Opinión / Desde Baluarte

Dos caras de Brahms

Por Ana Ramírez García-Mina 22 octubre, 2018 - 8:20

Crítica del concierto celebrado el jueves, 8 de noviembre, a las 20 horas en el Auditorio Baluarte. Concierto de temporada de la Orquesta Sinfónica de Navarra.

Concierto de la Orquesta Sinfónica de Navarra con los solistas Tianwa Yang, violín, y Gabriel Schwabe, violonchelo. PABLO LASAOSA
Concierto de la Orquesta Sinfónica de Navarra con los solistas Tianwa Yang, violín, y Gabriel Schwabe, violonchelo. PABLO LASAOSA

Johannes Brahms escribió su Concierto para violín, violonchelo y orquesta para ganarse el perdón del violinista Joseph Joachim. Los dos músicos se habían enemistado durante el divorcio de Joachim porque Brahms había ofrecido su apoyo a la exesposa de su amigo. Seis años después del incidente, el compositor creó su Doble concierto para reanudar la amistad.

En el momento de su estreno, el Doble concierto fue criticado por “tedioso y fastidioso”. Es cierto que la composición de Brahms no responde a la relación solista-orquesta habitual en el Romanticismo. También que su sonoridad y orquestación son similares a las de una música pensada para un conjunto pequeño de instrumentos. Por eso, el musicólogo inglés Malcolm Macdonald propone escuchar la obra como una ópera de dos protagonistas.

Esta lectura se corresponde con el Doble concierto de Tianwa Yang (violín) y Gabriel Schwabe (violonchelo) en el Auditorio Baluarte. Los dos solistas fueron complementarios en su carácter y sonido, aunque el de ella fue algo más apagado. Schwabe mostró un timbre redondo, poderoso y unos ataques sobrios. El fraseo del violonchelista fue sereno y más cerebral que el de Yang.

La interpretación de la violinista tuvo algo menos de aplomo, pero más dulzura y efectismo. Ambos, con una técnica infalible y pese a sus diferencias, empastaron en un Doble concierto con personalidad. En las melodías del primer movimiento, que recuerdan al Concierto para violín, o en los unísonos solemnes del segundo, los dos solistas regalaron la ópera sin palabras escrita por Brahms.

El acompañamiento de la Orquesta Sinfónica de Navarra fue respetuoso en volumen y carácter. Los tempi escogidos por Antoni Wit cuidaron la brillantez del Doble concierto, quizá demasiado ligero en el último movimiento. La Orquesta, a las órdenes del maestro polaco, escoltó con una distancia adecuada a los dos solistas. Como propina, ofrecieron el segundo movimiento de la Sonata para violín y violonchelo de Maurice Ravel. El resultado, una gran primera parte.

No fue tan brillante la Sinfonía nº 4 del mismo compositor que la Sinfónica de Navarra interpretó en la segunda parte del concierto. La última sinfonía de Brahms es una continuación de su tendencia a la forma y el desarrollo clásicos. Además, un homenaje a su admirado Beethoven y una recuperación de la tradición en las cantatas de Bach.

Los dos primeros movimientos, correctos y bien ejecutados por la Orquesta, anticipaban ya el problema que se haría más evidente en la recta final de la sinfonía. En los gestos de Wit se percibía una voluntad de dinamismo que no fue del todo recogida por la Sinfónica, aunque los cambios de carácter y sus transiciones fueron acertados.

El tercer movimiento, Allegro giosoco, sonó algo deslavazado y sin cohesión. Los músicos no lograron la coordinación necesaria para transmitir la fuerza del scherzo. Las trompas y los clarinetes resultaron dubitativos y destemplados. Los problemas se arrastraron hasta el último movimiento, donde la Sinfónica de Navarra logró resarcirse con un inspirado solo de flauta y unas variaciones más equilibradas.

FICHA

Jueves, 8 de noviembre, a las 20 h en el Auditorio Baluarte. Concierto de temporada de la Orquesta Sinfónica de Navarra.

Director: Antoni Wit

Tianwa Yang (violín) – Gabriel Schwabe (violonchelo)

Programa:

Obras de Johannes Brahms (1833-1897)

Doble concierto para violín, violonchelo y orquesta en La menor, Op. 102

Sinfonía núm. 4 en Mi menor, Op. 98


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