ayudas si entras en el juego del modelo automatizado. La complicación viene si te sales de su norma de pobreza.

Claro que se destinan millones de euros para miles de casos, pero son expedientes cortados por el mismo patrón, el propio sistema lo termina imponiendo de facto, familias que mantienen su precariedad porque, de otro modo, no recibirán rentas ni ayudas. Se mantiene una pobreza cronificada tal y como lo denunciaba Cáritas hace una década, justo al comienzo de la crisis.

Una década después, la situación no ha cambiado. A pesar de los cambios de caras, aires y nombres en el departamento. Hasta se cambió la ley en el 2016, con mucho bombo y platillo. Pues bien, el artículo 1 de la nueva ley foral establece como objeto regular el derecho a la inclusión social mediante un proceso personalizado… que se sigue incumpliendo exactamente igual que se incumplía el artículo 5.g) de la Ley Foral de Servicios Sociales del 2006, que decía lo mismo.

Tampoco ha cambiado el absoluto desprecio a las resoluciones y recomendaciones del Defensor del Pueblo de Navarra, que, desde hace una década también, viene denunciando las rigideces del sistema. Da igual todo. Se mantienen rigideces y crueles burocracias que solo sirven para gastar dinero en mantener una pobreza crónica. Total, como solo es el Defensor del Pueblo...

Con el último escándalo de los empadronamientos en Tudela, que ha destapado un posible despilfarro de varias decenas de miles de euros, tal vez, sí cambie algo. Nada, un pequeño detalle: que la Cámara de Comptos sea más exigente al revisar el sistema. Son públicos los casos en los que sus auditorías penetraron hasta en los más ínfimos detalles de gestión. Tal vez ahora consideren penetrar en el detalle de decenas de expedientes que se resuelven con la misma plantilla (lo he visto con mis propios ojos). Es raro que un sistema que exige un proceso personalizado termine con centenares de resoluciones de plantilla.

Lamentablemente, las cosas seguro que cambiarán, tras el último escándalo de los empadronamientos, para los muchos casos como el que resumo con el nombre de Morehu, a quienes todavía pedirán más papeles y más requisitos, dándoles igual las peculiaridades de cada caso. El despilfarro de miles de euros, en decenas de casos ficticios, alimentado por un sistema automatizado, lo sufrirán (y ojalá me equivoque) las muchas Morehu a las que el sistema sigue sin ayudar en los términos que establecía, hace ahora 13 años, la pionera Ley de Servicios Sociales de Navarra: el derecho de las personas a los servicios sociales.

Suerte, Morehu.


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