Opinión / Desde Baluarte

A orillas del Mississippi

Por Ana Ramírez García-Mina 18 Mayo, 2018 - 9:46

Crítica del concierto de Gregory Porter celebrado el pasado miércoles en Pamplona enmarcado en la temporada de la Fundación Baluarte.

Concierto en Baluarte de Gregory Porter, Premio Grammy en 2014 y 2016 y actualmente uno de los artistas de jazz más reconocidos a nivel mundial. MIGUEL SANTIAGO
Concierto en Baluarte de Gregory Porter, Premio Grammy en 2014 y 2016 y actualmente uno de los artistas de jazz más reconocidos a nivel mundial. MIGUEL SANTIAGO

Nació a orillas del Mississippi, con los que vivieron del algodón sureño. O a pesar de él. Agachados, quizá. Encarnando, con el estómago vacío y el sol en la nuca, el racismo de Norteamérica en el final del siglo XIX. Para matar el aburrimiento o desahogarse con la voz, los esclavos inventaron la música de queja, preocupación y nostalgia por la libertad: el blues.

Bebió de la música africana y de los cantos espirituales. Es un canto que sigue la lógica responsorial y recuerda al rito religioso: pregunta y respuesta. Por eso aparecen las palmas en el público y se mueven los talones sin quererlo. El blues invita a recoger la preocupación del otro siguiendo su compás, como en las orillas del Mississippi.

Y como el caudal del río, cristalino y de curvas elegantes, fue el canto de Gregory Porter en el Auditorio Baluarte. El músico norteamericano no sólo cuenta con una voz densa, sino con un control absoluto de su modulación, fraseo y volumen. Su potencia es limpia y no necesita adornos ni piruetas. Su improvisación es sofisticada y amable, con un recuerdo al pop.

La mejor queja del blues se plasmó en el tema Liquid Spirit, nombre del álbum que le valió uno de sus dos premios Grammy en 2014. “One rythm, one people, one spirit”. Porter fue estático en el escenario, que no en su voz, moviendo lo justo las manos en el canto de protesta. En esta ocasión, para invitar al público a dar palmas, que terminaron disolviéndose en el aplauso.

La comunicación y la química de los músicos de jazz sobre el escenario sorprende a los acostumbrados al repertorio clásico. Las miradas entre batería y bajo, que sustentan la música con sus partes, fueron constantes. Emmanuel Harrold fue un percusionista versátil, adaptando sus ritmos a la evolución de la música. Para el blues arcaico, ligado al campo, un acompañamiento sencillo y preciso. Nada que ver con el solo virtuoso y frenético que cerró el concierto.

Take me to the alley es el nombre del otro álbum con el que Gregory Porter obtuvo el Grammy. Es un canto a los marginados. “Llévame a la pequeña calle, llévame con los solitarios que han perdido su camino”. Como predicando, Porter ofreció una voz honda y dulce, la misma que se escucharía en Mona Lisa con el acompañamiento de Chip Crawford al piano.

El concierto incluyó temas de su último disco: Nat “King” Cole & me. Gregory Porter contó al público que escuchó por primera vez a Cole cuando tenía seis años. Uno de los momentos más emotivos del homenaje llegó en Smile. La canción forma parte de la banda sonora de Tiempos modernos, de Chaplin, y se ha erigido como un estándar clásico del jazz. El acompañamiento del Crawford y la voz de Porter fueron de nuevo los protagonistas.

El pianista destacó también en sus varios solos. Utilizó un lenguaje de blues, clásico unas veces y menos melódico en otras, acercándose a un bebop peculiar que recordó al de Chick Corea. Jahman Nichols cambió el contrabajo por el bajo eléctrico en el tema Musical genocide. Con un solo de slap, casi funk, y unas líneas de acompañamiento brillantes, dialogó con el fraseo de Porter. Como sorpresas, aparecieron en el bajista el Come together de los Beatles o Smoke on the Water, de Deep Purple.

En el saxo tenor y en el órgano hammond, Tivon Pennicott y Ondrej Pivec, respectivamente. Sus melodías se intercambiaron y ambos se encargaron con sus solos de los momentos de más intensidad de la noche. El saxofonista, que tuvo un contratiempo con su instrumento, brilló en el comienzo del concierto con unos solos de desarrollo largo y melódico.

Para cerrar su recorrido por las aguas del blues, Gregory Porter culminó su homenaje a “King” Cole con la complicidad de un público ya entregado. El único ritmo latino del concierto, bolero de cabecera del “rey” del jazz vocal. A orillas del Caribe, Quizás, quizás, quizás.

FICHA

Miércoles, 16 de mayo de 2018, a las 20:00h en el Auditorio Baluarte.

Nat “King” Cole & me. Concierto enmarcado en la temporada de la Fundación Baluarte.

Gregory Porter (voz), Chip Crawford (piano), Jahmal Nichols (bajo), Emanuel Harold (batería), Tivon Pennicott (saxofón tenor) y Ondrej Pivec (órgano hammond).

Aforo casi completo.


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