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Peter Pan y los niños superdotados

Por Leire Escalada 15 junio, 2017 - 12:31

"Nuestra casa en el árbol", de Lea Vélez, es una suerte de novela-manifiesto por el disfrute de la infancia, los recuerdos y la libertad.

La casa que construyó la escritora Lea Vélez para sus hijos Michael y Richard sobre un árbol de su jardín, en Villanueva de la Cañada.
La casa que construyó la escritora Lea Vélez para sus hijos Michael y Richard sobre un árbol de su jardín, en Villanueva de la Cañada.

Para muchos niños, su sueño es tener una casa sobre un árbol. Un lugar donde refugiarse, vivir a su manera y soñar aventuras. Con los adultos sucede algo parecido y prueba de ello es la buena acogida que están experimentando los alojamientos turísticos subidos a las copas de los árboles. En Navarra, podemos encontrarlos en el valle de la Ultzama. Precisamente subir a una cabaña sobre un roble, o sobre una encina, pero con forma de libro, es lo que propone  la escritora y guionista Lea Vélez (Madrid, 1970), en su nueva novela, Nuestra casa en el árbol, publicada por Destino.

En esta historia, la tercera que escribe en solitario, Vélez construye un puente a la infancia, a los recuerdos y a la importancia de dejar a los niños ser niños. En un tiempo en el que los alumnos están cargados de extraescolares y tienen la palabra "futuro" más presente que nunca, la autora madrileña 'se planta' para exprimir el momento y escuchar las inquietudes y deseos de los más pequeños.

Es lo que ella misma hizo a la hora de poner en pie la cabaña que ideó para sus dos hijos en un árbol del jardín de su casa de Villanueva de la Cañada, en Madrid. Vélez, que escribió sobre la muerte de su marido, fallecido a causa de un cáncer, en su novela anterior, El jardín de la memoria, vuelve a tomar sus vivencias familiares para gestar esta novela intimista y llena de metáforas.

NIÑOS SUPERDOTADOS

Los dos hijos de Lea (Michael y Richard), al igual que ella, son niños con altas capacidades, o superdotados, y las curiosas conversaciones con ellos, siempre cargados de preguntas, y la frustrante experiencia en las aulas, han sido la semilla de esta novela. Se trata de una ficción, pero su base y algunas de sus escenas son totalmente reales.

Cuenta la historia de Ana, una mujer que, tras enviudar, deja Madrid y se muda con sus tres hijos (Michael, Richard y María), a Hamble-le-Rice, un pueblo al sur de Inglaterra, en la desembocadura del Hamble, donde ha heredado el Bed and Breakfast de su difunto marido.

En este lugar, la familia tiene que empezar de cero, dejando atrás las clases del colegio de Madrid, donde los niños se aburrían sin remedio al no encontrar interés en los ejercicios tradicionales, mientras en casa preguntaban por el sol, la fuerza de la gravedad o los dinosaurios. Esta novela es también una reflexión sobre el sistema educativo, una crítica a sus corsés y un llamado, de humor y ternura, a otras formas de vivir la infancia.

REGRESO A 'NUNCA JAMÁS'

Vélez elige la ficción para tener mayor libertad a la hora de contar, de urdir las tramas, y lo hace a través de varias voces: la de un Richard adulto - que viaja a los recuerdos al volver con sus hermanos a su hogar inglés, Joiners House -; y las de Ana y Michael, a través de sus cartas. 

La tensión narrativa la mantienen cada obstáculo o reto que debe afrontar la familia, como lo es la propia construcción de la cabaña. "No me dije: 'Lo puedo hacer'; pensé: 'Lo voy a hacer'". Y así, entre las risas y las lágrimas, Vélez habla sobre ese lenguaje propio que opera en cada familia, que son palabras, gestos y escenas anudadas en la memoria, como se reivindica en esa preciosa novela autobiográfica que es Léxico familiar, de Natalia Ginzburg.

Este es un libro para volver a la infancia, para aprender de los niños, de sus mecanismos para afrontar la pérdida, el tedio, el juego, el aprendizaje. Un libro para hacerse preguntas. ¿Quién se anima a escalar hasta la casa del árbol?

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