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Blog / La cometa de Miel

La ortografía de El Drogas

Por Pablo Sabalza 18 octubre, 2021 - 9:29

Qué distante queda el tiempo del reloj cuando el ritmo lo marca tu corazón.

El Drogas, durante una actuación. ARCHIVO
El Drogas, durante una actuación. ARCHIVO

Supongo que todos tenemos una hora o ciertos minutos durante el día que se convierten en nuestro momento preferido de la jornada. 

Practicar deporte; proseguir con la lectura de la novela que dejaste ayer por falta de tiempo y que te tiene parte del día pensando en cómo continuará; el paseo con una amistad por las calles desgastadas de tanto recorrerlas de tu ciudad o de tu pueblo…

Mi momento de mayor predilección es el desayuno

Ya saben: come como un príncipe, cena como un mendigo, pero desayuna como un rey.

Y me lo tomo al pie de la letra.

En mi pequeña terraza a la que llega un nimio suspiro de lo que otrora fue la brisa del mar inicio un nuevo día. 

Acostumbro en ese plácido momento a leer la prensa local tanto de Navarra como de Canarias.

Y así fue como llegué a la entrevista que, recientemente, hicieron a Enrique Villarreal El Drogas, cantante y bajista durante casi treinta años de la banda de rock, Barricada, con motivo de la publicación de su nuevo libro-disco, ‘189 escritos con una mano enferma’.

No les voy a mentir. No he seguido mucho la trayectoria de El Drogas. 

Sé quién es, evidentemente, pero hasta la fecha no me había detenido ni en su recorrido profesional ni en su devenir personal.

Sin embargo, tras el reportaje que leí hace hoy un par de semanas, reconozco que me ha pellizcado el corazón. Es como si me gustase su ‘ortografía’. 

Comulgo con sus reglas y convenciones que rigen su pensar.

Hablaba de cosas muy interesantes y que dibujaron en mi interior una sonrisa.

…De aplaudir cada mañana a las personas que nos rodean y que ponen una pincelada de cordura en este mundo lleno, en muchas ocasiones, de superficialidad y egoísmo.

Se acuerdan cuando aplaudíamos a los sanitarios cada día, ¿se acuerdan? 

De eso habla Enrique.

Perdió a su madre, Nieves, en plena pandemia. Y él sólo deseaba agradecer al personal de la residencia la labor tan humana que su trabajo entraña.

Advierto que sus palabras son dulces como los higos, pero también dolorosas como unos malos zapatos.

Señalaba aquéllas razones que le llevan a escribir como es el caso de la periodista húngara que hizo la zancadilla a dos refugiados cerca de la frontera con Serbia. ¿Se acuerdan? 

O de las colas del hambre que quizá no las veamos, pero que ahí están. 

¿Acaso piensas que todas las estrellas que admiras en el cielo son las únicas que hay?

Me cautivó también de Enrique su humildad. Ha tocado delante de miles de personas y, sin embargo, no lo ve importante, lo describe como una anécdota. Hasta tal punto que solamente piensa en juntarse con su banda en una bajera y tener como excusa una canción o, tal vez, un poema para que corretee entre las venas de los reunidos.

Yo también soy de los que piensa que pocos… hacen muchos. 

¿Acaso dos enamorados no gestan miles de emociones?

Proseguía la entrevista con numerosos temas como el negacionismo, las redes sociales, la intimidad a la hora de crear, el aprendizaje vital…

(Llega la hora de ir al trabajo) 

Finaliza mi momento preferido del día. Lo bueno dura poco, ¿verdad?

Reconforta de par de mañana leer cosas bellas. Dejar un hueco, aunque sea nimio, a las buenas noticias tampoco debe ser malo.

Te aplaudo, Enrique. Te aplaudo a ti y a tu ‘ortografía’.

La misma que defendía Juan Ramón Jiménez, el poeta que escribió Platero y yo, ¿se acuerdan? 

Esa ortografía que era más que una ortografía: era honestidad pura con cómo se piensa y cómo se habla.

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La ortografía de El Drogas