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“Donju”: un chavalín con una gabardina

Por La voz de los lectores 16 septiembre, 2020 - 9:46

Obituario de Julián Urbistondo Echeverría​, sacerdote del Opus Dei, escrito por Esteban López-Escobar, profesor emérito de Opinión Pública en la Universidad de Navarra.

Julián Urbistondo Echeverría, sacerdote del Opus Dei fallecido recientemente. ARCHIVO COLEGIO MAYOR BELAGUA
Julián Urbistondo Echeverría, sacerdote del Opus Dei fallecido recientemente. ARCHIVO COLEGIO MAYOR BELAGUA

Cuando lo conocí en 1957, en un lugar no lejos de Segovia, al pie de la montaña que llaman Mujer muerta, era ya sacerdote, y además tocaba la guitarra. Recuerdo que cantaba una cueca argentina, de Alfredo Pelaia, que decía: “En Mendoza hay un paraje / tan hermoso como el cielo / donde van a consolarse / los que no tienen consuelo”.

Luego volvimos a encontrarnos en Pamplona, en el Colegio Mayor Belagua, cuando se inauguró en el curso académico 1962-63. Don Julián, que era donostiarra del barrio de Gros, se vino de Madrid a Pamplona y, desde entonces, no se movió de aquí; y estuvo en Belagua durante cincuenta años, con su despacho siempre abierto para servir a cualquiera que buscara consuelo; aunque los últimos años de su vida los pasó en Iza, en un chalé que tenía un pequeño frontón, aunque hacía tiempo que había dejado la pala y la paleta, y sólo practicaba ya frontenis. Tengo un vago recuerdo de que una vez lo acompañé a su viejo colegio, el de los marianistas donostiarras, encaramado en un alto, y al que se llegaba por la cuesta de Aldapeta.

Ayer por la mañana, jueves, tras su muerte, fui a velarlo a Belagua. Habían puesto su cadáver en una sala que da acceso al salón de actos del colegio mayor, a la que precisamente le habían dado su nombre: “sala Donju”. Presidía una talla grande de Jesús en la cruz; él estaba en un féretro de líneas muy sencillas y de madera clara, revestido con una casulla de color morado; y, a sus pies, habían puesto la beca del colegio mayor.

No sé en qué momento don Julián pasó a ser tan solo “Donju”. Pero sí sé que uno de mis mejores estudiantes, ahora profesor en Zaragoza, decía que el Colegio Mayor Belagua era “Donju con unas piedras alrededor de él”. Por eso, muchos colegiales de Belagua –han sido miles en todos estos años- se han conmovido ya al recibir la noticia de que el sacerdote tan querido y siempre acogedor de Belagua, que vivió junto a ellos, había muerto.

Donju había estudiado Filosofía y Letras en la llamada entonces Universidad Central: la Complutense de Madrid. Y continuó sus estudios en la Sorbona de París, a donde fue con otro miembro del Opus Dei, el navarro estellés Alvaro Calleja, a comenzar en Francia la labor apostólica de la Obra; vivieron en el Colegio Español.

Rodeado toda su vida de estudiantes jóvenes, con los que charlaba y cantaba lleno de entusiasmo, y a los que contaba chistes, con frecuencia de vascos, mostraba a veces una fotografía que le era muy querida; la primera fotografía del fundador del Opus Dei que vio el Papa Pío XII: se ve en ella a san Josemaría Escrivá en San Sebastián, acompañado de un chavalín con una gabardina: era él, Julián Urbistondo Echeverría. Me lo imagino ahora en el cielo, un lugar aún mucho mejor que Mendoza, aunque no aparece en las ofertas de los tour-operators.

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