Colaboradores

Violadores de la propiedad ajena deberíamos llamar a los okupas, que toman posesión de locales de los que no son propietarios sin permiso de sus dueños o usuarios legítimos, con violencia en la mayoría de los casos.

Desayunaba hace unos días como solo se desayuna en verano, de vacaciones, mirando al mar desde la terraza de un ático francés con la mesa llena de mermeladas y bollería de pâtisserie, con la brisa tibia barriéndome las legañas, cuando me volví a topar con su retrato leyendo el periódico, oscureciéndolo todo durante un par de segundos.

El autor reclama que se lleven a cabo políticas que traten de corregir los mayores problemas a los que hacen frente los jóvenes de hoy en día.

¿Qué tendrán que ver los aceites con los nacionalismos? ¿Qué el sabroso aceite de oliva español con el perverso nacionalismo anacrónico, retroalimentado con los superados y caducos conceptos de raza, lengua y cultura propios del romanticismo y sentido pesimista del siglo XIX?

En un Estado de Derecho como el español, no se puede, ni se debe, debatir sobre el Código Penal, ni cuestionar al Poder Judicial, como si se tratara de un musical de Broadway en el que bailamos al son que mejor nos suena.

Estaba el otro día con un amigo tomando unas cervezas de terraceo urbanita en capital europea, pongamos Madrid, por decir algo, tras un concierto en el Botánico de los gabachos Phoenix, -en junio vimos a Elvis Costello y su garganta rajada. Este año vamos de festivales pequeños- y la conversación se nos fue de las manos, para variar.