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Blog / La cometa de Miel

Nunca caminaremos solos

Por Pablo Sabalza 22 noviembre, 2021 - 9:04

Por una mirada, un mundo; por una sonrisa, un cielo.

Mmural del artista callejero LKN en honor a Michael Robinson en Pamplona. EFE/ Villar López

Recuerdo unos sentidos versos de Gustavo Adolfo Becquer que rezaban así: cuando el sol vuelva a brillar, de que pasé por el mundo, quién se acordará.

Que la vida es fugaz y frágil lo vamos descubriendo conforme pasan los años y se van yendo nuestros seres queridos. 

Quedan lejos, muy lejos nuestros primeros berrinches por no recibir aquello que deseábamos, así como el primer beso, la primera borrachera o, si me aprietan, el estreno en el amor o en el desamor, pues con la misma intensidad se viven.

Los consejos que nuestros mayores nos ofrecieron en su momento son ahora perfectamente comprendidos y aún más valorados. 

Hace tres semanas me topé con un buen amigo por las calles de Las Palmas de Gran Canaria. Nos pusimos al día tanto de su familia como de la mía. Charlamos sobre la pandemia, el volcán de La Palma y de cómo se presentan estas navidades.

Le apasiona el fútbol, así que no tardamos mucho en derivar la conversación hacia el terreno de juego.

Se había quedado impresionado de cómo se había comportado el C. A. Osasuna y toda su afición ante la triste pérdida del seguidor rojillo, Pepe Alonso Ruz, quien falleciera el pasado 22 de octubre en su localidad de grada lateral del estadio osasunista poco antes de comenzar el encuentro entre Osasuna-Granada.

El respetuoso silencio solo quebrantado por la pieza musical que desde el centro del campo interpretó el violinista invitado, acentuó, aún más si cabe, el recogimiento en ese estadio que, con sus más y con sus menos, no deja de ser una familia. 

Mi amigo me apuntaba que lo había visto por la televisión y que le había conmovido.

Me recordó cómo hace ya unos meses se rindió un sentido homenaje (con ovación interminable) a quien fuese jugador de Osasuna y Liverpool, Michael Robinson.

Me señalaba los años de Robinson, Sammy Lee, Martín, Castañeda, Vicuña y un infinito etcétera que conocía él mucho mejor que yo.

No les miento si les digo que cada semana recibo numerosos mensajes de amigos y conocidos canarios cuando nuestro equipo, C. A. Osasuna, vence o empata esa jornada, así como debo reconocer que son muchos menos cuando la victoria se nos resiste.

Es nuestro equipo un equipo querido fuera de nuestra tierra.

Se le respeta y aún más se le admira, sobre todo, por cómo tira de la cantera.

Y luego, encima, nuestro estadio (ahora remodelado). ¡Qué está remo(de)lón!

Siempre me dicen: ¡Pablo, es que es muy jodido ganar allá en tu ciudad!

Y qué decir de la afición, que vive con tanta intensidad la camiseta y la historia que lo abriga que aúpa a los jugadores y les da un plus de energía.

El ejemplo que el osasunismo ha transmitido tanto en el homenaje de meses atrás a Michael en Anfield como el de hace unas semanas a Pepe traspasa las gradas de El Sadar.

Y así llega a unas islas afortunadas bañadas por el Atlántico en la que sus habitantes, cada fin de semana, me hacen regresar a aquellos versos antes mencionados de Becquer y a la sensación de que, por mucha distancia que me separe o aunque la vida sea frágil y fugaz, nunca caminaré ni caminaremos solos.

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