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30 horas de naufragio

Por Leire Escalada 21 abril, 2016 - 7:00

Eduardo Laporte acaba de publicar "La tabla", la historia de un joven pamplonés que pasó 30 horas en alta mar aferrado a su tabla de windsurf.

El pamplonés Xabier Pérez Larrea acababa de cumplir los 17 cuando desapareció, mar adentro, arrastrado por el viento y la bravura de las olas. Esa mañana había salido a practicar windsurf en la playa de La Pineda, en la costa de Tarragona, donde estaba pasando las vacaciones de Semana Santa con su familia. La furia del Mediterráneo dejó sin vela la tabla, única ayuda que tuvo durante las 30 horas que luchó por su vida hasta ser rescatado por un helicóptero del Servicio Aéreo de Rescate. 

El escritor Eduardo Laporte (Pamplona, 1979) ha reconstruido esta aventura real en La tabla, la novela de no ficción que acaba de publicar con Demipage. En ella confluyen la sed del reportero, la mirada del biógrafo y el pulso de quien escribe un diario.

Una novela breve e intensa que es capaz de mostrar la épica de este naufragio, esa lucha constante contra la tentación de rendirse, al tiempo que deja ver las flaquezas y los miedos que atenazan al protagonista. 

La historia narra también la investigación periodística que realiza el propio Laporte, desde que recuerda esta historia mientras se baña en una playa perdida en Almería, hasta el rastreo de hemeroteca y la comida en casa del protagonista.

DOS NÁUFRAGOS

Ahí la voz del periodista-narrador da paso a la voz del propio Xabier, convertido en personaje, que rememora al detalle su periplo: el incidente mientras practica windsurf. Esa noche larga y terrible, convertido en un títere en los brazos del mar (o como un personaje de videojuego, como él mismo confiesa sentirse), pero siempre luchador. La sal que abrasa su estómago. Los vómitos. De día, el sol contra su piel.

Las sensaciones físicas que describe son casi palpables pero quizá lo más valioso sea cómo muestra los pensamientos que le atormentan durante esas 30 horas de naufragio: la sombra de la muerte; el recuerdo de sus padres, angustiados mirando al mar desde la línea de tierra; el no poder despedirse si moría; la mezcla de sueños y realidad.

Sin embargo, la historia no queda acotada en el relato del naufragio, que también indaga en las secuelas físicas y sobrevuela las psicológicas, sino que aborda otra suerte de naufragio, el del propio escritor. "Me motivaba la idea de escribir sobre otro, como un ejercicio de antiautobiografía en el que el autor no tiene todo el control. Aunque, como comprobaría después, ir a su encuentro era también viajar hacia mí mismo", escribe el Laporte narrador.

Así, el naufragio de Xabier le sirve para mirar desde otra perspectiva su propio naufragio, como un balcón a la introspección y también como asidero. Dos luchas distintas que crecen juntas y dejan un redondo final.

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