Opinión / Toros

La Feria del Toro de 2019 de un aficionado pamplonés

Por Álvaro Alonso 12 Junio, 2019 - 9:53

El autor repasa en este artículo los carteles de los próximos Sanfermines en un recorrido por todos los festejos de la feria taurina.

Paseillo en la plaza de Pamplona en una de las corridas de la Feria del Toro.
Paseillo en la plaza de Pamplona en una de las corridas de la Feria del Toro.

5 de julio, mediodía. Durante la comida no hay sanferminero de pro que no realice un nervioso repaso de todo lo que tiene que hacer antes del comienzo las fiestas. Ropa blanca, impoluta y preparada, los pañuelos y la faja, el almuerzo con los amigos ya reservado... ¡Ostras, las entradas de la novillada! ¿Voy o no voy? Tras mucho dudar, lo que nos gusta eso, decide acudir al primer festejo de la feria sin saber muy bien quién participa en él. Camino a la plaza, nuestro amante de las fiestas sanfermineras puede palpar de forma cada vez más intensa esa ilusionante sensación de nervios: gente por todos lados, recados de última hora... Por fin se planta ante la casi centenaria Monumental de Pamplona y, ávido de información taurina, se hace con un folleto con todos los datos sobre el festejo.

Francisco de Manuel - ¿ese que pone banderillas y pegó la estocada de la pasada feria? - pregunta curioso el aficionado a sus simpáticas y entendidas vecinas de tendido. Estas le responden alegres por el reencuentro que sí, que ese es. Además, le hablan de Antonio Grande un chico de Salamanca con personalidad y estilo, diferente. Completa el cartel Diego San Román, que ha llamado la atención por los galones que le echó a su actuación en San Isidro. ¡Esperamos que los novillos de Pincha sean bravos!

Llega el día 6. Alegría, felicidad y diversión desbordan las recoletas calles de la vieja Iruña con música, cuadrillas... Tras ver el chupinazo con los amigos, nuestro protagonista vive ese momentazo en el que una marea de boinas rojas revienta el ambiente al son de las gaitas poniendo los pelos como escarpias a quienes han esperado este instante durante todo el año. Llega la tarde y a las 18:30, la hora taurina por excelencia en la capital del viejo reino, el protagonista de nuestra historia ocupa su escaño en el tendido para ver un cartel que se sabe de memoria: toros de El Capea para Pablo Hermoso de Mendoza, Leonardo Hernández y Roberto Armendáriz. Poco tiene que decir la afición pamplonesa ante unos rejoneadores que año tras año convierten la plaza en una olla a presión blanca y roja. Qué mejor complemento para la tarde en la que la ciudad celebra su tradicional Riau Riau.

Día 7, por la mañana. El protagonista se acerca a la cuesta de Santo Domingo para vivir de cerca ese momento, al filo de las 8 de la mañana, en el que quienes arriesgan su vida a cambio de unos segundos de adictiva adrenalina delante de los astados de Puerto de San Lorenzo, cantan como petición de protección del más célebre y, soprendentemente, efectivo capotico, el de San Fermín. Tras el encierro, ese sacralizado ritual que pone a Pamplona en el mapa durante una semana, nuestro protagonista acude a la procesión, en la cual y a pesar de no ser un ferviente practicante, se emociona ante el paso del patrón al son de jotas y el “Agur Jaunak” junto al pocico. Ya por la tarde, y tras cruzarse con ese alegre y colorido cortejo de mulillas, alguacilillos y La Pamplonesa en la Plaza del Castillo, entra al coso para ver a Emilio de Justo, la sensación de las dos últimas temporadas que no deja de cautivar a los aficionados allá donde despliega su clasicismo lidiador, el madrileño López Simón y Gines Marín, quienes ya saben qué es triunfar en Pamplona. Dentro de la plaza, nuestro amigo ríe con sus vecinas de tendido ante ese cruce indirecto de reproches entre la solanera y la sombra, tradición intrínsica a nuestra feria, que llega a su fin cuando toda la plaza comienza a cantar esa ranchera que tanto sabor da a las tardes de toros sanfermineras, “El Rey”.

A pesar de los desfases propios de las fiestas, el protagonista continúa acudiendo a la plaza tarde sí y tarde tan bien, que para algo paga su abono. El día 8 se infiltra en sol y allí disfruta de la corrida de Cebada Gago, en la que actúan Manuel Escribano, Rubén Pinar y Juan del Álamo. Ninguno de los tres quiere que la tarde pase sin poder dejar huella, por lo que cada uno intenta a su estilo poner de su parte al respetable. Mientras que Escribano reaparece tras su grave cornada en Madrid, Pinar quiere revalidar los anteriores triunfos logrados ante miuras y Juan del Álamo intenta remontar una temporada un tanto cuesta arriba.

El día 9 es el reservado al encaste Albaserrada y la plaza recuerda la terrible cornada sufrida por Javier Castaño y que atragantó a más de uno la merienda en la feria del año anterior ante los toros de José Escolar, que repiten este año. El salmantino intenta resarcirse de este episodio y nuestro aficionado ve cómo Fernando Robleño y Pepe Moral hacen todo lo posible para meter la cabeza en la temporada. Además, Robleño viene de dejar gratas sensaciones en Madrid y tierras galas, que hacen que la afición le espere con interés. -No hay que olvidar que este torero es especialista en las corridas duras- explican al protagonista sus vecinas de tendido.

