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Blog / La cometa de Miel

Pongamos que hablo de Kandinsky

Por Pablo Sabalza 08 febrero, 2016 - 0:02

‘Una cosa se me hizo manifiesta: que la objetividad, la descripción del objeto, no era necesaria en mis pinturas y que en realidad les perjudicaba’.

Kandinsky - amarillo-rojo-azul
Kandinsky - Amarillo, rojo, azul.

Quisiera prepararles para este abstracto viaje que vamos a emprender. Vamos a olvidarnos, por un instante, de los objetos o de cosas concretas. Levanten la vista. Contemplen, única y exclusivamente, los colores (el azul, el verde pistacho, el naranja, el lila); las geometrías (círculos, ángulos,  rectas...); el lenguaje dinámico; los contornos…

Aparten a un lado todo lo demás. ¿Lo tienes? ¿Más o menos?

Bienvenidos a…Kandinsky: Una retrospectiva.

“Allá donde se cruzan los caminos, donde el mar no se puede concebir” que rezaba en su canción Joaquín Sabina describiendo a la ciudad de Madrid, llegué la semana pasada de mi Gran isla Canaria con dos propósitos: oler una Dalia y entender a Kandinsky.

En el Centro centro Cibeles y hasta el próximo domingo 28 de febrero tendrán la posibilidad de disfrutar al padre de la pintura abstracta. La exposición, que cuenta con un centenar de obras, ha sido organizada por Centro Centro Cibeles, El Centre Pompidou de París (quien aglutina prácticamente toda la obra del pintor) y Arthemisa Group, organizador de la itinerancia.

¿Qué es pintura abstracta? En latín, abstractus, significa algo que no tiene intención de representar cosas o seres concretos, sino que sólo atiende a cuestiones como la forma, la estructura o el color. En definitiva, la pintura abstracta es la no utilización de la pintura figurativa.

Sabiendo, por tanto, a lo que nos dirigimos me gustaría presentarles formalmente a  nuestro protagonista, Vasili Kandinsky.

Nación en Moscú en 1866. Estudió Derecho y Económicas en la Universidad de la capital rusa. Con el tiempo le ofrecieron plaza de profesor asociado de la Facultad de Derecho en la localidad de Tartu pero, y aquí llega su cambio de rumbo, en 1895, con motivo de una exposición de impresionistas que tuvo lugar en su ciudad natal y que supone un golpe emocional tras ver las obras entre otros, de Monet, decide dedicarse por completo al arte.

La exposición recorre, cronológicamente, los periodos clave de la vida de Kandinsky.

En la primera etapa (1896-1914) nos desplazamos a Alemania y más concretamente, a Munich. Debemos tener en cuenta que en aquellos años esta ciudad germana era la capital del arte. Hasta tal punto que al instalarse el pintor en un barrio bohemio de la ciudad describió el enclave como ‘un estado de ánimo’ y no como un barrio en sí.

Las primeras obras (1902) que pude contemplar del artista corresponden a diversas xilografías, principalmente temperas sobre papel adherido al cartón (‘Recuerdo de Venecia’; ‘Rusia antigua’…), pinturas limitadas a paisajes y a temas fantásticos basados en tradiciones rusas.

Es un periodo de tiempo en el que está experimentando la relación entre la forma, el color y el sonido. Éste último muy importante para nuestro amigo. Tanto como el alma.

‘El color es en general un medio para ejercer una influencia directa sobre el alma. El ojo es el martillo templador. El alma es un piano con muchas cuerdas. El artista es la mano que, mediante una tecla determinada, hace vibrar el alma humana.’

Tras su primer matrimonio con una prima suya llamada, Anna Chemyákina, de la que se divorciaría en 1904, contrae un segundo enlace con Gabriele Münter. A consecuencia de este vínculo viaja por diversos lugares del mundo que son plasmados en sus primeras obras como es el caso de ‘Túnez’ o ‘Molinos de Holanda’.

Se consideraba un ciudadano del mundo pero conservando sus raíces a través de la luz y la musicalidad rusas que desplazaba a sus obras.

Fundó por aquellos años el grupo Phalanx en la que impartía clases con el propósito de introducir las vanguardias francesas en Munich.

Así llega su revolución pictórica con una obra, ‘El jinete azul’ (1911). Se retrata una pequeña figura envuelta en un caballo veloz corriendo por un prado rocoso. En un primer plano, sombras azules. Al fondo, las contrapartidas de los árboles. El jinete no está claramente definido. Quizás aparece una segunda figura. ¿Tal vez un niño o la sombra de un jinete solitario?

