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Tradición y vanguardia: la edad de plata de la danza

Por Miguel López-Remiro 25 Enero, 2018 - 9:14

A principios del siglo XX surgió un frenesí creativo en torno a la danza en España, que seguía la senda que se marcaba en diferentes entornos de Europa y Rusia y que apostaba por la danza como un arte más, eso sí, temporal y que escapaba a ciertos cánones, cánones que con la Vanguardia comenzaban a ser derribados.

Pablo Picasso, Figurín para 'El sombrero de tres picos' de los Ballets Russe de Sergei Diaghilev, 1920. Archivo Manuel de Falla.
Pablo Picasso, Figurín para 'El sombrero de tres picos' de los Ballets Russe de Sergei Diaghilev, 1920. Archivo Manuel de Falla.

El espíritu de esos años se presenta ahora en una exposición en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Con el título Poetas del Cuerpo, La danza de la Edad de Plata, la muestra plantea un recorrido desde principios del siglo XX hasta los años 40.

Ver esta propuesta en la Residencia de Estudiantes tiene algo de telúrico porque esta misma institución fue durante esos años del primer tercio del XX uno de los epicentros en el desarrollo de la danza en nuestro país, primero como institución que apoyó “el reconocimiento del valor de las artes populares” y, segundo, por su capacidad de capilarizar la adhesión por parte de la generación de intelectuales de la época al valor de la danza.

La exposición, que es un brillante ejercicio de investigación y puesta en escena, sirve como testimonio de cómo en los inicios del siglo no solamente se exploró la tradición y sus capacidades, apostándose por la necesidad de salvaguardar ese legado, si no cómo también la inercia de esos primeros compases creativos del siglo XX condujo a la danza a una inexorable renovación.

La tradición y su consolidación en nuevos lenguajes, contó con aliados a los intelectuales de esa época, y con la entrada de importantes artistas plásticos, como Picasso o Miró, que se compenetraron en el diseño de figurinismos y escenografías. Desde aquellos  ballets rusos de Diaghilev, que llegaron a España por primera vez en el año 1916, mismo año en el que Picasso estrenaba Parade, el primer ballet que contó con escenografía y figurinismo suyo, hasta el proceso de introspección sobre las posibilidades de búsqueda desde el folclore de la canción, el baile y el teatro español, y su convalidación en forma de vanguardia, la exposición cuenta un relato histórico que ayuda a entender cómo evolucionó después la danza como forma de expresión artística.

La exhibición cuenta con más de 300 piezas, entre libros, documentos, vestuario, y una importante colección de colaboraciones de artistas plásticos entre los que destacan, fotografías de Man Ray, dibujos y esculturas de Alberto Sánchez, obras de Dalí, Zuloaga, o del propio Picasso: en definitiva, una revisión de cómo se tejió ese debate de la tradición y la generación de algo nuevo, de vanguardia, que aún perdura y que se nos presenta ya de plata, como un clásico a cuidar.

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