Blog / La cometa de Miel

Carta a Alfred Hitchcock

Por Pablo Sabalza 11 mayo, 2020 - 9:50

Estoy seguro de que a cualquiera le gusta un buen crimen, siempre que no sea la víctima.

"Querido Alfred, acoge esta misiva con todo el respeto que te profeso, pero desde hace prácticamente dos meses vivo atrapado en el universo de tus películas".
"Querido Alfred, acoge esta misiva con todo el respeto que te profeso, pero desde hace prácticamente dos meses vivo atrapado en el universo de tus películas".

Querido Alfred:

Acoge esta misiva con todo el respeto que te profeso, pero desde hace prácticamente dos meses vivo atrapado en el universo de tus películas.

Recuerda’.

Era marzo.

La primavera casi estaba asomando por el horizonte y ‘Los Pájaros’ salían disparados de las ramas hacia una diana pintada de azul.

Pronto llegaron ecos chinos que emergían de infinitas (a la postre, finitas) mascarillas y que despertaron la ‘Psicosis’ de la población.

El papel higiénico, el aceite, las garrafas de agua

Las familias corrían a sus casas cueva ‘Con la muerte en los talones’ y sin mirar hacia atrás.

No entendíamos.

La sombra de una duda’ se alargaba como cipreses entrando a cientos, qué digo, a miles de hogares y vistiéndolos de un frío y blanco mármol.

A las ocho de la tarde.

Eran las ocho de la tarde cuando aplausos cubiertos de bata blanca (pero enlutada) rugieron desde ‘La ventana indiscreta’ y emocionada de mi casa.

Yo lloré, Alfred.

Lloré y otros como yo también lo hicieron.

Aquellos días de la primavera de marzo y de los libros de hojas mustias de abril y del Día de la madre (Te amo, madre, mi vida toda) del mes de mayo fueron libres, siempre libres, aun estando ‘Encadenados’ de distancia y de tristeza.

Al tiempo, regamos a goteo las calles y los parques y las playas.

Aprecié ser un figurante en una de tus películas. Sentí ‘Pánico en la escena’.

Todo era silencio, distancia e, incluso, ‘Vértigo’.

Carnavales fúnebres cubiertos de mascarillas en vez de máscaras.

Otra jornada más la policía ‘Atrapa a un ladrón’ de las horas prohibidas de sol y luna llena.

En esos días agarraba una bolsa de la compra, mi salvoconducto en esas fechas, y me echaba a la calle para regresar más tarde a mi pedacito de casa como quien ha acometido un ‘Asesinato’ social o un ‘Crimen Perfecto’ incívico.

Los aviones plegaron sus alas.

El mes de mayo deshojó el libro de Baudelaire.

El mundo era un folletín del siglo XIX leído por fascículos.

Yo sé, Alfred, que los rayitos de sol penetrarán con ‘Frenesí’ la nieve fría y oscura de mayo.

Los pies de mis coetáneos aplaudirán muy pronto la tierra de la que proceden y ‘La soga’ que hoy les ahoga se aflojará para henchir de nuevo sus pulmones con renovadas bocanadas.

Pero hasta entonces, hasta entonces, Alfred, acoge esta carta con melancolía.

Aquélla que emana de esas sonrisas que no pudieron ver florecer las preciosas flores del mes de mayo.

Atentamente.

Pablo Sabalza Ortiz-Roldán.

  • Los comentarios que falten el respeto y que no se ciñan al tema de la noticia, podrán ser eliminados.
  • Cada usuario será el único responsable de sus comentarios.
Carta a Alfred Hitchcock