Opinión / Desde Baluarte

¿A qué suena una orquesta joven?

Por Ana Ramírez García-Mina 29 enero, 2019 - 19:48

Crítica de la Gala lírica benéfica de la Fundación Columbus con la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Navarra.

Gala lírica. Orquesta Sinfónica Universidad de Navarra y la mezzosoprano María José Montiel. MANUEL CASTELLS
Gala lírica. Orquesta Sinfónica Universidad de Navarra y la mezzosoprano María José Montiel. MANUEL CASTELLS

Hace unos años tuve la suerte de participar en una orquesta sinfónica para jóvenes. Éramos casi 100 estudiantes de varios puntos de España, nunca habíamos tocado juntos y el más veterano rondaba los 20 años. Nos enfrentamos a una gran sinfonía romántica y la hicimos sonar como pudimos. Todo se lo debimos a nuestro director; un tipo serio y un gran músico.

En uno de nuestros últimos ensayos, se sentó en el podio y nos contó por qué le encantaba trabajar con jóvenes. Imagino que varias jornadas de ocho horas con un centenar de adolescentes, cada uno con su instrumento en la mano, le obligaron a pensar en lo mejor de todo aquello.

Nos dijo que el sonido de las orquestas juveniles tiene una fuerza inexplicable pero evidente. Reconozco que éramos difíciles de manejar con la batuta: nos adelantábamos, casi siempre nos pasábamos de volumen (excepto si el pasaje era difícil; entonces, el sonido era inaudible), pisábamos las melodías de otras secciones… Pero poseíamos algo muy vivo y difícil de enjaular con la palabra.

Por eso empiezo a escribir sobre el concierto de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Navarra (conformada en su mayoría por estudiantes, músicos amateurs) con esta anécdota. El Museo de la Universidad acogió este viernes una gala lírica benéfica de la Fundación Columbus que, entre otras labores, desarrolla y financia terapia génica para enfermedades infantiles o ultra-raras.

El programa comenzó con el famosísimo Intermezzo sinfónico de Cavalleria Rusticana, la ópera de Pietro Mascagni. Dirigido por Borja Quintas, fue ligero e intimista, con menos sonido de viento y arpa de lo habitual, pero muy logrado. Después, la mayoría del repertorio perteneció a la otra cara de la ópera romántica, la de las arias grandiosas: Puccini, Donizetti o Bizet.

La única intervención del tenor Eduardo Sandoval fue el ‘E lucevan le stelle’, de Tosca (Puccini). En la presentación del concierto se pidió al público que disculpara el fuerte catarro del cantante, que aun así salió al escenario y ofreció un gran timbre de tenor, algo quebrado por la enfermedad, pero admirable. El aria fue incompleta en notas, pero no en su interpretación ni en su carga dramática.

El tenor dio paso a la mezzosoprano María José Montiel, con la bucólica ‘Connais-tu le pays’, de la ópera Mignon. Montiel demostró en todas sus intervenciones un control absoluto de su voz, vibrato y afinación.

No fue un programa de virtuosismo ni agilidad, pero sí atractivo. Todos han tarareado alguna vez la melodía de La Habanera, de Carmen, e incluso el ‘Oh, mio Fernando’ de Donizetti. Arias de ópera que siguen siendo ‘taquillazos’ cientos de años después de su estreno. Quizá la cualidad más destacada de Montiel en este repertorio fue su timbre de terciopelo y, sobre todo, la regulación del volumen.

En ‘Mon coeur s’ouvre à ta voix’, la cantante mostró una gran sensibilidad y los pasajes más delicados, casi susurrados, mantuvieron en vilo al auditorio. Más allá de la música, Montiel conectó con el público como actriz. Los hizo cantar e incluso bailar en la propina, bolero con aire de pasodoble, ‘El día que me quieras’.

El acompañamiento de la Orquesta Universidad de Navarra fue correcto, con mención especial a la sección de viento madera. Oboe, clarinetes, flauta travesera y flautín resolvieron sus intervenciones, algunas de ellas fundamentales, con acierto.

Más se lucieron los músicos en la obertura castiza y célebre de Carmen, o acompañando al primer chelista, Ángel Luis Quintana, en su Méditation (Thäis, de Jules Massenet). Quintana ofreció un sonido limpio y profundo, equilibrado con la orquesta, y un fraseo sobrio.

Durante el concierto parecía evidente que la batuta de Borja Quintas conectaba con todos los componentes de la orquesta y los ayudaba a arropar la voz cantante. El sonido de la Orquesta Universidad de Navarra responde a esa fuerza inexplicable de las formaciones jóvenes, la mayoría amateurs. Es fácil ignorar un par de notas en falso cuando se escuchan así, como algo muy vivo y difícil de enjaular con la palabra.   

FICHA

Viernes, 25 de enero, a las 19:30 h. en el Teatro del Museo Universidad de Navarra.

Gala lírica benéfica de la Fundación Columbus. Orquesta Sinfónica de la Universidad de Navarra.

Director: Borja Quintas.

Solistas: Eduardo Sandoval (tenor), María José Montiel (mezzosoprano) y Ángel Luis Quintana (violonchelo)

PROGRAMA

Intermezzo, Cavalleria Rusticana, de Pietro Mascagni (1863-1945)

Méditation, Thäis, de Jules Massenet (1842-1912)

Obertura, Carmen, de Georges Bizet (1838-1875)

Arias para tenor y mezzosoprano de óperas de Puccini, Mignon, Donizetti, Saint-Säens y Bizet.

Aforo: completo en patio de butacas.


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