Blog / La cometa de Miel

Oro parece, plata no es

Por Pablo Sabalza 04 Marzo, 2018 - 22:15

La primera vez que me engañes, será culpa tuya; la segunda vez, la culpa será mía

Una imagen de un niño en Siria.
Una imagen de un niño en Siria.

Hace un mes que iniciamos en la sala de Ámbito Cultural de Las Palmas de Gran Canaria un nuevo taller de escritura. Un año más, el anhelo por las letras y por el oficio de la escritura ha congregado a un centenar de personas. Todo un éxito.

En esta ocasión serán tres escritoras las que coordinen el encuentro que tiene lugar cada lunes durante dos horas y que concluirá el próximo 23 de abril con motivo del Día del Libro. En esa literaria jornada se entregarán los diplomas, se leerán los textos pendientes y nos sacaremos una foto de grupo para ser difundida en distintos medios de comunicación. La escritura no siempre es un trabajo solitario.

El pasado lunes presentó la escritora invitada a todos los inscritos al taller un total de cinco imágenes. Los alumnos debían realizar una descripción de una de ellas y, si así lo consideraban, leerla en clase para ser atendida por el aula.

Recuerdo que las imágenes eran (sin entrar en detalle) una barca navegando entre nubes; tres mujeres ataviadas con mantón a la puerta de una iglesia que parecían haber salido de una película de las de Berlanga; una sala de un museo en la que colgaban boca abajo maniquíes del techo mientras eran observados por los asistentes; un cuadro (Isabel de la Llave) que presentaba una cama y una parada de autobús/guaguas con unas cabras recostadas en su interior.

La imaginación de los presentes se hizo eco en la sala ante esas cinco fotografías en forma de recuerdos para unos, momentos cómicos para otros e incluso hubo quienes se lanzaron a recitar un poema. Observo mucha calidad en el taller de este año.

Salí del trabajo y me fui a casa. La amenaza de lluvia y viento se había convertido en una placentera noche de luna creciente y de temperatura envidiable.

¡Ay, Canarias, un día de estos te echo de menos!

A las horas, navegando por internet y recordando las imágenes presentadas en el taller de escritura, encontré la fotografía que acompaña este texto.

..y se me rompió el corazón. Literalmente, me emocioné. Percibí en mi interior la soledad de ese niño.

Me inclino a pensar que la imagen está sacada en un lugar en zona de guerra. Tristemente, uno de tantos del mundo, ¿verdad?

Un niño de apenas ocho años duerme junto a dos montículos que simulan ser dos tumbas. Me hace pensar que son sus padres.

En su infantil sueño seguro que ellos lo están abrazando.

Mañana despertará con sus pies desnudos, su triste manta, sus ojeras…

¡Ay, tienen más lágrimas sus ojos que mi jarrón de flores!

Se quedó tan desierto como la arena en la que se tumba junto a las tumbas.

Duerme, ahora, bendito. Duerme tu último sueño de niño, pues al alba despertarás siendo un hombre.

Todos tus recuerdos infantiles con tus padres, con tus amigos, con el pasado son huesos y flautas y procesiones.

Mañana tendrás que buscar un pan, un trago de agua, esparto para cubrir tus pies, un techo que no esté derruido, una sonrisa amiga.

…y volverás con el tiempo a esos montículos donde hoy moran tus padres. Tu rostro de adolescente estará avejentado, tus ropas raídas, tus suelas desgastadas, tus lágrimas…

¡Ay, tus lágrimas, ya no tendrán más agua que mi jarrón de flores! ¡Tus lágrimas se habrán secado de tanto usarlas!

¡Duerme, ahora, bendito! Duerme tu último sueño de niño.

Este lunes abordaremos una nueva sesión del taller. En esta ocasión trabajaremos el microrrelato. Se me ocurre uno que sea así:

‘Hubo una vez el peor de los fotógrafos. Aquel que no sabía cómo ganarse la vida. Engañó a un niño y le pidió que se hiciese el dormido entre dos montículos. Engañó a todos. Pensamos que el pequeño dormía junto a la tumba de sus padres. El niño ganó unas monedas. El fotógrafo ganó el desprecio del mundo.”

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