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Vivir a la intemperie

Por Leire Escalada 26 mayo, 2016 - 1:36

Juan Iribas acaba de publicar "El guardián de la intemperie", novela ambientada en Pamplona y Ujué y protagonizada por un pintor sin techo.

"La primera noche a la intemperie dura toda la vida. ¿Sabes qué me dijo mi madre cuando me iba a marchar? A la calle no se va; de la calle se vuelve". Lo dice Miguel Ángel Expósito,un cerrajero malagueño con talento para la pintura, que tras muchos tumbos termina mendigando en las calles de Pamplona. Él es el protagonista de El guardián de la intemperie  (15 euros, 205 páginas), la cuarta novela del escritor y periodista Juan Iribas (Tafalla, 1973), que acaba de publicar con Ediciones Eunate.

La plaza de la Cruz y la Iglesia de Santa María de Ujué son algunos de los escenarios a los que lleva esta historia con la que el autor rompe algunos estereotipos asociados a las personas que sobreviven en la calle. Rendijas de luz en esas noches durmiendo en cajeros al calor de un tetrabrick de tinto.

Y las muestra a través de una historia sobre la ambición, la amistad y la lealtad: Sixto Capilla, el tercero de una saga de anticuarios pamploneses, regenta La Capilla Sixtina, la tienda familiar donde, entre otros tesoros, se custodia el autorretrato Yo, Picasso.

Tras un accidente con la obra, que requiere de los cuidados de una restauradora, el anticuario accede a que el indigente, visitante asiduo de la tienda y siempre mal recibido, pinte una copia del cuadro.

VUELTA DE TUERCA

Animado por su amigo Salvador, un reputado cirujano plástico pamplonés, el avaro Capilla deja que Expósito de rienda suelta a su arte, un talento que no dudará en tratar de aprovechar cuando así lo precise. A este trío se suma Lola, mujer del médico, una mujer ambiciosa para quien el fin justifica los medios.

La historia, contada a través de un narrador omnisciente, aumenta el ritmo en la segunda parte, con una suerte de trama policiaca, que mantiene la intriga y  en la que los personajes muestran sus distintas caras. Sobresale el del médico, quizá el papel mejor construido y que aporta el giro más interesante al relato. Su estilo es sencillo, sin exceso de descripciones y abundantes diálogos.

La obra es también un retrato de dos formas de vidas muy distintas que convergen, muchas veces sin verse, en un mismo punto, en este caso una plaza pamplonesa que puede verse como una metáfora. Además, supone un homenaje a la capital navarra y a los paisajes de Ujué, así como a la gastronomía de la zona - devoción especial por las migas - y, por supuesto, al arte. 

Abre el libro un prólogo de pintor y autor de novela gráfica Miquel Fuster, que pasó 15 años viviendo en la calle. Juan Iribas la presenta este viernes, 27 de mayo, a las 18:00 horas, en la Sala de Conferencias de Civican, en Pamplona.

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