Opinión / Desde Baluarte

Una Pamplona “afarrucá”: Farruquito regresa a Baluarte

Por Ana Ramírez García-Mina 29 agosto, 2020 - 13:25

Crítica del concierto ofrecido el viernes 28 de agosto en el auditorio de Baluarte por Farruquito, dentro del ciclo de conciertos de Flamenco on Fire.

El bailaor Juan Manuel Fernández Montoya, Farruquito, durante su actuación este viernes en el Baluarte de Pamplona. EFE/Jesús Diges
El bailaor Juan Manuel Fernández Montoya, Farruquito, durante su actuación este viernes en el Baluarte de Pamplona. EFE/Jesús Diges

Siete ediciones de Flamenco on Fire han confirmado mi hipótesis: el flamenco cambia al público pamplonés. Lo deja irreconocible. No es que seamos fríos el resto del año, sino serios. He visto a muchos fracasar en cualquier intento de interacción con este patio de butacas norteño. A veces arrancan unas palmas tímidas, que duran poco, alguna que otra voz… Pero el público pamplonés, digamos, no regala su cariño porque sí. Y de ahí su mejor cualidad: lo agradecido y sincero de sus ovaciones.

Por eso, cada año el Flamenco on Fire cambia el registro de esta ciudad. Serán los aficionados al género que vienen de otros lugares (aunque son menos este año). Será que Pamplona es la cuna de Sabicas, leyenda de la guitarra. O será que el flamenco en sí mismo invita a la reunión entre público y artista. Y si se trata de uno como Juan Manuel Fernández Montoya, Farruquito, nadie queda impasible ante su carisma. El bailaor fue el segundo artista de esta edición que pasó por el escenario del Auditorio Baluarte.

“El flamenco es un arte tan humilde, que nadie puede decir ‘así se canta, así se baila, así se toca’”. Son palabras del propio Farruquito, recordadas por la periodista Sara Arguijo antes del espectáculo. Es la humildad que se respira en el ambiente, la naturalidad con la que los oyentes gritan sus elogios y su cariño al artista con el mínimo requiebro. Farruquito, desde luego, no fue menos. Ya pasó por el escenario del Flamenco on Fire en 2015 y la noche del viernes regresó con su espectáculo Íntimo.

Definirlo sin caer en lugares comunes es imposible, apuntaba Arguijo en su introducción. Con razón. Farruquito es el flamenco universal, que conquistó Broadway con cinco años e incluso entonces el tablao se le quedaba pequeño. El bailaor sevillano es el flamenco hecho carne y carácter. Sus brazos, sus palmas, su taconeo y su desplante legendario atrapan toda la música que lo rodea.

Comenzó con el escenario oscuro y un solo foco que lo iluminaba. Fue una seguiriya trágica, la vértebra del cante jondo. A la percusión, su primo Polito comenzó a construir el palo mientras los cantaores Pepe de Pura, El Bola y José Montoya le daban voz desde los extremos del tablao. Farruquito iba acercándose a cada uno de ellos, como si invocara su quejío con el baile, hasta que dio una demostración de taconeo y desplante digna de las voces que arrancó del público.

Al escenario se sumó la bailaora Marina Valiente e inició un diálogo con tres percusiones: la del cajón flamenco y las de dos pares de pies golpeando la madera como si fueran uno. La cantaora Mari Vizárraga salió de la penumbra para unirse a Farruquito, que la escuchaba paseándose con una mano en el pecho.

Todo, hasta que Remedios Amaya salió de bastidores y fue aclamada por el auditorio. La diva flamenca ha superado un cáncer y, en sus palabras, “ha vuelto a nacer”. El viernes por la noche interpeló al público como pocos y consiguió, casi sin proponérselo, que le hiciera los coros de su Turu Turai. La voz de Remedios Amaya empastó a la perfección con el baile de Farruquito, ya de blanco y paseando su chaqueta como un capote torero, porque ambos interpretaron en la misma frecuencia, la del flamenco hondo y en carne viva.

Al final del espectáculo, Farruquito reveló que el guitarrista Antonio Salazar (Ñoño) había tenido que acudir a Pamplona casi sin ensayos por un contratiempo. Después de hora y media acompañando con gusto a la cantaora –aquí lo más musical— y al bailaor –aquí lo más rítmico y rasgado—, cuesta creer que el guitarrista hubiera dudado con alguna nota en falso. Un trémolo regular, milimétrico, y una técnica apabullante escondieron cualquier inseguridad por la falta de ensayo hasta hacerla imperceptible.

Eso, y un elenco “de cuna” sin el cual la improvisación es imposible –como señaló el propio Farruquito—. Una vez más, la espontaneidad de la música no es cuestión de suerte, sino del trabajo y el talento. Sobre el escenario de Baluarte, estos dos ingredientes manaban a raudales. Así se demostró en el fin de fiesta por bulerías que cerró la noche.

Con los roles cambiados, Farruquito a la guitarra, y el percusionista Polito al baile. Por último, Remedios Amaya con un fragmento de su sentido Nota en el aire. El público en pie volvió a confirmar mi hipótesis: el flamenco cambia al público de Pamplona. Entregado al baile “afarrucao” y salvaje, irreconocible.

Concierto enmarcado en la séptima edición del Flamenco On Fire. Viernes, 28 de agosto de 2020, en el Auditorio Baluarte. Espectáculo 'Íntimo', de Juan Manuel Fernández Montoya, “Farruquito”. Balile: Farruquito y Marina Valiente. Guitarra: Antonio Santiago “Ñoño”. Cante y palmas: Pepe de Pura, José Montoya, Mari Vizárraga y “El Bola”. Artista invitada: Remedios Amaya.


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