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Elixir

Por Miguel López-Remiro 24 junio, 2018 - 9:06

Uno encuentra arte a través de búsquedas, en Museos, galerías, en libros, en estudios de artistas. Pero en muchas otras ocasiones, el arte aparece en lugares menos esperados, y se producen esos momentos de sorpresa en los que se da una magia especial.

L' Elisir D'amore, anunciando para su representación en 1906.
L' Elisir D'amore, anunciando para su representación en 1906.

Asistí a la interpretación de Elixir de Amor de Donizetti, una popular ópera del siglo XIX en una producción del colegio de mis hijas y que pudo verse en el Teatro Calderón de Madrid. Contó con el apoyo de profesionales del mundo de la interpretación, el atrezzo y la dirección de escena.

Cualquier iniciativa de arte con gente joven siempre da aire, y ver una producción de arte realizada por nuevas generaciones en un teatro y enfrentándose a un libreto romántico como es el de esta opera me hizo pensar. Primero, en la importancia de educar en arte como un elemento diferencial en el desarrollo de un juicio crítico y de una personalidad que sabe jugar y establecer campos de interpretación.

Segundo porque medirse con el arte es una herramienta para conformar un carácter: en la ficción se dan claves de existencia y comportamiento y al caracterizar/ interpretar se desarrollan mecanismos de empatía. Tercero porque al ver algo así, aunque sea en una producción amateur, se producen resonancias en el público y aquí me encuentro ahora repasando esta opera en versión de “arte total”.

Me acerco de nuevo a esos momentos en los cuales se describen personajes que barren comportamientos que van desde la ambición, a la inercia del pensamiento de grupo, a la lucha por el poder, a la persuasión, hasta llegar al sentido auténtico que despliega el protagonista que lucha por conquistar a su amada, incluso recurriendo a una promesa de un elixir mágico.

Esa lágrima furtiva, el aria más conocida de esta obra y que tan bien entonó Pavarotti, nos habla de una potencia por un querer. El arte siempre es reflejo de la condición humana, y la lucha siempre está ahí, por ese espacio en el que nos reconocemos. Escucho de nuevo a Pavarotti y me sobrecoge ese esfuerzo por transmitir, y esa performance mágica, y pienso en que el arte es un elixir de realidad.

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