Opinión / Escritor y periodista español, que ha desarrollado su carrera en prensa, radio, televisión e internet.

A vueltas con la libertad de expresión

Por Andrés Aberasturi 17 octubre, 2015 - 12:24

 Jamás un periodista debería siquiera cuestionar los límites a la libertad de expresión. 

 Y creo que yo aun pertenezco a este gremio aunque los años -y algunos disparates- han tergiversado -siempre en mi opinión- ese concepto tan amplio y de entrada tan sagrado en el que no puede caber todo y bajo cuyo enunciado se han llegado a situaciones que no sé si vulneran la Ley o es que se ha levantado la veda de todo y para todos. La cosa empezó mal cuando en el ámbito de la prensa del corazón un tribunal declaró de interés nacional el pecho de una señorita al parecer famosa, pillada de tal guisa.  Naturalmente lo que llama la atención no es que se publicara la foto, sino el razonamiento de la sentencia, el "interés nacional" de la anatomía de la famosa.

   Pero vamos a dejar al margen este mundo más frívolo para centrarnos en las barbaridades que ignoro si por epatar o porque una militancia extrema en sabe Dios qué, llevan a muchos a situaciones lamentables y ofensivas. Ya sé que los límites al derecho de la libertad de expresión vienen claramente especificados en la legislación, pero no es bueno que un país se pase el día en los tribunales.

   A medias entre lo que ocurre en el mundo más o menos del corazón (pero que pueden producir muy posibles y graves daños a terceros), tan sólo para que el espectáculo no decaiga, se dejan caer infidelidades posibles, insinuaciones graves, acusaciones bajo "fuentes" pintorescas y lo último: posible vulneración del derecho reconocido de los adoptados a ignorar quiénes son sus padres biológicos. Acabamos de asistir a la demanda que el torero Morante de la Puebla ha puesto a un antitaurino que interrumpió dos o tres faenas de un profesional que actuaba con todas las de ley y que, no contento, llamó al torero asesino en reiteradas ocasiones.

   No sé qué opinarán muchos colegas pero creo que los colegios de periodistas y las asociaciones de la prensa, deberían dejar al menos claro cuál es su posición ética frente a estos problemas.

   ¿Es libertad de expresión lo de quemar públicamente la foto del Jefe del Estado? ¿Lo es interrumpir y boicotear por la fuerza la conferencia de alguien en una universidad? ¿Quién protege entonces la libertad de expresión del conferenciante? ¿Es libertad de expresión presionar a la justicia con manifestaciones a las puertas de los juzgados?

    Y llegan las nuevas tecnologías y todo esto se desmadra hasta límites insospechados: amenazas de muerte, insultos, acusaciones sin prueba, rumores que se elevan a la categoría de noticias, nombres  y direcciones privadas de políticos o particulares...

   Viene esto a cuento de los disparates que se han dicho y  publicado con motivo del 12 de Octubre; me parecen de una bajeza moral inaudita, de una grosería ofensiva y de un desconocimiento de la Historia realmente  preocupante. Juzgar con los criterios del Siglo XXI hechos acaecidos hace 600 años es una trampa en la que sólo pueden caer o los indocumentados o los impostores. Y ni cito al personaje que decidió "cagarse" en casi todo por no darle publicidad.  Es una forma de hacerse notar, de ocupar gratis un lugar en los medios. Una forma triste, desde luego, pero es lo que hay. Y como siempre en este país, no pasará nada.


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