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Blog / Cartas al director

La gran farsa abertzale

Por La voz de los lectores 16 enero, 2022 - 10:53

Carta al director remitida por Manuel Sarobe Oyarzun.

Adolfo Araiz, de EH Bildu, habla con María Chivite, presidenta del Gobierno de Navarra.
Adolfo Araiz, de EH Bildu, habla con María Chivite, presidenta del Gobierno de Navarra.

La dimisión de Joxe Martín Abaurrea por patear y morder a todo el que se le puso por delante en su frustrado intento de imponer la ikurriña en el Chupinazo fue de lo poco bueno que nos dejó el aciago 2021. Este exconcejal no es la única manzana podrida que nos coló Joseba Asirón. Antes hubo de renunciar Amaia Izko, tras ser condenada por ejercer la abogacía a las órdenes de ETA. Nada de extrañar tratándose de la letrada que pidió la libre absolución de los asesinos confesos de Tomás Caballero.

La violencia desatada por el Hannibal Lecter foral invita a refrescar la memoria sobre algunos episodios de nuestra reciente historia. ETA y su brazo político sembraron el terror durante décadas cegados por una quimera. Los primeros mataban y los segundos lo justificaban, cuando no dibujaban dianas, como hicieron querellándose contra Tomás Caballero. “HB apunta y ETA dispara”, sentenció Joaquín Pascal, un socialista de los de antes, cuya prematura muerte le ahorró ser testigo de la batasunización de su partido.

La violencia, asesinatos aparte, era omnipresente. Hasta que un tal Ansuátegui puso orden, la kale borroka hizo del casco viejo iruindarra un territorio inhabitable. Las fiestas fueron objetivo prioritario de los radicales; ”Jaiak bai, borroka ere bai”. No hay nacionalista que se precie que no haya intentado izar la bandera de la Comunidad Autónoma Vasca en el Ayuntamiento pamplonés. Con violencia, como Abaurrea, o infringiendo la ley, como Asirón, coincidiendo con la manada que irrumpe a golpes en la plaza consistorial blandiendo dichas banderas.

Las peñas son terreno abonado para la izquierda abertzale. Así lo acreditan sus pancartas, que no reflejan la pluralidad de la sociedad navarra. Solidarias con los presos etarras, omiten toda muestra de empatía hacia sus víctimas. Armonía Txantreana homenajeó a Patxi Ruiz, el asesino que pegó dos tiros en la cabeza a Tomás Caballero, de quien nadie se compadeció, a pesar de haber presidido Oberena. Harían mejor mozos y mozas en ocuparse más de la fiesta, recuperando el Riau Riau que los abertzales reventaron, año tras año, hasta hacerlo desaparecer del programa, por ejemplo.

La izquierda nacionalista también colonizó nuestro folklore; los ‘joaldunak’ únicamente agitan sus cencerros acompañando a los radicales. El sindicato Ikasle Abertzaleak se moviliza por causas políticas ajenas a la educación convocando huelgas, sinónimo de silicona en cerraduras y contenedores cruzados. El deporte tampoco se libra; ahí tenemos a los iracundos Indar Gorri -condenados por pertenencia a grupo criminal- escupiendo e insultando ¡a los nuestros!

Pancartas y pintadas coadyuvaron a crear un ambiente opresivo. Especialmente repulsivo resulta el impune “Gora ETA” que periódicamente profana la casa de Jesús Ulayar, a quien no les bastó con asesinar, y que el Ayuntamiento de Etxarri Aranatz se niega a borrar apoyándose en informes emitidos por el pieza de Abaurrea. A esta humillación contribuyó activamente otra ilustre nacionalista, Uxue Barkos, no renovando el convenio que permitía al Gobierno eliminar las pintadas, si los ayuntamientos concernidos no lo hacían. Para retirar la simbología franquista -irrelevantes placas de viviendas de VPO, mayormente, expuestas como gran botín- no tuvo tantos remilgos. La Policía Foral, por su parte, únicamente se movilizó para destrozar el icónico beso entre Chivite y Ruiz, obra de LKN.

El mundo abertzale, desengáñense, no tiene la menor intención de romper con su siniestro pasado. Su pretendida evolución es una gran farsa: el irrecuperable Otegi sigue al frente del chiringuito;  Abaurrea está de vuelta al Ayuntamiento, como asesor; los “ongi etorris” continuan celebrándose con toda anormalidad; David Pla, exjefe de ETA, es aupado a la dirección de Sortu; aplauden a Mikel Antza…

Resulta decepcionante que la sociedad no sea más exigente con la catadura moral de sus políticos, castigando a quienes tanto dolor causaron violando masivamente los más elementales derechos humanos. Y los desmemoriados socialistas harían bien no regalando a quienes buscan acabar con el régimen del 78 el protagonismo y la capacidad decisoria que no lograron en los años de plomo.

Cuesta entender que haya navarros que sueñan con ser gobernados desde Vitoria o Bilbao -yo lo atribuyo a un complejo de inferioridad- añorando una Euskadi independiente que nunca existió. Algo que, según el último Deustobarómetro -y 853 inútiles asesinatos después- apenas ansía un menguante 14,5 % de los vascos… Pero lo que no es aceptable es que todavía haya quienes se resisten a repudiar firmemente, sin los circunloquios a los que nos tienen acostumbrados, su sangriento pasado. Y menos aún que esta vileza sea premiada con el cogobierno de Navarra y España.

Concluyo con una puntualización. Desciendo de la regata del Bidasoa, hablo euskera desde los tres años y he sido inmensamente feliz trabajando durante décadas en Euskadi. Nada tengo pues de antivasco. Algo que no pueden decir quienes asesinaron, secuestraron y extorsionaron en nombre de un pueblo al que tiranizaron. Ni sus hoy envalentonadas comparsas.

Carta al director remitida por Manuel Sarobe Oyarzun.

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