Opinión / Desde Baluarte

Baluarte se entrega a Javier Camarena

Por Ana Ramírez García-Mina 21 diciembre, 2018 - 9:12

Crítica del concierto de Javier Camarena (tenor) con la Orquesta Sinfónica de Navarra, enmarcado en la temporada de Baluarte.

Concierto de Javier Camarena (tenor) con la Orquesta Sinfónica de Navarra, enmarcado en la temporada de Baluarte. FOTOS: IÑAKI ZALDÚA - BALUARTE
Concierto de Javier Camarena (tenor) con la Orquesta Sinfónica de Navarra, enmarcado en la temporada de Baluarte. FOTOS: IÑAKI ZALDÚA - BALUARTE

Desde hace años, los bises están prohibidos en el Metropolitan Opera House de Nueva York. En el comienzo del siglo XX, los programas lo indicaban para evitar la confusión: “Positively no encores allowed”. Por eso, cuando el director del Met permite el bis de un cantante, el momento se inscribe directamente en la historia de la cuna internacional de la ópera. En los últimos setenta años, han sido tres los tenores que han conseguido bisar en el escenario del Met: Luciano Pavarotti, Juan Diego Flórez y Javier Camarena, que puso en pie al público del Auditorio Baluarte el pasado viernes.

La crítica ha alabado a Camarena por sus interpretaciones de Bellini, Bizet, Donizetti, Haydn, Mozart, Rossini o Verdi. Su voz de tenor lírico ligero ha acogido a los personajes más famosos de la ópera, y también a los más temidos. Su concierto en Pamplona recogió algunas de las arias más populares de Rossini, Donizetti o Verdi.

Pero Camarena comenzó con tres obras del sevillano Manuel García, al que ha dedicado su último disco: Contrabandista. García nació al final del siglo XVIII y se convirtió en el cantante más emblemático de nuestra música, tenor, compositor y empresario. Para Camarena, su figura está “desgraciadamente, bastante olvidada”.

La Orquesta Sinfónica de Navarra abrió el concierto interpretando la obertura de Don Chisciotte, una de las obras de García. Con una influencia clásica evidente, quizá de Mozart o de un Beethoven joven, la pieza comenzó con un unísono potente en la cuerda. Esta sección mantendría su fuerza durante todo el concierto, con un sonido vivo y alternado con unos logrados solos en el viento madera.

La primera intervención de Camarena fue la de El poeta calculista, en un aria también compuesta por Manuel García. El papel no destacó por su virtuosismo técnico, pero sí evidenció el talento del tenor mexicano como actor. Expresivo, el poeta imita a varios personajes en su aria: un tartamudo, un marqués, una “señora llorosa”, un loco… Todos ellos encarnados por Camarena con humor y complicidad en las butacas. La Sinfónica de Navarra recogió con acierto los elementos sonoros del poema (el río caudaloso, los pájaros) en su acompañamiento.

La última pieza del compositor sevillano, un aria de La morte du Tasse, comenzó con un solo de arpa clásico, delicadísimo, que arropó al tenor en los primeros compases con el pizzicato de la cuerda. En el podio se encontraba el director también mexicano Iván López Reynoso, que conectó a la perfección con el tempo, el volumen y los recursos expresivos de Camarena. Quizá estuvieron algo menos logrados los pasajes de unísono del tenor con el viento metal.

Después, la popular obertura de La gazza ladra de Rossini (marcial, precisa y ágil en la cuerda) y el aria ‘Si, ritrovarla io giuro!’, de La Cenerentola del mismo autor italiano. Fue la primera aproximación del concierto a la ópera italiana más exigente con los cantantes. Camarena no sólo conjugó el volumen con la calidez, la técnica con la expresividad, el control de los matices con la agilidad en su voz. Además, demostró una presencia en el escenario que arrancaba los aplausos del público incluso antes de que la orquesta diera el último acorde.

Y así ocurrió en el aria ‘Ah, mes amis’, de La fille du régimen de Donizetti. Conocida también como el aria de los nueve Do de pecho. Aunque mitificada (existen pasajes más complicados en la misma ópera e incluso notas más agudas), cuenta con pasajes en los que el tenor debe medir su capacidad vocal. Camarena pasó con sobresaliente y una gran ovación del público.

En la segunda parte, la Orquesta Sinfónica de Navarra ofreció la conocida obertura de La forza del destino (Giuseppe Verdi) para dar paso a La Traviata (‘Lunge da lei per me son’). Dos obras con finales efectistas que provocaron los aplausos más largos de la noche antes de comenzar con el bloque dedicado a la zarzuela. Javier Camarena dedicó unas palabras al tenor Julián Gayarre y consideró “un privilegio” cantar en su tierra. “Ya sé que como el de casa ninguno, pero uno hace lo que puede”.

El romántico ‘Paxarín, tú que vuelas’ (Pablo Luna) y el castizo ‘Te quiero, morena’ (José Serrano) cerraron el programa oficial del concierto. Pero Camarena fue generoso en sus propinas. Primero, dedicada a la recientemente fallecida Montserrat Caballé, ‘Alma mía’, de la mexicana María Grever, acompañado por la Sinfónica de Navarra. Inmediatamente después, López Reynoso dejó la batuta para sentarse al piano En el bolero Amor de mis amores (Agustín Lara).

El Auditorio Baluarte, prácticamente lleno en patio de butacas y palco, terminó el concierto aplaudiendo en pie las dos últimas propinas: Granada (también del mexicano Agustín Lara) y un original Noche de paz.

FICHA

Viernes, 14 de diciembre, a las 20 h en el Auditorio Baluarte. Concierto de Javier Camarena (tenor) con la Orquesta Sinfónica de Navarra, enmarcada en la temporada de Baluarte.

Director: Iván López Reynoso.

Programa:

Obras de Manuel García (1775-1835)

Don Chisciotte. Obertura

El poeta calculista. ‘Formaré mi plan…’

La morte du Tasse. ‘Mais que voi je?’

Obras de Gioachino Rossini (1792-1868)

La gazza ladra. Obertura

La Cenerentola. ‘Si, ritrovarla io giuro!’

La fille du régiment. ‘Ah! Mes amis’, de Gaetano Donizetti (1797-1848)

Obras de Giuseppe Verdi (1813-1901)

La forza del destino. Obertura.

La Traviata. ‘Lunge da lei per me non v’ha diletto…’

La revoltosa. Preludio, de Ruperto Chapí (1851-1909)

La pícara molinera. ‘Paxarín, tú que vuelas…’, de Pablo Luna (1879-1942)

Los Gavilanes. ‘Flor roja’, de Jacinto Guerrero (1895-1951)

El trust de los tenorios. ‘Te quiero morena’, de José Serrano (1873-1941)

Entrada: Más de tres cuartas partes del aforo, en patio y palco.


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