Blog / La cometa de Miel

El Premio Cervantes de este año me cae bien

Por Pablo Sabalza 18 noviembre, 2019 - 9:35

Te están echando en falta tantas cosas.

Joan Margarit, reciente Premio Cervantes.
Joan Margarit, reciente Premio Cervantes.

El Premio Cervantes o Premio Miguel de Cervantes es uno de los pocos Premios con mayúsculas que me creo de verdad. Los otros, ya saben ustedes a los que me refiero, tienen menos credibilidad que un pingüino en un desierto.

Podría ser crítico y encender el ventilador, pero no quiero herir sensibilidades de aquellos que han ganado un premio (con minúscula), no vaya a ser que se enfaden los premiados, los amigos de los premiados, los que fallaron el premio que a su vez son amigos del premiado…

En 1976 se concede por primera vez el Premio Cervantes al poeta de la generación del 27, Jorge Guillén. A partir de esta fecha se sucede un amplio racimo de grandes autores como son María Zambrano, Borges, Alberti, Paco Umbral, Ana María Matute, Elena Poniatowska, Cela, Delibes, Octavio Paz, Bioy Casares, Vargas LLosa…

La semana pasada añadimos a esta lista al poeta y arquitecto, Joan Margarit.

Me gustó lo que comentó en la poblada rueda de prensa. Señaló que a lo largo de su vida, ya peina 81 inviernos, un poema de Machado le consoló cuando tenía 18 años, pero que también le sirvió a los 25, a los 40 o a los 60.

¿Ustedes acuden a la poesía en ciertas ocasiones? Me refiero a momentos puntuales de la vida en los que uno tiene un sentir y un latir diferente. Así sea cuando fallece un ser querido, cuando te enamoras, cuando coges el coche o la bicicleta y te plantas frente a la mar o a un campo recién nevado y así, con tu taza de té, te acercas a un poema saboreando la cascada de letras que lo conforman.

En el grueso de su producción destaca Joana, título sobre su hija con síndrome de Down que falleció.

Pues es el amor y la muerte un tema serio y más si van juntos de la mano.

Me viene ahora a la memoria aquello que decía Machado de que no hay nada más serio en el mundo que el sonido del ataúd al golpear la tierra que lo va a cubrir.

Me cae bien Margarit.

‘El lenguaje poético no es lo que la gente piensa –nada de dulzón, bobo, pusilánime-: el lenguaje poético es el más duro de todos’.

Y me veo y observo que escribo poemas que son dulzones y bobos y pusilánimes…y me enfado conmigo mismo. Me siento básico. Sobrevolando lo cotidiano, lo mismo, lo de todos, lo de siempre. Como un premio con minúscula que nadie se cree.

También apunta el poeta que sólo le interesa la cultura. Y ahí debemos detenernos.

¿A cuántos actos culturales me acerco, nos acercamos? Y a nuestros hijos, ¿les interesa la cultura? ¿Les hemos preguntado si se animan a visitar exposiciones de cuadros o de caricaturas o de fotografía? ¿O escribir poemas?

Quizá mi hija no quiera ser youtuber de mayor o influencer o ser famosa apareciendo en programas de hombres o de mujeres o viceversa.

Me caes bien, Margarit.
 

NO TIRES LAS CARTAS DE AMOR

No tires las cartas de amor

Ellas no te abandonarán.

El tiempo pasará, se borrará el deseo

-esta flecha de sombra-

y los sensuales rostros, bellos e inteligentes,

se ocultarán en ti, al fondo de un espejo.

Caerán los años. Te cansarán los libros.

Descenderás aún más

e, incluso, perderás la poesía.

El ruido de ciudad en los cristales

acabará por ser tu única música,

y las cartas de amor que habrás guardado

serán tu última literatura.


Me aproximo a tu palabra, Joan Margarit, y me doy cuenta de que tu poesía es de verdad.

 Así, con mayúsculas.

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