Opinión / Toros

El “como decíamos ayer” taurino: la temporada 2019 ya está aquí

Por Álvaro Alonso 18 Marzo, 2019 - 9:52

El invierno va llegando a su fin y con la llegada de la primavera el mundo del toro comienza a engrasar la maquinaria para afrontar una nueva temporada que puede resultar clave para su futuro.

El torero navarro Javier Marín, durante la corrida de toros en las fiestas de San Raimundo de Fitero. PABLO LASAOSA
El torero navarro Javier Marín, durante la corrida de toros en las fiestas de San Raimundo de Fitero. PABLO LASAOSA

En un año de elecciones, como es el 2019, el voto taurino se ha convertido en la perita dulce que distintas formaciones políticas pelean por capitalizar, al mismo tiempo que otros partidos se reafirman en su rechazo a lo taurino, provocando ambos bandos un innecesario debate con el que tapar sus carencias políticas y distraer al personal, para que así no se les moleste. No terminan de entender, que la tauromaquia es la fiesta del pueblo y que el afán por politizarla acabará provocándoles más de una cornada…

Por otro lado, la cuestión económica continúa latente en el mundillo. Poco a poco, el público ha vuelto a las plazas, síntoma de una perceptible (aunque insuficiente) recuperación económica, lo cual ha supuesto un balón de oxígeno para la mayoría de los empresarios junto a la bajada del IVA de las entradas, cuya aplicación práctica los aficionados no han llegado a conocer a día de hoy. En este ámbito, la tauromaquia necesita una profunda reforma que, curiosamente, nadie se atreve a llevar a cabo. Además, durante los últimos meses, los honorarios de algunas figuras del toreo y los elevados costes de organización en novilladas picadas han estado en boca de los aficionados.

Aún así, no todo deben ser críticas y lamentos. La afición está de enhorabuena, pues la temporada se muestra atractiva gracias a la vuelta a los ruedos de Paco Ureña, tras perder la visión de un ojo en la pasada feria de Albacete, o la posibilidad de ver a la figura del momento, Andrés Roca Rey, matando una de Adolfo Martín en Madrid (lo nunca visto desde que el peruano tomase la alternativa).

En Navarra, tierra de toros por excelencia, los taurinos logramos salir de nuestro anodino letargo y en este mes de marzo se nos pone el cuerpo jotero. Por fin, tras un mono taurino de casi cinco meses, el toro vuelve a la calle y a la plaza. Como complemento al inicio de la actividad taurina reglamentaria, la pasada semana se celebraban en Pamplona los premios Ciudadela, en reconocimiento a los triunfadores de la pasada Feria del Toro de Pamplona.

Durante estos galardones, fueron reconocidos Pepín Liria, Andrés Roca Rey y el novillero Francisco de Manuel. “Todo el esfuerzo ha merecido la pena, espero que la gente no olvide mi paso por Pamplona”, decía el murciano al tiempo que remarcaba que a pesar de no estar en activo no había dejado de sentir los valores del toreo. “Por desgracia, valores como el respeto están cada vez más ausentes en nuestra sociedad”.

Y para rematar el tiempo de charlas y coloquios, el Club Taurino de Pamplona celebra sus “jueves taurinos” durante marzo, con la participación de matadores navarros y distintos ganaderos, colgando el “no hay billetes” en las dos últimas semanas.

Como viene siendo habitual, la localidad ribera de Fitero acogía el pasado sábado 16 en su coqueta y centenaria plaza el primer festejo mayor del territorio navarro con un cartel mixto, compuesto por el rejoneador Mario Pérez Langa, el Cid y Javier Marín ante dos astados de El Madroñal y cuatro de Hermanos Cambronell. El balance principal del festejo nos da dos buenas noticias. La primera, la gran entrada (rozando el lleno), lo que demuestra que la tauromaquia sigue gozando de buena salud y la segunda, la palpable evolución del cirbonero Javier Marín, tanto con la muleta como con la espada, lo que incluso llevó a los felices presentes en la corrida a juguetear con la posibilidad de ver acartelado al navarro en la feria de Pamplona el próximo julio.

Como nota negativa de la tarde, el deplorable comportamiento del ganado, que además de manso, resultó flojo y bajo o casi nulo de fuerza, casta y bravura, llegando a tumbarse varios toros en el ruedo denotando debilidad. Habrá quien diga que fue una buena corrida a la vista de los trofeos cortados, seis en total, pero ante tal fenómeno de toros nobles, pero con el adjetivo de bravos solo presente en el cartel de los festejos, los profesionales deberían replantearse la situación actual y poner cartas en el asunto.

Y así, entre críticas y alabanzas, comienza una nueva temporada en la que los aficionados navarros comenzamos ya a rumorear sobre la próxima Feria del Toro, (¿volverá Ponce a Pamplona?), deseemos acudir a las numerosos encierros y sueltas de vaquillas de nuestra comunidad e incluso nos permitimos el inalcanzable lujo de soñar con una mini feria allá por septiembre que coincida con San Fermín de Aldapa o cualquier novedad ganadera o torera en nuestra tierra.

¡Que el 2019 nos traiga una gran temporada taurina!


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