Blog / La cometa de Miel

El 2020 es un año de cambios

Por Pablo Sabalza 17 enero, 2020 - 10:27

Toda persona debe nacer de nuevo el primer día de enero. Comenzar una nueva página..

Una mujer con un calendario ARCHIVO
Una mujer con un calendario ARCHIVO

Este año no fui a Navarra en navidades.

Me perdí el encuentro con mi familia, cómo descubría los regalos mi sobrino la mañana de Reyes y la celebración con mis añorados amigos en el Bar Iruña la tarde noche del veinticuatro.

Tampoco estuve en Sangüesa, a la que tanto echo de menos, ni recorrí su calle mayor entre saludos y abrazos de gentes que quiero y extraño. Yo que deseaba acompañar al rey negro en su carroza y revivir el misterio recordando actuar a papá.

Me perdí los belenes, mi colorida bufanda que descansa en casa de mi madre  y ese cielo gris que, aun taciturno, me enamora su color.

Siempre digo que si fuese un árbol, si me describiese como tal, mi flor sería canaria pero mis raíces navarras. Y la raíz, madre de todo lo que soy, se agita y tiembla en estas fechas ya pasadas donde es inevitable acercarse en la memoria a aquellos años de la infancia donde las navidades eran una explosión de júbilo y diversión.

Los años pasan muy rápido, ¿verdad? Y conforme más años cumples más deprisa se suceden.

Tengo un amigo que se llama Lázaro con el que coincido, curiosamente y sin pretenderlo, a principios de cada año en una calle determinada de la ciudad. Es como si el destino nos citase.

Acostumbra a ir vestido con una chilaba, generalmente blanca, y me grita de un lado al otro de la calle para saludarme.

- Este año es un año de cambios, Pablo. No lo olvides.

Debo decir que el año pasado acertó en todo aquello que me predijo. Me apuntó que el 9 era un buen número para los libra. No sé. Él me habla de venus alineado con marte. Descendientes de sagitario o algo así. Me van a disculpar pero yo no entiendo nada de eso.

El caso es que aprovechando que me encontré con él y tras un buen rato hablándome de su hijo que vive en Miami, de su viaje a París, de nuestra vieja y siempre recordada amiga Montse Caridad y de la vida y sus conjuntos le pregunté:

- Lázaro, tú que muchas cosas sabes, dime, buen amigo. ¿Volveré a casa el año que viene por Navidad?

Y Lázaro me miró, sus ojos pardos brillaron un poquito más de lo que siempre suelen hacerlo, extendió sus brazos y los apoyó en mis hombros y con un hilo de voz me dijo:

-Que vayan enfriando el champán.

Feliz año a [email protected] y mucha salud.

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