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'Taking My Time'

Por Miguel López-Remiro 02 junio, 2019 - 11:43

El autor resalta la esencia que impregna la exposición del fotógrafo Joel Meyerowitz en Madrid.

Una foto tomada en Málaga en 1966 por Joel Meyerowitz
Una foto tomada en Málaga en 1966 por Joel Meyerowitz

La próxima semana se inaugura en Madrid, en la Casa de América y dentro de la sección oficial de PhotoEspaña, la exposición del fotógrafo Joel Meyerowitz sobre su tiempo en España en los años 1966 y 1967, de la que he hablado aquí en algún otro momento cuando se presentó en Valencia en el Centro de Arte Bombas Gens.

Hay proyectos sobre los que uno trabaja que se convierten en una constante. El caso de Joel y su tiempo en España es uno de esos para mí; y ahora que viene a Madrid, esta exposición renueva mi interés por promoverla, porque pienso que su obra nos enseña muchas cosas.

Meyerowitz es uno de los últimos pioneros de la fotografía y una de las figuras vivas más importantes de este medio en la actualidad. Lo conocí por un libro en el que vi que había tomado fotos en España en los años 60. De pensar que era uno más de esa larga lista de artistas que venían a nuestro país dentro de una búsqueda romántica de esos lugares mágicos que tenemos, pasé a entender que Joel tenía algo especial: había vivido literalmente aquí un tiempo y se había impregnado de algo que superaba la vista de souvenir.

El suyo había sido un viaje que, como dicen los verdaderos viajeros, se da cuando uno no sabe cuándo se irá. Ahora pienso que, aunque Meyerowitz se marchó en la primavera de 1967, de alguna forma no se marchó del todo, y lo digo porque cuando hablo con él de la gente que voy conociendo que convivió con él, se despierta en él el instante de la memoria.

Meyerowitz convivió con personas que se dedicaban al flamenco, paseó por todo Andalucía y “tiró” más de 8.000 fotos. Uno de los personajes que conoció aparece citado en ese mismo libro de Meyerowitz. Y cuenta una anécdota que le cautivó: paseando por las calles de Málaga haciendo fotos, este señor se encontró con Joel. Ante la sorpresa de que se quedara tiempo con él disfrutando de ver cómo Meyerowitz fotografiaba, le preguntó que si no tenía que marcharse a su trabajo, y este le contestó que le daba un consejo para su vida: “Hay que vivir la vida libremente”. Esto, que quizás para cualquiera de nosotros no habría dejado de ser un comentario, para el joven Joel supuso un acontecimiento que convirtió casi en axioma en su obra: tomarse el tiempo para hacer las cosas, dejar tiempo para que las cosas maduren, hacer sus fotos respetando ese espacio.

Joel entendió que esa cortesía, primero con uno mismo y que convive en una cortesía hacia los demás, en su caso especial como artista a través de sus fotografías, era una de las claves. El buen artista como alguien que nos deja delante un espacio de cortesía para entender lo que vemos. El título de aquel libro de Joel es Taking My Time. Tomándome mi tiempo. Pues eso, lo cortés, con uno mismo y con los demás, como clave para entendernos y para entender el arte.

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