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Blog / La cometa de Miel

Una excursión por la prehistoria

Por Pablo Sabalza 01 febrero, 2021 - 10:11

El historiador es un profeta que mira para atrás. 

Monumento megalítico Leitzalarrea-Leitza.
Monumento megalítico de Leitzalarrea-Leitza.

¡Qué suerte haber nacido en Navarra

Es tan amplio el abanico de posibilidades que ofrece nuestra amada tierra que podríamos aprovechar las cincuenta y dos semanas que conforman el año para realizar diferentes excursiones culturales con el fin de descubrir los innumerables tesoros que atesora (el verbo me vino al dedo) tan envidiable provincia como es la nuestra.

Vestigios de su pasado romano como se advierte en los restos arqueológicos que encontramos en forma de termas, villas o acueductos o, por el contrario, improntas de su época medieval que bien fueren fortalezas, murallas y atalayas o castillos, torres y palacios. 

Muchas y muy diversas son las huellas de nuestros antepasados que en su día habitaron las que defino como mis raíces. 

La fronda verde, el agua plata, la tierra plena, el cielo sentido, la piedra blanca.

En esta ocasión me van a permitir que me detenga en una época lejana, muy lejana.

Y para ello lo voy a hacer de la mano de dos estrellas iluminadas: Miguel y Ángeles.

Hubo un tiempo en los años 80 y 90 que la bruma fue descubierta y la niebla prehistórica se destapó de la mano de un ingeniero con aspecto de deportista.

Mi amigo que no conocí, pero que hoy admiro, recorrió la prehistoria Navarra en aquellos años de pantalones de campana con el único propósito de localizar y documentar los monumentos megalíticos sitos en nuestra geografía.

Para aquellos que no lo sepan el megalitismo (megalito viene del griego y significa ‘piedra grande’) es un fenómeno prehistórico propio de Europa occidental. Se identifica con la construcción de tumbas monumentales del tipo dolmen (en bretón mesa de piedra), menhir, monolito hincado en el suelo que puede aparecer aislado o formando alineaciones o círculos como puede ser el famoso Stonehenge en Gran Bretaña y, por último, los crómlech que son círculos de piedras, más o menos grandes, que rodeaban el túmulo de un dolmen, los tholoi, los falsos dólmenes y las cuevas artificiales.

Por lo que he podido informarme en Navarra se asentó el fenómeno megalítico a lo largo del tercer milenio a. C. 

Pero regresemos con Miguel. 

Aquel hombre al que el trabajo de corbata le había dibujado un semblante más serio (en ocasiones a mí me ocurre lo mismo) advirtió que desde el despacho no podía ejecutar aquello que más anhelaba que no era otra cosa que ponerse las botas y las polainas, agarrar la bota de vino y el bocadillo de chorizo pamplonica o de Goikoa y echarse al monte junto a Ángeles (reconocida por muchos como la mujer más guapa de Pamplona) con el único deseo de llenar los pulmones de aire fresco, pintar su mirada de verdes y azules y descubrir a los fantasmas del pasado en forma de piedras milenarias.

Y tal fue su trabajo que aquellos descubrimientos arqueológicos de principios del siglo XX que firmaron Iturralde y Suit o el padre Barandiarán (les recomiendo el libro ‘Brujería y Brujas’) fueron catalogados como les apuntaba por Miguel Ezkurdia y familia, ya que tanto Ángeles como sus hijos e hijas le acompañaron en sus travesías y en sus proezas.

Libros, carpetas, mapas, filminas o fotos realizadas por el mismo que ordenaba en el ático de su domicilio. Todo era una dedicación exclusiva para presentarnos a todos los navarros tiempos pasados en forma de megalitos.

"Hace 5000 años, en los valles pirenaicos navarros habitaban unas gentes, nuestros predecesores, que sobrevivían en medio de una naturaleza salvaje y hostil. Aquellos pobladores nos dejaron, entre otros testimonios de su existencia y cultura, los monumentos megalíticos".

No quiero olvidar en esta excursión a su perro pastor Pintxo y, por supuesto, a la Sociedad de Ciencias Naturales Gorosti, organización navarra sin ánimo de lucro a la que les invito a que se acerquen, y con la que Miguel y un grupo de voluntarios de la sociedad consiguieron ubicar hitos en cada dolmen y cromlech con su nombre, ubicación y coordenadas quedando así documentado todo aquel trabajo que hoy lo tienen a su disposición digitalizado.

Hace unas semanas conversaba con la nieta de Miguel y Ángeles, Aintzane, y me señalaba que tiene previsto junto con Aritz y su hijo, Unai, visitar todos y cada uno de los monumentos que su abuelo documentó y así, tal y como les apuntaba al inicio de este escrito, realizar una excursión cultural y natural por nuestra siempre amada tierra.

Navascués, Elgorriaga, Huarte Araquil, Zugarramurdi, Valle de Erro, Baztán…

¡Qué suerte tenemos de haber nacido en Navarra!

Y no olviden que los pueblos se enlazan con la muerte el mismo día en que se divorcian de su historia. Por todo ello, Gracias, Miguel. Mucha gracias.
 

*Dedicado a la familia Ezkurdia. En especial, a mis queridas Arantza y Aintzane.

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