Blog / La cometa de Miel

Felicidades, mi pobre Federico

Por Pablo Sabalza 10 junio, 2019 - 9:44

El pasado miércoles 5 de junio hubiese cumplido mi poeta, Federico García Lorca, 121 años.

Federico García Lorca, poeta español.
Federico García Lorca, poeta español.

Siempre he mostrado mi profunda admiración por numerosos escritores pero con Federico tengo una especial debilidad.

Hubo un tiempo que me enfrasqué en su lectura. Bodas de sangre; Yerma; La casa de Bernarda Alba; Así que pasen cinco años…

También me acerqué a su vida a través de la biografía escrita por Ian Gibson.

Un libro de 1456 páginas en el que cuenta con detalle la vida de un ser con una luz especial y de un carisma arrollador. Lo pueden encontrar en la editorial Crítica.

Lo he subrayado, recitado, escuchado en cd en voz de otros poetas y hasta lo he dibujado en las distintas ilustraciones que tengo realizadas a un sinfín de escritores y escritoras.

Le he dedicado mis torpes poemas…hasta en uno titulado, Moriré en dos días, apunto que me encantaría morir para encontrarme con él.

Murió como todos sabemos.

Escribió como todos admiramos.

Me hubiese gustado pasear con él por su Andalucía y escucharle recitar sus versos y verle y mirarle y admirarle tocando el piano.

Les dejo con un poema de Federico. Federico García Lorca.
 

Romance de la luna, luna

La luna vino a la fragua
Con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
-Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

Cómo canta la zumaya,
¡ay, como canta en el árbol!
por el cielo va la luna
con un niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.

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Felicidades, mi pobre Federico