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Blog / La cometa de Miel

La vuelta al cole más increíble y triste del mundo

Por Pablo Sabalza 19 septiembre, 2016 - 12:11

El niño tiene la ambición de convertirse en un hombre, pero, ¿cuántos hombres tienen esa misma ambición?

Vuelta al cole
Vuelta al cole

La sonrisa en los rostros. Las mochilas repletas de nuevos libros bien plastificados. Los estuches llenos de pinturas de colores, de lápices, de bolígrafos…

Un compás, dos sacapuntas, tres gomas.

La escuela con pasillos bañados de murales de colores vivos. Las aulas limpias. Las pizarras relucientes. Los uniformes preparados para la primera clase. Los uniformes para el deporte.

Los claxon de los coches de papá y mamá despidiendo a los niños. El autobús esperando a la salida para llevarnos a la parada más cercana de nuestra casa. El bocadillo de chorizo, de jamón, de mortadela con aceitunas. Unas monedas por si se antoja un dulce, unas golosinas.

No todo el mundo en este planeta lo vive como nosotros. No todos tienen la misma Vuelta al Cole.

Muchos niños recurren a caminos angostos, increíbles e inimaginables para recibir educación.

Una lección que emana de un mismo libro para todos los estudiantes.

Según el artículo al que me acerqué el otro día, la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) señalaba que ‘el progreso en la conexión de los niños a sus escuelas se ha ralentizado en los últimos cinco años’.

Puentes caídos y/o caminos inundados que conllevan a que los padres decidan que los niños abandonen la escuela. Futuros rotos. Porvenir sin llegar a venir.

Pero entre la niebla o entre los matojos o al otro lado de la corriente de un río bravo surgen pequeños héroes de carne y hueso. Descalzos. Despeinados. Rebeldes. Impulsivos. ESTUDIANTES.

Ellos son los niños de la Vuelta al Cole.

Tal es el caso de Gulu, China, donde los niños andan durante cinco horas por una montaña de un pie de ancho a su lejana escuela o al sur del mismo país, en Zhang Jiawan, en el que los escolares suben paredes naturales por increíbles escaleras de madera. Yo he visto las imágenes. Tú también deberías verlas.

En el Himalaya Indio, entre un paisaje nevado y sin caminos ni rutas, los niños caminan cada mañana hacia un internado localizado en una zona llamada Zanskar.

Si recuerdas a Indiana Jons en la película ‘El templo maldito’ no te será difícil imaginar un puente colgante a punto de caer. Las maderas, literalmente, quebradas; las cuerdas, insultantemente, tensas; el precipicio, realmente, vivo. Los alumnos de Lebak (Indonesia), protagonistas de este filme vital, lo traspasan cada día. En el mismo país atraviesan en canoa un río del color del barro cada amanecer para llegar a una vieja casa que simula ser una escuela.

En Colombia, como pequeños tarzanes, vuelan literalmente por 800 metros por un cable de acero a 400 metros sobre el río Negro.

Otros, en la India, viajan por el bosque surcando un puente de raíces de árbol.

Algunos llegan a clase en búfalo como en Myanmar y otros en el techo de un barco de madera.

El autobús en la India es un carro tirado por caballos con veinticinco estudiantes rebosándolo y en Sumatra los alumnos caminan por una cuerda floja a 30 pies sobre el río Padang.

Yo sé que hay padres que, después de las vacaciones estivales, celebran la Vuelta al cole.

Yo sé que hay niños en otra parte del mundo que cada día celebran llegar vivos al cole…deseando volver mañana.

Un compás, dos sacapuntas, tres gomas…

Un puente, dos montañas, tres canoas…

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La vuelta al cole más increíble y triste del mundo