Un día más tarde aparecen las figuras por Pamplona. Nuestro aficionado decide acudir al apartado para observar de cerca los toros de “Jandilla”, ganadería que echó la corrida más brava de la pasada feria, en la desdepida de Juan José Padilla. Allí puede ponerse más al día de ese mundo tan apasionante como es el taurino y enterarse de que Roca Rey viene de abrir la puerta grande de Madrid, cuajar un Adolfo en esa misma plaza y cortar dos orejas en Sevilla, que le avalan para mantener su posición en el escalafón. Junto a él, Sebastián Castella figura francesa que no vuelve la cara a los Sanfermines y Diego Urdiales. La historia del riojano asombra a nuestro amigo, pues la suya es una carrera de ostracismo y triunfos muy desigualmente repartidos en la que el torero de la pureza y el clasicismo viene de reventar la Semana Grande bilbaína y la Feria de Otoño de Madrid, la del polémico bombo. ¿Un bombo? Se pregunta el protagonista. Sí -le responde otro asistente al castizo evento- como en el fútbol: combinaciones al azar de ganaderías y toreros.

El sanferminero se encuentra el día 11 con sus vecinas de tendido y comentan lo que puede acontecer en esa tarde mientras toman el vermú y los gigantes revolucionan la calle Estafeta junto con toda su corte de niños, padres y madres, kilikis, cabezudos... Entre gaitas y algarabía, se comenta con alegría la presencia de Pablo Aguado en Pamplona, tras abrir la Puerta del Príncipe de Sevilla y poner boca abajo Madrid con un concepto del toreo completamente distinto al predominante en la actualidad. Poco pueden comentar el protagonista y sus acompañantes de Julián López “El Juli” y Antonio Ferrera, dos figurones del toreo que ya han triunfado en nuestra plaza a lo largo los años, incluso sin cortar orejas. Cartelazo con los toros de Victoriano del Río, de Madrid.

Roca Rey vuelve en la tarde del 12 de julio para complacer a una afición que se entrega a él en cada una de sus apoteósicas actuaciones en Pamplona y nuestro aficionado acude a la plaza con ganas de disfrutar de los “cuvillos” y de los matadores que acompañan al cóndor peruano: Miguel Ángel Perera, que en San Isidro ha cortado dos protestadas orejas y Cayetano, espada de dinastía que desata pasiones en los tendidos de Pamplona, sobre todo en las peñas, y anima a la parroquia, que comienza a denotar cansancio tras casi una semana de fiesta desenfrenada en la que el protagonista ha puntuado en todos los actos celebrados: dianas, encierros y encierrillos, baile de la alpargata, salidas de la plaza con las peñas, conciertos por la noche...

La tauromaquia navarra se viste de gala el penúltimo día de las fiestas gracias al debut como matador de toros del cirbonero Javier Marín en la capital. Estaba anunciado en un principio Román, la sonrisa vestida de luces que ha defendido a lo largo de la temporada su cartel con éxito resultando gravísimamente corneado en Las Ventas. El extremeño José Garrido, cierra un cartel en el que los Marín, Garrido y un sustituto del valenciano se enfrentarán a otra debutante: La Palmosilla. Esta ganadería de Tarifa resulta desconocida para nuestro amigo, que no dudará en seguir con interés una tarde acompañada por una copiosa merienda, como debe ser.

El día 14, el protagonista se levanta con una morriña irremediable que se acrecenta ante la retirada de ese icónico vallado que simboliza el periodo festivo de Pamplona. Los temibles bureles de Miura, esa ganadería totémica y totalmente ligada a la Feria del Toro, completan el último encierro, que además precede a otro acto oficial, la Octava. En ella, la ciudad agradece al santo el discurrir de las fiestas y puede despedirse, tras la función religiosa, de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos. En el ocaso de la fiesta, La Pamplonesa intenta poner alegría al ritmo de “Pamplona, Feria del Toro”, pasodoble propio del abono sanferminero, mientras los aficionados acuden a la plaza con la esperanza de despedir las fiestas por todo lo alto: Octavio Chacón, experto en corridas duras, el murciano Rafaelillo y el valiente Juan Leal, gravemente corneado por un pedraza en San Isidro, frente a los toros de la A con asas.

Pero todo lo bueno debe llegar a su fin. Por ello, tras entonar las canciones que las peñas interpretan en el ruedo, nuestro apenado protagonista se ve obligado a despedirse de sus vecinas, quienes al igual que muchos aficionados despiden la feria con un: “el año que viene más y mejor”. Y así, tras  el Pobre de Mí, los pamploneses vuelven a su rutina diaria con el recuerdo de lo vivido y con vistas al próximo San Fermín y a la Feria del Toro 2020: ¡ya falta menos!


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La Feria del Toro de 2019 de un aficionado pamplonés