Opinión / Amaya Villanueva es gerente de Ensanche Área Comercial de Pamplona.

D.E.P. Cines SAIDE Carlos III

Por Amaya Villanueva 15 marzo, 2016 - 23:15

Comenzábamos semana en la oficina y al gris del cielo se unió la dolorosa conversación telefónica con Saide:

“Tenemos que daros una mala noticia, el 3 de marzo cerramos los cines”.

Por mucho que sepas que son realidades que puede ocurrir en cualquier momento, son noticias que te paralizan, que te parten el alma.

Y es que el cierre de estos cines se lleva una parte de Pamplona, un trocito de nuestra historia.

En los años 70 teníamos ocho cines para elegir (sin contar con otros barrios).

Alcázar cerró sus puertas en 1978, Arrieta (1.981), Avenida (1.85), Rex y Mikael (1987), Príncipe de Viana (2005), Olite (2014) y Carlos III (2016).

Resultado: en 38 años nos hemos quedado sin cines en el centro de la ciudad.

Todos y cada uno de los pamploneses hemos visto alguna peli en sus salas. Fotogramas de acción, suspense, ciencia ficción, comedias románticas, esos dibujos animados con bandas sonoras y guiones con mensaje…mucha magia que recordaremos con cariño.

Los primeros estragos de la digitalización provocaron cierres dramáticos, como la mítica tienda de discos “Chaston”.

Siguieron desapareciendo comercios de toda la vida como “Calzados Errea”, la entrañable librería “El Parnasillo”, la ferretería más vintage de la ciudad “Guibert” y ahora también le llega el turno a nuestros queridos cines.

Han sido lugares que formaban parte del paisaje urbano de Pamplona y que con su desaparición, se llevan una parte de nuestra vida, de nuestro recuerdo.

Nos gustaba tener cines en el corazón de la ciudad, a medio camino entre el Casco Viejo y el Ensanche, una propuesta de ocio complementaria a salir de compras, tomarte una rica merienda, calentarte las manos con unas castañas que Joseba preparaba con cariño en la esquina de San Ignacio o picotear unos pinchos regados con vino navarro a la salida del cine.

En la asociación hemos procurado mimar estos cines, siempre conscientes del importantísimo papel que jugaban en la zona comercial.

Hemos regalado cientos de entradas en algunas campañas, impulsamos desde 2009 el cine matinal en Navidad a 1€…pero nuestra capacidad es limitada y el apoyo no ha sido suficiente. Lo sentimos mucho

El cierre de los cines Carlos III ha conmovido a todos los navarros.

La actividad en redes sociales ha sido frenética. Un lamento unánime en los comentarios de las ediciones digitales de los medios online y tristeza compartida en los muros de facebook porque no deja de ser un lugar mítico que todos hemos sentido como nuestro.

Pero no vale lamentar la muerte de una planta cuando no nos hemos acordado de regarla…a algunos pamploneses les diría que hay que ser consecuentes.

No es coherente apenarse con el cierre de cines o comercios, cuando yo me paso el día descargando pelis gratuitas o comprando en Privalia, Buyvip o Amazon.

Cada uno es libre de gastar donde quiera, está en su derecho. ¡Faltaría más!

Pero POR FAVOR, que luego no se quejen de que Pamplona está cada día más gris porque todos tenemos que poner nuestro granito de arena para que la ciudad brille.

Si los pamploneses no “regamos” nuestra ciudad, no vendrán a hacerlo los gaditanos.

Queremos ciudades dinámicas, centros atractivos, oferta comercial moderna, calidad de vida, buenos precios, empleo estable y vitalidad urbana, pero donde no hay demanda, empieza a escasear la oferta.

El comercio debe adaptarse a los nuevos tiempos y convivir con la digitalización (adaptarse a un 30% de nativos digitales que en unos años se duplicará) y la globalización que ha impulsado el desarrollo de multinacionales que compiten por ubicaciones estratégicas en los ejes comerciales prime de las ciudades.

Las ciudades donut americanas vaciaron sus centros en una frenética y traumática carrera por la ciudad difusa frente a la ciudad compacta y ahora están teniendo que invertir millones de dólares para recuperar el latido de los centros de sus ciudades, que los centros comerciales de periferia dejó agonizando.

Hace unos días leíamos atónitos que el nuevo Gobierno de Navarra se mostraba satisfecho de que IKEA quisiera instalarse en el extrarradio de Pamplona.

Veremos qué inversiones requieren sus pretensiones de accesibilidad y qué consecuencias arroja su implantación en el tejido comercial de la ciudad.

Lo que realmente necesita Navarra es un modelo de ordenación comercial que regule el actual desequilibrio existente entre formatos comerciales.

Me gustaría terminar este escrito dando las gracias a quienes eligen pasear por nuestras calles, disfrutar y vivir la ciudad y además eligen mirar a los ojos del comerciante de su barrio porque tienen la conciencia tranquila de que con pequeños gestos, contribuyen a que su vecino de planta baja, pueda seguir levantando la persiana de su sustento cada día.

Ya lo decía Eduardo Galdeano y a nosotros nos queda la esperanza…”Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo”. 


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