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Opinión / Amaya Villanueva es gerente de Ensanche Área Comercial de Pamplona.

Dificultar la accesibilidad, desertizar el centro

Por Amaya Villanueva 21 noviembre, 2016 - 11:59

En muchas ciudades del mundo existe un debate largo y tendido acerca de la necesidad de respetar el medio ambiente, creando espacios más amigables para el ciudadano y dando prioridad al peatón, a la bicicleta y al transporte público.

Parada de villavesas del Paseo Sarasate de Pamplona (3). IÑIGO ALZUGARAY
Parada de villavesas del Paseo Sarasate de Pamplona (3). IÑIGO ALZUGARAY

Está claro que hacer turismo y convivir diariamente entre calles peatonales, lejos de cruces, humos, semáforos, ruidos o contaminación, resulta mucho más placentero.

En ello estamos todos de acuerdo: equipos municipales, comerciantes, vecinos, empresas de distribución, transporte público y cualquier agente que tenga un papel importante en el desarrollo de las ciudades.

Pero este tipo de intervenciones que afectan a la movilidad, accesibilidad, zonas de aparcamientos y gestión del tráfico, no se deberían acometer sin contar con las aportaciones de quienes conviven en dichos entornos urbanos, de las asociaciones vecinales y empresariales, en definitiva sin pedir opinión a quienes viven o forman parte del tejido económico, social y cultural de la ciudad.

A todos nos agradan las zonas amables de paseo, pero la realidad es que son muchos los ciudadanos que solamente utilizan el vehículo privado para sus desplazamientos y no podemos permitir que consecuencia de estas medidas, resulte que conseguimos el efecto contrario y estamos redireccionando el tráfico a las rondas, por las que “causalmente” se llega antes a los centros comerciales de periferia.

El comercio urbano está en una situación crítica.

En marzo informábamos en el Parlamento que en Navarra ha habido un descenso del 24% de comercios en el último decenio, bajando de 7.562 establecimientos censados en 2006 frente a los 5.555 que subsisten en 2.016.

Y es que el centro de Pamplona (Casco Antiguo y Ensanches) alberga el 50% de la actividad comercial de Pamplona, por lo que somos las zonas comerciales que más hemos acusado este descenso de actividades empresariales y hoy en día seguimos siendo testigos de negocios de todo tipo que tienen que cerrar sus puertas o mantenerlas abiertas sobreviviendo -en muchos casos con pérdidas acumuladas- en espera de la anhelada recuperación económica.

Por todas estas razones, queremos alertar al equipo municipal de que este tipo de intervenciones que afectan a la accesibilidad y movilidad urbana, pueden llegar a tener consecuencias muy negativas para la actividad empresarial de Casco Antiguo y Ensanche.

No tiene ninguna lógica que estemos hablando de Smart Cities (ciudades inteligentes) sin tener en cuenta las necesidades de sus actores protagonistas (vecinos verticales y vecinos horizontales).

Y es que la tecnología es una herramienta y no un fin: nuestra ciudad no será inteligente por muchos sensores que pongamos si seguimos teniendo locales vacíos, calles desertizadas, atascos de tráfico, transporte público ineficiente, dificultades para acceder al centro neurálgico de la ciudad, edificios ineficientes o un ayuntamiento que no escucha al tejido social y económico de su ciudad.

En noviembre de 2.015 se nos convocó a vecinos, comerciantes y hosteleros del Ensanche para presentarnos un plan de movilidad del centro urbano, que afectaba en mayor medida al Casco Antiguo, pero también tenía afecciones de gran calado en la zona del primer Ensanche (y de rebote en el segundo).

En noviembre de 2.016, un año después, nos han presentado un plan de tráfico y movilidad urbana que comenzará a implantarse en diciembre y en el que no hemos intervenido ni vecinos ni empresarios de la zona (tras haberlo solicitado en la Mesa de Comercio del mes de mayo).

No es que no nos hayan preguntado, tampoco nos han informado.

No resulta lógico que el Consistorio quiera imponer unos cambios tan drásticos en la accesibilidad al centro de la ciudad, sin tener previamente un estudio riguroso del impacto económico y urbanístico que tendrá la implantación de estas medidas.

Pretenden reducir más de 100 plazas de aparcamiento en superficie (Paseo Sarasate, Bosquecillo etc.) y suprimir la zona azul del primer Ensanche (desde Conde Oliveto hasta el Paseo Sarasate y desde San Ignacio hasta Navas de Tolosa) dificultando la accesibilidad al centro del vehículo privado, medidas que tendrán irremediablemente consecuencias negativas para el tejido económico del centro de la ciudad.

En nuestra opinión, este tipo de intervenciones planteadas tenían que haber venido aparejadas de algunas medidas compensatorias, como por ejemplo una propuesta de aparcamientos disuasorios dotados de un transporte público “lanzadera”, carriles bici en condiciones, convenios de bonificación del precio en los parking privados, planes de mejora de algunas líneas de transporte público o cualquier otro tipo de actuación que neutralizara las restricciones de acceso del vehículo privado al centro de la ciudad.

El concepto de ciudad inteligente surge de la integración de varios parámetros: innovación social, energía, medio ambiente, infraestructuras, habitabilidad, movilidad urbana, gobierno, economía y negocios.

Todos ellos deben estar alineados y contemplados por los planes de cada ciudad.

A ver si resulta que por mejorar la movilidad, nos cargamos la economía.

Todavía estamos a tiempo.


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