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Blog / La cometa de Miel

Palabras viejas en la Sangüesa nueva (C)

Por Pablo Sabalza 11 abril, 2022 - 9:21

Monotonía de lluvia tras los cristales.

En Sangüesa, se llama Cascabelico a las burbujas que se producen en la superficie de un río o laguna cuando cae sobre ellos la lluvia.

Con motivo de los 900 años de la Fundación de la ciudad de Sangüesa que se cumple este año continuamos de la mano de mi padre, Luis Sabalza, redescubriendo antiguos vocablos que se utilizaron en un pasado en ‘La que nunca faltó’ para así acercarnos a un tiempo y a una época, así como a unas palabras que, aunque ya en desuso, debemos rescatar para no olvidarlas. Principalmente, aquellos que las utilizaron.

Le cedo la palabra (vieja) a Luis Sabalza:

“En esta ocasión nos fijaremos en la tercera letra del abecedario. Por lo tanto, nos referimos a la letra C.

Hoy vamos a comentar tres palabras que según el diccionario de Iribarren se utiliza en Sangüesa teniendo un significado distinto en otros lugares.

Corral

Esta palabra es casi de uso diario en el habla cotidiana y, por ello, tiene muchas acepciones en el diccionario de la RAE.

Todos pensamos que ‘corral’ es un lugar donde deben estar y guardarse, habitualmente, animales.

Recuerdo un programa musical llamado, Cantares, dedicado a la copla, emitido los viernes por la noche y presentado por Lauren Postigo en TVE en los años 70 donde la mayoría de las realizaciones se emitían desde el Corral de la Pacheca.

Este corral de la Pacheca era y es un corral de comedias de Madrid. Mismos corrales que fueron el escenario del Teatro Español del Siglo de Oro.

Por tanto, vemos que corral sirve para guardar animales y para hacer teatro, entre otras muchas acepciones.

Pero en Sangüesa, Corral, según nos lo describe José María Iribarren en su diccionario es: Casa de campo. Caserío.

Y me imagino que todos los sangüesinos entendemos que se trata de una casa de campo, pues todos conocemos muchos de los corrales de nuestra querida Sangüesa como: el Corral de Arbea, del Goyo, del Real, del Panchazo, de Antero, del Perdiz, del Carraño, de Bornás, de Ongay, del Colaso, de la Torreta, de Buzcalapoyo y hasta del Corral Nuevo entre otros muchos...

Y quiero dejaros un dato final y es cómo en el Misterio de Reyes aparece la palabra corral cuando los auroros cantan, antes de que empiece el misterio, la coplilla que dice:

Ay ay ay San José

cuánto madruga usté

madrugo porque tengo

los pollos en el corral

y la vecina de enfrente

me los quiere robar

Al cielo, al cielo, quiero ir.

Catapillar

La definición que hace José María Iribarren en su diccionario es más propia de un diccionario jurídico que de un diccionario de uso común. Por eso voy a copiar literalmente lo que éste señala:

Catapillar. Apropiarse de un objeto hallado y cogido por uno y que no tiene dueño conocido o es mostrenco. Suelen colocar una piedra sobre el objeto como señal de propiedad o posesión.

Hemos señalado que esta definición tiene un aspecto jurídico importarte.

El código Civil nos señala en su artículo 609: La propiedad se adquiere por la ocupación.

Y el 610: Se adquieren por la ocupación los bienes apropiables por su naturaleza que carecen de dueño, como los animales que son objeto de la caza y pesca, el tesoro oculto y las cosas muebles abandonadas.

En consecuencia, no se pueden apropiar las cosas, simplemente, extraviadas o perdidas porque éstas pertenecen a sus dueños. Y habrán de excluirse, también, los bienes inmuebles abandonados por sus propietarios, ya que estos, pertenecen al Estado.

Por lo tanto, podremos poner la piedra sobre los bienes abandonados y, así, ya están catapillados.

Pero en la definición de Iribarren se habla de otra palabra que, aparentemente, es peyorativa esgrimiendo que los bienes son mostrencos.

El diccionario de la RAE define mostrenco como: Ignorante o tardo en discurrir o aprender o persona muy gorda y pesada.

Así que los bienes mostrencos son aquellos que no tienen dueño conocido.

Recuerdo haber utilizado la palabra catapillar hace muchos años…

Cuando jugábamos en el “prao” o en la plaza de Toros al “Perro Pepe” y  nos tocaba agarrar a los que se habían salvado, decíamos: ¡Estás catapillado!

Eso sí, nunca jamás un catapillado fue un mostrenco.

La tercera palabra de hoy es una palabra que denota alegría. Al menos, a mí me lo parece.

Casbelicos

El término no deja de ser un diminutivo, en plural, de cascabel.

Mirando en el diccionario de la RAE encontré cascabelillo significando una Variedad de ciruela, chica y redonda, de color purpúreo oscuro y de sabor dulce, que suelta con facilidad el hueso, y que, expuesta al sol o al aire, se reduce a pasa.

Es verdad que cascabelillo es un diminutivo de cascabel. Lo mismo que cascabelico.

Pero en Sangüesa son cosas diferentes, pues mientras el cascabelillo es una fruta para comer, el cascabelico nos advierte de que no podemos salir de casa, pues está lloviendo con fuerza.

Al menos, así me lo decía mi madre muchas veces cuando al mirar por la ventana de la cocina advertía cómo el agua caía en las balsas que se formaban en el “prao”.

Sus palabras eran: No salgas de casa que  te vas mojar, pues mira los cascabelicos que hay.

En el diccionario de Iribarren lo dice así:

Cascabelico son las burbujas que se producen en la superficie de un río o laguna cuando cae sobre ellos la lluvia.

Yo definiría, al contrario de lo que señalaba Antonio Machado en su célebre poema, Monotonía de lluvia tras los cristales, Cascabelicos. Alegría de lluvia tras los cristales.

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