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Blog / Cartas al director

Pedir perdón a México

Por La voz de los lectores 13 agosto, 2021 - 10:38

Escrito remitido por Ignacio Janín.

Hernán Cortés y Cuauhtémoc en ‘Prisión de Guatimocín, último emperador de México’, por Carlos Esquivel y Rivas, 1854. Colección Museo Nacional del Prado
Hernán Cortés y Cuauhtémoc en ‘Prisión de Guatimocín, último emperador de México’, por Carlos Esquivel y Rivas, 1854. Colección Museo Nacional del Prado

El día 13 de agosto de 1521, hace ahora quinientos años, Hernán Cortés culminó la conquista de México con el apresamiento de Cuauhtémoc y la rendición de la ciudad de Tenochtitlán. Con este motivo, he desenpolvado unas declaraciones que el insigne y admirado historiador Fernando García de Cortázar, entrevistado en un periódico de Pamplona el 4 de abril de 2019, efectuaba sobre la ocurrencia de Andrés Manuel López Obrador de exigir que España pidiese perdón por la conquista.

En ellas, dejándose enredar en alguna de las tonterías, que, con la mejor intención, se venían diciendo sobre el asunto, el Sr. Cortázar decía que “exigir perdón a un rey de la dinastía de los Borbones, cuando en aquella época reinaban los Austrias, es otro despropósito; por no hablar de que México lo conquistaron para los españoles muchos pueblos indígenas que estaban hartos de los aztecas”. Estas dos menciones (la del cambio de dinastía en el trono de España y la de los pueblos que ayudaron a Cortés en la conquista) constituían ya entonces, al tratar el tema, un lugar común, con que parecía que se buscaba exonerar, no se veía muy claro si a Cortés, a Carlos V o a Felipe VI, de vete a saber qué responsabilidades sobre tampoco se sabía muy bien qué. Otra razón esgrimida para el caso (ajena ésta al Sr. Cortázar) era la de que los aztecas eran muy malos, ofrecían sacrificios humanos a sus dioses y eran caníbales, todo lo cual habría justificado sobradamente la conquista.

Sobre estas cuestiones me gustaría poner ahora algunos puntos sobre las íes y empezaría por el más simple. Cuando se argumenta que en el siglo XVI reinaban los Austrias y ahora lo hacen los Borbones ¿se quiere sugerir que, si ahora reinase un Austria, sí tendría que pedir perdón? Porque, si los hijos llevan el apellido del padre y no el de la madre (machismos aparte que hoy no tocan) es sólo por una convención social. Felipe VI se apellida Borbón y no Austria porque desciende por línea directa masculina de Luis XIV y de su mujer María Teresa de Austria, pero por sus venas corre tanta sangre austríaca de ésta como borbónica de aquél. Y que lleve el apellido de su abuelo o de su abuela ni añade ni quita un ápice de nada a la cuestión, ni supone agravante o atenuante alguna.

En cuanto a la participación de pueblos indígenas en la conquista, es cierto que fue determinante. La primera vez que Cortés entró en Tenochtitlán (1519) lo hizo con cuatrocientos españoles y cuatro mil tlaxcaltecas. La segunda y definitiva (1521), con novecientos españoles y más de cien mil indios tlaxcaltecas, texcocanos, huejotzincas, chalcas y cholultecas. Pues bien, aun así, no parece correcto decir que los indios conquistaron México para los españoles, sino que fueron éstos los que lo hicieron con su ayuda. La iniciativa, la capacidad de improvisación, la voluntad de conquista y la tenacidad hasta alcanzar el objetivo, fueron de los españoles. Cuando éstos llegaron, los indios allí estaban sin sacudirse el yugo azteca. Fué Cortés, tan hábil y sagaz negociador como buen estratega, quien fué venciendo resistencias y tejiendo alianzas con los distintos pueblos hasta que logró su propósito. Lo mismo hicieron antes Alejandro, Aníbal, Escipión, César, Atila o Gengis Kan y, más tarde, Pizarro y Napoleón. Los demás pueblos que, por pacto o por la fuerza, se fueron sumando a las campañas de los respectivos caudillos nunca se llamaron conquistadores. Así, la participación indígena no debería condicionar la mejor o peor opinión que pueda formarse sobre la conquista.

Finalmente, y por lo que respecta a lo malos que eran los mexicas, ni Cortés cuando empezó la campaña podía saber si lo eran o no, ni, por buenísimos que hubieran sido, habrían cambiado las cosas. Los españoles buscaban fundamentalmente oro y, si era el caso, bienes raíces donde poder establecerse. Y, si emprendieron la conquista, fue en parte por las informaciones conseguidas sobre las riquezas que se acumulaban en Tenochtitlán y las minas de oro que había en sus proximidades.

Es decir que la conquista se hizo sin atenuantes, ni paliativos, que tampoco nadie necesitaba. Se llevó a cabo porque, desde la más remota antigüedad, hacer la guerra, conquistar territorios y fundar imperios no sólo fue un modo de colmar la ambición de los poderosos, sino también, para tantísima gente (mercenarios, soldados, caballeros, pero también labriegos, artesanos de todos los oficios y gente de toda laya y condición), una forma de subsistir. Aunque sin el éxito de España, toda Europa peleó durante siglos por arrancarle un bocado al vecino. Para los españoles, que acababan de ganar Granada, Nápoles, las Canarias, Melilla y Orán y de incorporar Navarra a Castilla, emprender una nueva guerra de conquista era ya casi una costumbre. Y como, debido al hambre, arrojo y valor sobraban, si había una ocasión y se disponía de los medios necesarios, se acometía la aventura.

¿Bueno o malo? Caben mil respuestas o ninguna, porque aplicar criterios morales de hoy a una de las mayores hazañas que nadie soñó con llevar a cabo a lo largo de la historia, como fue la gesta de Cortés, es como tratar de otear el horizonte con un catalejo de vidrios esmerilados. Más transparente y claro es el apunte de Bernal Díaz del Castillo (Historia verdadera ..., cap. VIII): “No pasó como dice [Gómara], pues ¿de qué condición somos los españoles para no ir adelante y estarnos en partes que no tengamos provecho y guerras?”.

En resumen, si semejante epopeya o sus propios capitanes hubieran tenido que justificarse por lo hecho, creo que nunca habrían pensado en alegar como descargo el apoyo de los indígenas, ni lo malvado de los aztecas. Ni creo que el rey Felipe pretextaría apellidarse Borbón.

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