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Blog / La cometa de Miel

MÁS VALE UN ‘TOMA’ QUE DOS ‘TE DARÉ’

Por Pablo Sabalza 02 mayo, 2016 - 9:44

‘Parece, Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, porque todos son sentencias sacadas de la mesma experiencia, madre de las ciencias todas’

Libros apilados encima de una mesa. ARCHIVO
Libros apilados encima de una mesa. ARCHIVO

En el año 1930, después de una polémica de si sería mejor seguir conmemorando la supuesta fecha del nacimiento de Cervantes (el 29 de septiembre para unos y el 7 de octubre para otros) o la de su muerte (el día 23 de abril, comprobada está sí, documentalmente), se acuerda celebrar el Día del Libro el 23 de abril de cada año.

Así como en Madrid tienen más solera los actos académicos con mayor solemnidad, en Barcelona la fiesta del libro va tomando un cariz más popular y comercial, con libros en la calle de todo género. Las editoriales, al ver negocio (un día les comento el romanticismo de la escritura y la literatura de ciertos autores y el puro negocio de la venta de libros), deciden publicar las novedades de los autores con el Día del Libro. Y así, en 1931, se vinculan Cervantes y San Jordi: un libro y una rosa.

Este año, como todos ustedes saben, se ha cumplido el cuarto centenario del fallecimiento de nuestro escritor más universal (23 de abril de 1616), Miguel de Cervantes Saavedra. No les voy a recordar que en mismo día, mes y fecha lo hizo William Shakespeare; o que murió sin un real; o que tenía cuatro dientes; o que era un soldado de los de ‘a la muerte voy de frente’; o que era hombre de mujeres (de hermana e hija, me refiero), pues ya de todos es sabido. No.

Quizás lo que ustedes, o algunos, aún no sepan es que el libro que le hiciere (ya estoy metiéndome en fecha) a nuestro ilustre autor inmortal fue, inicialmente, escrito durante el tiempo que estuvo preso por soltarle un piropo a una señora por la calle.

Y puestos en situación. Encarcelados en una celda. Sin más mobiliario que una cama, una mesa y una silla. Con una vela blanca. Con un cielo ora azul ora negro…nació de la imaginación del poeta frustrado, del dramaturgo fracasado, en un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, un caballero de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.

Y al leerlo, al leerlo de verdad (ustedes ya me entienden), me di cuenta de que, cuatrocientos años después, este libro sigue estando de plena actualidad. Y dentro de este racimo, de esta ristra o abanico de coincidencias del ayer con el hoy quiero detenerme en los refranes. Que por tener yo tengo un padre que es muy amigo dellos.

‘No más refranes, Sancho, pues cualquiera de los que has dicho basta para dar a entender tu pensamiento, y muchas veces te he aconsejado que no seas tan pródigo en refranes y que te vayas a la mano en decirlos; pero paréceme que es predicar en desierto.’

En el libro, en sus dos tomos, se suceden innumerables refranes. Muchos de ellos, tal y como les apuntaba, utilizados cada día por todos nosotros. Y si no, vean, vean…a que les suena…

‘Para todo hay remedio, si no es para la muerte’; ‘Pagan a la veces justos por pecadores’; ‘Dime con quien andas, decirte he quién eres; ‘Cada oveja con su pareja’; ‘A Dios rogando y con el mazo dando’; ‘No por mucho madrugar amanece más temprano’…

Los utilizamos, ¿verdad?

‘También, Sancho, no has de mezclar en tus pláticas la muchedumbre de refranes que sueles; que puesto que los refranes son sentencias breves, muchas veces los traes tan por los cabellos, que más parecen disparates que sentencias’.

Pero hay más, muchos más refranes salidos de El Quijote a los que hacemos uso:

‘El hombre pone y Dios dispone’; ‘Al buen entendedor pocas palabras’; ‘No es oro todo lo que reluce’ o ‘Ese te quiere bien que te hace llorar’…

También aparecen otros vinculados con el ‘yantar’. Y si no, miren, miren…:

‘De paja y de heno, mi vientre lleno’; ‘Come poco y cena más poco; que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estomago…’; ‘En casa llena presto se guisa la cena’…

Y así podría llenarles sus ojos de refranes con algunos simpáticos  ‘Cásame en hora mala, que más vale algo que nada’; con otros eclesiásticos ‘Con la iglesia hemos topado, amigo Sancho’ o ‘Bien se está San Pedro en Roma’; otros de buenas maneras ‘Haz lo que tu amo te manda, y siéntate con él a la mesa’; o ‘Cortesías engendran cortesías’…

Y otros que a vuestra razón dejo:

‘Váyase el muerto a la sepultura y el vivo a la hogaza’; ‘Un asno cargado de oro sube ligero por una montaña’; ‘Las iras de los amantes suelen parar en maldiciones’; ‘Boca sin muelas es como molino sin piedra’; Enfrenta la lengua, considera y rumia las palabras antes de que salgan de la boca’…

Pero, como señala Don Quijote a Sancho:

‘¡Encaja, ensarta, enhila refranes; que nadie te va a la mano! ¡Castígame mi madre ! Estoyte diciendo que excuses refranes y en un instante has echado aquí una letanía dellos, que así cuadran con lo que vamos tratando, como por los cerros de Úbeda. Sancho, no te digo yo que parece mal un refrán traído a propósito; pero cargar y ensartar refranes a troche y moche, hace la plática desmayada y baja’.

Así que, antes de que ustedes desfallezcan y consideren mi escrito cansino y bajo, lean, amigos míos, lean…y viajen, viajen mucho y vean cosas…

Pues: ‘Quien lee mucho y viaja mucho, sabe mucho y ve mucho’

‘Estáme reprehendiendo que no diga yo refranes, y ensártalos vuesa merced de dos en dos’.

Muy bien. Defiéndete, Sancho.

¡Vale!

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