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La esclavitud existe y no es literatura

Por Pablo Sabalza 06 Agosto, 2018 - 7:00

La libertad primero que la literatura.

Una manos con cadenas, símbolo de esclavitud.
Una manos con cadenas, símbolo de esclavitud.

Se han escrito multitud de libros cuya temática es la esclavitud.

El libro más conocido o reconocido es la obra de Harriet Beecher Stowe titulada La cabaña del tío Tom, clásico de la literatura tanto por la narración como por la historia que cuenta. ‘Blanco’ de críticas en su día por parte de aquellos que defendían la esclavitud, hoy está a la cabeza de las obras que plantearon la discusión y marcan el camino para tomar conciencia. Dos historias. La primera la de una madre intentando salvar a su hijo y la segunda con Tom, un esclavo que nunca pensó que sería vendido, como eje principal de la novela.

Otra obra con temática similar es Lágrimas, sorpresas y coraje de Iqbal Masi que versa sobre un hombre que se convirtió en mártir por luchar contra la esclavitud infantil en Lahore en 1995. Denunció la situación que viven los niños para concienciar al mundo sobre la injusticia que afecta a millones de menores y no solo en Lahore, también en todo el mundo.

En el año 2013 disfrutamos de la excelente adaptación cinematográfica de la vida y obra de Solomon Northup, 12 años de esclavitud. Este hombre nació libre en New York, pero fue trasladado como esclavo mediante engaños, por lo cual trabajó 12 años en diferentes tareas. La descripción de las plantaciones y los tratos hacia los esclavos son detallados en el relato de forma excepcional.

La reina Vudú de Robert Tallant narra cómo en Luisiana las esclavas tenían la posibilidad de dejar esa vida al volverse amantes de los dueños de plantaciones a quienes conocían en bailes, ahí ellos elegían a la amante que más les gustaba y si tenían hijos con ella se encargaban de mantenerlos.

Un viaje en el tiempo donde un libro revelará el romanticismo de Nueva Orleans en una época en la que las hechizaras dominaban las calles.

Incidente en la vida de una joven esclava es otra obra en la que la esclavitud adquiere el máximo protagonismo. Escrita por la mano de Harriet Jacob, esclava de Carolina del Norte que escapó al norte y empezó una campaña para la abolición de la esclavitud.

Su narrativa advierte cómo la esclavitud humillaba a las mujeres a través del abuso sexual y la separación de sus hijas. Una autobiografía que mantendrá a los lectores al filo de la locura al describir con lujo de detalle los horrores que las niñas y mujeres tenían que vivir.

Existen otras obras de esta índole…La isla bajo el mar de Isabel Allende; El mundo conocido de Edward P. Jones; El ferrocarril subterráneo de Colson Whitehead; Raíces de Alex Haley.

Te diré que no se ha abolido la esclavitud.

Te escribiré para contarte que a día de hoy hay personas que son vendidas para trabajar en casas, naves y talleres clandestinos o abandonados en apariencia, como cebo para exigir un rescate a sus familias y también, en el caso de las mujeres y niñas, como esclavas sexuales o prostitutas.

Algunos logran escapar; otros, encerrados, son forzados a trabajar sin descanso.

Te apuntaré que son agolpados en una habitación con un colchón mugriento, con un cubo para realizar sus necesidades, sin una ventana donde observar si es de día o es de noche o vuela un pájaro u oscila o enverdece la hoja de una ramita de un árbol.

Los sanos valen más. Los dueños-captores invierten en mujeres guapas que dejarán de serlo en sus manos. Se marchitarán por dentro.

Y leerás que los que tienen algún estudio u oficio son más útiles en el poder de sus amos. Los pintores de brocha gorda; los recolectores de lo que tú estás pensando; los carpinteros de puertas que para otros se abren menos para ellos; los albañiles que construyen casas para las familias que tampoco ellos disfrutan…

El trabajo forzoso y el matrimonio forzado son modalidades de lo que se conoce como “esclavitud moderna”, donde la víctima no puede abandonar sus responsabilidades producto de las amenazas, engaños y abuso de poder.

También la servidumbre doméstica, la servidumbre por deudas y la explotación infantil son algunas de las formas que adquiere la esclavitud moderna. Ninguna menos atroz que otra y todas se valen de lo mismo: personas en situación de vulnerabilidad que son usadas por sistemas de explotación, privados y públicos, perversos donde ocurren inimaginables violaciones de los derechos humanos.

“Violencia física y psicológica, extenuantes jornadas laborales sin sueldos, aislamiento y confinamiento en condiciones infrahumanas son solo algunas de ellas.”

Descubrirás que todos los libros mencionados anteriormente fueron escritos hace años pero siguen vigentes.

La esclavitud no terminó en el siglo XIX ni en el XX, ni siquiera entrado el siglo XXI.

La esclavitud existe y no es literatura.

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La esclavitud existe y no es literatura