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Radiografía del socialismo

Por La voz de los lectores 06 enero, 2020 - 16:19

Articulo de opinión enviado por Manuel Sarobe Oyarzun.

La presidenta del Gobierno de Navarra, María Chivite, durante una rueda de prensa. IÑIGO ALZUGARAY
La presidenta del Gobierno de Navarra, María Chivite, durante una rueda de prensa. IÑIGO ALZUGARAY

El PSOE pasa por ser uno de los partidos garantes de la estabilidad del Estado. Esta percepción comenzó a cambiar con José Luis Rodríguez Zapatero, que resultó ser un zascandil, para acabar esfumándose con Pedro Sánchez, un osado que no duda en tensionar la arquitectura constitucional o en someter a estrés a cuantas instituciones haga falta, con tal de cumplir su efímero proyecto personal. Un contorsionista que lo mismo se confiesa insomne con los populistas que se encama con ellos; que tan pronto reniega de los nacionalistas como se pliega a sus cada vez más onerosas exigencias. El último en apuntalar a este enfermo del poder ha sido Arnaldo Otegi, el tipo que cuando le afearon los humillantes homenajes a etarras, espetó con su habitual chulería que quedaban 150.

En Navarra, el panorama no es más halagüeño con María Chivite, nuestra pequeña Sánchez. En julio, dijo que no iba a acordar nada con EH Bildu. En diciembre, compartía mesa con unos sonrientes Adolfo Araiz y Bakartxo Ruiz, con quienes pactó la minireforma fiscal. Una foto de familia que se repetirá el resto de la legislatura, empezando por los presupuestos en ciernes. Algo de lo que se encargará Ramón Alzórriz con toda diligencia.

Nos vicepreside Fernández, que debiera repartir su salario con Andoni Ortúzar, pues los asuntos que le competen los decide este último en la subsede que el Ejecutivo foral tiene en Sabin Etxea. No andaba tan desencaminada Uxue Barkos cuando propuso que la bandera de la Comunidad Autónoma Vasca luciera en nuestros edificios oficiales aún antes de preguntarnos si queremos integrarnos en ella, habida cuenta de que ya nos gobiernan desde Bilbao.

Al Congreso, enviamos a Santos Cerdán, arquetipo de la rampante mediocridad de la clase política. Toda su campaña consistió en llamar fascista al parlamentario navarro más brillante. Logró que el PSOE perdiera uno de sus dos diputados.

Luego está lo de Huarte. Pasó el calor, cayeron las hojas, se recrudece el frío... y seguimos sin concejal socialista. La alcaldesa que se dio a la fuga la ficharon en Guipúzcoa. Me pregunto dónde diablos estarán buscando sustituto. A este paso, los veo anunciando la vacante en Wallapop o en Milanuncios. Y es que no se puede defraudar por más tiempo a los 301 incautos huartearras que confiaron en los socialistas. Las instrucciones para el candidato son claras. Toca contemporizar con Bildu, procurando que no se note mucho. Entre tanto, Fabricio de Potestad, uno de los suplentes que se rajaron, sigue presidiendo el PSN. Con un par.

En Pamplona, la mismísima Maite Esporrín se ha batasunizado por exigencias del guion. Y, si todo lo anterior les parece poco, Kevin Lucero, el flamante nuevo líder de las juventudes socialistas, se declara abiertamente partidario de la Tercera República -que, de llegar, deseamos menos tormentosa que las dos primeras-. Afortunadamente, sus afiliados caben en un autobús.

El panorama es inquietante. A este PSOE irreconocible se suma el populismo, el ascenso de la ultraderecha, el despiste del centro-derecha, el envalentonamiento de los insaciables nacionalistas y la irrupción de partidos regionalistas a los que solo interesa que el tren llegue a su pueblo.

No es posible avanzar en un país que obvia sus acuciantes problemas porque cada mañana se levanta preguntándose si es un Estado, una nación, una nación de naciones o de nacionalidades, o una puñetera jaula de grillos.

Estamos abocados al goyesco duelo a garrotazos porque las desmedidas ambiciones personales de unos y los localismos obstinados en aventar diferencias de otros nos impiden construir en concordia y por encima de las respetables singularidades, un futuro común ilusionante. Un fracaso colectivo del que nadie saldrá victorioso. Una auténtica pena.

Articulo de opinión enviado por Manuel Sarobe Oyarzun.

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