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Arte, mientras tanto

Por Miguel López-Remiro 21 abril, 2019 - 11:36

Mientras tanto fue la locución adverbial que usé en el título de mi última entrada en este blog.

Grace Farms, en Estados Unidos.
Grace Farms, en Estados Unidos.

Y desde esa locución me gustaría seguir, esta vez para defender una manera de entender el arte, que parte de la idea de que lo absorbemos desde la experiencia; no lo hacemos aislándolo como un experimento o analizando y racionalizando. El arte “está ahí”, como un río que baja, y que rodeamos. Podemos parar, sentirlo, dejarnos influir por su áurea, estudiarlo, o simplemente no verlo, pero siempre, “mientras tanto”, pasan cosas que acaban generando el impacto real. 

El arte, ¿es un lugar?, ¿tiene que ver con un espacio de tiempo? No lo sé, lo que sí que sé es que tiene que ver con la experiencia de ver, y la de pensar qué pasa “mientras tanto”, mientras me expongo al arte: el arte sucede, y nos cambia y transforma.

En los últimos meses, he tenido experiencias que me han ayudado a verlo de nuevo así. Dando clases, haciendo viajes con personas a centros de arte, charlas a ejecutivos, y como siempre detecto que mientras uno ve arte, o ayuda a verlo, se suceden situaciones que nos afectan y crean la razón de su verdadero impacto: personal y único. 

Y destaco dos situaciones donde lo he visto claro. La primera visitando hace unas semanas un espacio llamado Grace Farms, en el Estado de Connecticut en Estados Unidos. Nos recibió un director de hospitalidad, nos invitó a recorrer el lugar; una propiedad en plena naturaleza con un edificio en forma de río que desciende por una ladera y que está diseñado por Sanaa.

Este edifico no tiene puerta principal. Allí uno puede jugar al basket, pero no es un polideportivo, puede comer, pero no es un restaurante, puede estudiar, pero no es un centro de estudios, puede ver arte o escuchar un concierto, pero no es un museo o un auditorio. Mientras lo visitaba pensaba que no quería marcharme del lugar, estaba aprendiendo.

La segunda: Hace unos días intentaba explicar a mi hijo pequeño de 5 años una anécdota que me acaba de suceder. Le narraba que me había encontrado con un ex colega del Museo Guggenheim Bilbao, y buen amigo, en un museo de Madrid. Di características de ese lugar, no con el propósito de que adivinara el sitio. Lo hice en su lenguaje y refiriéndome a las cosas que me ha ido contando en las visitas a este museo que le han sorprendido: un museo que tiene cuadros enormes, pasillos alargados y brillantes, donde siempre hay mucha gente, en sus cuadros aparecen caballos y representaciones de lugares exóticos y personajes que te miran.

El siguió pensando y conectando, quizás esos “mientras tanto” suyos tejidos cuando hemos estado en ese museo y al que seguramente su cerebro ya asocia a un lugar donde pasan cosas diferentes mientras su padre le acompaña. Levantó una ceja y dijo con tono pausado, serio y de comprobación “¿El Prado?”. Para él el museo es un lugar donde pasan cosas y aprende

Pues eso, piensen que mientras tanto, suceda lo que suceda, lo vean como lo vean,  el arte está ahí, y puede transformarnos. 

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