Esta disyunción intencional es aquello que nos permite a los espectadores participar en la creación de la obra de arte.

En ese mismo año publica su libro ‘Sobre lo espiritual en el arte’ en el que compara lo espiritual en la vida de la humanidad a una pirámide. El artista tiene la misión de guiar a otros a la cima con su obra. La punta de la pirámide son esos pocos artistas denominados grandes, ascendiendo y avanzando más lentamente el resto por la pirámide.

Kandinsky señala que ‘el color toca el alma misma y, del mismo modo, es puro sonido’.’ El pintor consideraba que el rojo era la tuba; el amarillo, la trompeta y el azul, el piano.

Quisiera destacar, antes de finalizar esta primera etapa de la exposición, dos obras: ‘Improvisación 3’ e ‘Impresión 5’. Les convido a que se acerquen a ellas.

Residió en Munich, exceptuando el año que vivió en París, hasta el inicio de la I Guerra Mundial, razón por la que regresa a Rusia.

Segunda etapa. De vuelta- Rusia (1914-1921). Durante esta época dedica mucho tiempo al estudio y sufre un cierto proceso dramático.

Aquello que más me caló en esta época dentro de la exposición fueron sus estudios sobre acuarela, con centros dinámicos que da la sensación que maneja a través de su música interior; ‘Pintura sobre fondo claro’ (1916) considerada una obra experimental en la que se aleja de la realidad y con la que retorna a la pintura y la obra ‘En el gris’ que marca el final de su malestar y en la que se aprecian danzas de formas y colores como montañas, barcas o soles, y jeroglíficos que navegan e invitan al espectador a sumergirse.

La tercera etapa del artista es la denominada ‘Los años de la Bauhaus’ (1922-1932). Bauhaus era una escuela de artesanía, arte, diseño y arquitectura fundada en Weimar (Alemania) en 1919.

Destacan en la exposición sus litografías en color (‘Pequeños mundos XII’); xilografías sobre papel y en color, así como distintas obras realizadas a través de punta seca.

El círculo (su forma preferida) adquiere un protagonismo acentuado, ya que manifiesta que es la más humilde; que puede ser estable e inestable; ruidoso y tranquilo y que es aquél que es una ‘única tensión que aglutina a todas las tensiones’.

Destaco tres obras en esta etapa de la exposición como es ‘Sobre blanco 2’ con geometrías rigurosas y círculos perfectos en la línea recta de la lanza y sobre el lomo del dragón; ‘Acento rosa’ con una gran energía que emana del cuadro y, por encima de todas, los dos metros de ‘Amarillo-rojo-azul’ (1925) dividido visualmente en tres partes en la que en primer color  corresponde al triángulo, el cuadrado al rojo y el círculo al azul.

Y finalizamos este recorrido abstracto por su última etapa. Y no podía ser en otro lugar que en París (1933-1944).

Le encantó vivir en la ciudad del amor. Adquirió un pequeño ático en el que entraba muchísima luz. Y eso fue lo que más le fascinó. La luz de París. Esa luz clara y ese cielo limpio le inspira a incorporar colores más suaves en su paleta. Bien es cierto que todo ello mezclado con criaturas de las profundidades, embriones e insectos.

Destaco ‘Composición IX’ plagada de contrastes y diagonales con forma de embrión en el útero y ‘Composición X’ con fragmentadas estrellas y enigmáticos jeroglíficos.

Dos anécdotas:

La primera tuvo lugar mientras preparaba uno de sus cuadros (‘Composición IV). Estaba agotado y decidió dar un paseo. Su mujer, por descuido o no, dio la vuelta a ese cuadro. Al regresar el pintor y ver la obra, cayó de rodillas y lloró exclamando que era la pintura más hermosa que había visto nunca.

La segunda tuvo lugar trabajando la obra ‘Composición VI’. Llevaba seis meses de estudio y preparación. El cuadro pretendía evocar una inundación. El hombre estaba bloqueado y no podía continuar. Su mujer le dijo que el problema era que estaba atrapado en su intelecto. Le sugirió que se limitará a repetir la palabra ‘diluvio’ o ‘inundación’ y se centrara en su sonido y no en su significado. Repitiendo esta palabra como si fuese un mantra pintó y completó la obra en tres días.

‘Siento, creo y sueño que siempre seré diferente a los demás’.

Y lo conseguiste, ya lo creo que lo conseguiste.

 (…y olí la Dalia)

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