Blog / La cometa de Miel

La muerte se olvidó de mí

Por Pablo Sabalza 11 Febrero, 2018 - 23:21

Ser inmortales. Vivir para siempre. No envejecer.

Un anciano mira por una ventana.
Un anciano mira por una ventana.

Me consta que hay muchas personas que firmarían en este instante un pacto con la muerte para ser y estar eternamente.

Contemplar a sus descendientes nacer y morir; observar sus ciudades, sus pueblos y sus aldeas convertirse en grandes urbes, en ciudades y pueblos, respectivamente. Seguir disfrutando y sufriendo con sus equipos de fútbol hasta que llegue un día que alcancen la final soñada y la ganen…¿Habrá que ser inmortal para verlo?

Conquistar a la nieta de la joven que en su día te gustó; asistir a clase y estudiar en los libros de historia pasajes y acontecimientos que uno ha padecido en sus carnes; pasar y pasar las hojas del calendario como pasarán y pasarán las estaciones…

Concentrarse en recordar los rostros y las personas de hace años que ya son polvo y olvido; llorar delante de las fotos de tus padres y hermanos e hijos y nietos; y abandonar el miedo a la carretera y aprender (quizá un infinito día) a conducir.

Se llamaba Francisco Núñez y murió a la edad de 113 años. Nació en la pequeña localidad de 2211 habitantes llamada Bienvenida, provincia de Badajoz. Era el año 1904.

Tuvo nueve nietos y quince biznietos.

Vivió la primera Guerra Mundial y la segunda, una Guerra Civil, el relevo de tres reyes, dos repúblicas, una dictadura y una democracia. Vio la llegada del cine, la mecanización del campo, la mejora de las carreteras y los transportes...

Tenía ocho años cuando un trasatlántico conocido por el Titanic se hundió cobrándose la vida de unas mil quinientas personas.

Rusia iniciaba su revolución con Lenin a la cabeza y Francisco lo leía en la prensa con trece años de los de entonces.

A los catorce vio cómo finalizaba la I Guerra Mundial. Ahora los niños de esa edad juegan con la consola y curiosean su móvil.

El 28 de septiembre de 1928 un tal Fleming descubre la Penicilina. Nuestro protagonista ya tiene 24 y, con un año más, en el otro lado del mundo se producía el crack del 29 sometiendo a una gran crisis al mundo entero.

Llega la Guerra Civil y, al finalizar en el 39, el extremeño cumple los 35 años. Cebolla y hambre y él, como España entera, se olvidan de ser jóvenes para ser adultos.

Llegó a mi edad cuando acabó la II Guerra Mundial.

La muerte de Ghandi; La guerra de Corea; Fidel y el Che Guevara…

Cuando mataron a Kennedy, Francisco ya pensaba en jubilarse. Era el 22 de noviembre de 1963. Pero es que cuando asesinaron a Luther King ya estaba jubilado.

El hombre pisó la luna con sesenta y cinco velas en la tarta de Francisco.

Con la caída del muro de Berlín ya es un abuelo de 85 años.

Reagan y Gorvachov ; la estación espacial MIR; el 11-S; el euro…

Y Francisco que no moría. Se olvidó la muerte de él. Pasó de largo. Tanta vida vivida le escondió de la parca.

Algún catarro. Las cataratas. La audición.

Con 108 años andaba solo por la calle.

Eternos paseos viendo durante 113 años el cambiar de las estaciones.

Las hojas del árbol son más amarillas y verdes. Más frío ahora que antes…Sus huesos centenarios hace años que deberían estar reposados.

La inmortalidad que algunos han pensado no está hecha de vino y rosas, de magia y ensueño, de canela en rama.

¡Pobre, Francisco! Te ganaste convertirte en polvo más que ninguno.

El pasado 13 de diciembre se acordó por fin la muerte de ti.

Reflexiono. Miro un vaso lleno de agua. Luego al cielo.

Yo solo anhelo lograr la inmortalidad en tu corazón cuando te diga un te quiero, pues deseo ser polvo un día, mas eso sí, polvo enamorado.

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