• martes, 11 de mayo de 2021
  • Actualizado 13:11

 

 
 

Opinión

Tranquilos, no voy a hablar de Ayuso. Es la Blancanieves de Disney, la original… aquí venimos a hablar de temas serios.

Suelo perder más tiempo en pensar cómo escribir, el tono, que el mensaje en sí mismo que suelo tenerlo claro. Quizás sería más fácil simplificar y arengar a gritos, decir solo lo que algunos quieren oír, pero eso sería como vivir siempre en campaña electoral, ¿no creen?
Anda Urkullu desbordado, como el vertedero del que no es capaz de sacar a un pobre muerto que lleva allí metido un año y medio. Desbordado y desquiciado. 
Si Salinger se pregunta en “El guardián entre el centeno” dónde van los patos de Central Park cuando el lago se helaba en invierno, a mí me pasa lo mismo viendo salir y entrar aviones en el aeropuerto de Irroña

Con motivo de los fondos europeos que van a llegar a España, el autor reflexiona sobre el nuevo perfil laboral y de talento que debe generar el país para aprovechar mejor toda esta gran inversión.

Mi editor siempre me dice que los títulos de impacto generan más lecturas, vamos a ver sí es verdad, a  ver si con esta entrada pasan y leen.

Normalizamos con mucha facilidad, con más facilidad lo malo que lo bueno, incluso. Hemos normalizado situaciones que ni en películas de terror hubiéramos creído hace tres años. Por normalizar hemos normalizado incluso la palabra normalizar como justificador de todo.

Arrasate mandó jugar a sus hombres, y éstos demostraron que saben hacerlo. Demostraron que a veces la mejor defensa es crear peligro arriba. Así sorprendieron a Unai Emery, que pensaba hacerse con los tres puntos sin perder la gomina.

¿Han visto la serie?, es curiosa porque es la continuación de Karate Kid treinta y cuatro años después. Mismos protagonistas, mismo escenario, pero con media vida entre ambas. Últimamente la inspiración es mejor buscarla en la ficción que en el más que previsible día a día.
¿Siguen ustedes con ganas de discutir, elucubrar o argumentar? Me reconozco ya vacío de ilusión, sentimental e intelectual como para continuar masticando las mismas noticias , manteniendo conversaciones gemelas a las de hace ya…!un año largo!... y/o escuchando, a otros o a mi mismo, las mismas diatribas, dimes y diretes.
Me dijiste que te cuesta encontrar la ilusión, y fue como si me explotase la cabeza. No puede ser que alguien como tú, que tantas veces la ha provocado, tenga ahora que estar buscándola, a veces esperamos la ilusión en reactivo, cuando es lo más proactivo del mundo.
Salgo a correr por zonas extrañas, precisamente para cruzarme con el menor número de personas posibles. Desde siempre, no es solo imputable a estos tiempos de enfermedad. Cuanto más alejado de la gente más a gusto me encuentro.
Hay semanas en las que cuesta decidirse sobre el tema para para hablar con ustedes. Algunas por falta de inspiración y otras, como ésta, porque hay demasiado donde elegir. Sin embargo, la sensación es que estamos hablando siempre de lo mismo, ¿no creen?
Llegan fechas importantes para los cristianos, estamos en plena Cuaresma y se acerca poco a poco la Semana Santa, tiempo de reflexión, recogimiento, dolor y esperanza. 
Por simple que parezca preguntarlo, siempre hay una oportunidad de mejora en preocuparse por los demás, en convertir la cortesía en interés y dar espacio a hablar de algo más que de lo estrictamente profesional o conveniente.
¿Por qué se siguen celebrando homenajes a terroristas cuando salen de las cárceles?, Por qué se siguen celebrando festejos como el “tiro al fatxa” y similares de enaltecimiento del terrorismo en cientos de pueblos del País Vasco y Navarra bajo la premisa de garantizar la libertad de expresión?
Esa necesidad de seguir grandes líderes puede que sea culpa del exceso de coaches que hay hoy en día, y de esa necesidad de separar en bloques nuestra vida, aislando unos ámbitos de otros, cuando la verdad es que a menos que tengan ustedes el don de la ubicuidad, la vida la vivimos en primera persona, y una única vez.
Últimamente anda la izquierda queriendo instaurar el pecado laico en la sociedad, para controlarla. No les basta con que la gente cumpla o no las normas sino que quiere que las normas estén revestidas de un halo moral, que vaya el castigo más allá de la multa cuando las incumples.
Sí, así estaba escrito, en ese navarrismo puro sin tilde en una pared frente a la salida de una discoteca de Pamplona. “Reite, cojones” era la pintada completa, seguro que alguien más de mi quinta se acuerda, quizás sea el momento de volver a pintarla.
Teorías locas hay las que quieras. A mí me da por pensar en una que afirma que vivimos en una simulación virtual, hecha por ordenador.
Tuve un compañero de trabajo, un gentleman inglés de los pies a la cabeza, que cuando solía cerrar nuestras conversaciones con un “boy, do the right thing”, y ese “chico, haz lo correcto” tan simple se llegó a convertir en un mantra. Bien sencillo de plantear, pero no tan fácil de cumplir.
Seguro que alguien les ha dicho alguna vez aquello de  “pero cómo voy a ser homófobo yo, si tengo amigos gays”, en un intento de justificar actitudes escondiéndolas detrás de una normalidad social que no comparten. Qué quieren que les diga, me repatea. 
Antes éramos libres, hasta para dejarlo todo. Hoy no hay forma de revertir esta situación. No hay manera de saltar estos muros que no son físicos y por lo tanto, infranqueables

El choque de trenes de dos equipos parecidos alumbró un partido físico, poco brillante, intenso, al ritmo del corazón y la necesidad, con tantas ganas como miedo. Al final, esta vez funcionaron los cambios y Osasuna sumó tres vidas.

A veces es necesario aislarse del ruido que nos rodea y mirar de forma objetiva cómo hemos llegado hasta donde estamos.
Ninguno de nosotros. Repetimos patrones una y otra vez, y con ellos los errores. Buscamos culpables en lugar de soluciones. Igual es el momento de analizar los porqués en lugar de los cómos y los quiénes.
Hay quien divide siempre a las personas en dos grupos, desde lo más sencillo a lo más complejo, y esto, que parece un juego muchas veces, esconde esa necesidad de enfrentar posturas y de formar parte de un equipo donde no sentirse solo. Después, además, necesitamos hacer que ese equipo gane.
Y así llegamos hasta aquí, sin saber ni dónde ni por qué ni cuándo ni nada sobre contagios y transmisiones, trampeando y moviendo el gobierno papeles frenéticamente, como pollos sin cabeza, como los malos estudiantes o los trabajadores mediocres,