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Blog / La cometa de Miel

Un baile de letras

Por Pablo Sabalza 12 octubre, 2015 - 1:33

Querido lector/a: 

Voy a hacerte una confesión. Es la escritura, para mí, un baile.

Hasta llegada mi adolescencia cursé mis estudios en un centro docente de una comunidad de religiosas. Pertenecía a la primera promoción de alumnos por lo que debo apuntar que apenas sé jugar al fútbol o al baloncesto,  puesto que el deporte que en aquellos años se impartía en aquél, hasta entonces femenino enclave, era el baile.

Eso sí. Lo sé bailar todo… o lo sabía, ya que el tiempo ha nublado aquellos pasos haciéndolos más torpes y, sin duda, más lentos.

(Ya creo que tenía por entonces alma de poeta.)

En mi mente se quedó grabado aquel pueril espacio.

Una dulce profesora, de cuya lágrima no quiero acordarme, activaba un tocadiscos y, ¡ay, querido lector/a!, resbalaba  la música por aquellas paredes como mantequilla en una rebanada de pan.

Con los años me hice un poco escritor y, como antes advertía, pensé que escribir era un baile.

En primer lugar me dirigía a alguien;  aquel o aquella que sería mi pareja de danza.

Intentaba seducirle con mis palabras. Letras dulces y bien pensadas que atrajesen a sus ojos como atrae la arena al mar.

Contarle una historia. A veces romántica. Con suspense en otras. Narrarle hechos pasados o recitarle poemas.

Más tarde, ya cortejada, desplazarle al lugar idóneo para mí. Para los dos. Y allí seguir bailando.  Al rizo de una ola, a un rabo de nube, a la cima de un beso…y seguir bailando y bailando y bailando

Yo marcaría los ritmos y las pausas. Y de la música también me encargaría yo. En ocasiones lenta, en otras clásica y, en algunas, ¡mi querido lector/a!, en algunas Rock and Roll.

Es para mí la escritura un baile.

Le describiría quiénes eran todas aquellas personas que nos circundasen y, si fuese menester, hasta algún cotilleo le contaría siempre y cuando quedase entre los dos.

Sería nuestra historia el mejor baile.

Una trama bien trazada entre un trato entre los dos.

Y llegaría el final del musical encuentro. Tan importante como el baile en sí.

Yo que te he cortejado, que te he desplazado a mil y a cien lugares; que te he presentado a todas aquellas personas que conocía…

La música que era mía, bien sabes que era tuya también.

Tú sabes que era un trato entre los dos.

Y es ahora, a la hora de los fuegos artificiales, a la hora del beso no robado cuando no te debo pisar pues debe ser el final de un escrito el mejor paso del baile.

..Y me moriría, ¡querido lector/a!, si no quisieses un día conmigo volver a bailar…

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