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Taser 7, los peores cinco segundos de mi vida

Por La voz de los lectores 21 enero, 2020 - 9:36

La sensación era la de haberme convertido en una especie de esfera incapacitada, llena y envuelta en una mezcla de electricidad y dolor intenso.

Un taser. ARCHIVO
Un taser. ARCHIVO

¡Taser, taser! Esas fueron las últimas palabras que escuché antes del sonido seco, similar a una detonación, que proyectaría los electrodos que me impactaron. Instantáneamente perdí la noción del tiempo, de mi cuerpo y del espacio que ocupaba.

La sensación era la de haberme convertido en una especie de esfera incapacitada, llena y envuelta en una mezcla de electricidad y dolor intenso. Arrancó de mis entrañas un grito que solo cesó al quedarme literalmente sin aliento.

No podía hacer nada, ni pensar o moverme, estaba totalmente paralizado. Cinco segundos de cronómetro que para mí fueron una eternidad. Y de la misma manera que llegó, desapareció. Me levanté del suelo, fui a mi casa y me encomendé a las tareas propias que me correspondían por rutina semanal.

Así, sin lesiones ni secuelas de ningún tipo. Y ahora me encuentro escribiendo este artículo. Me habían disparado con un dispositivo Taser de última generación, vulgarmente conocido como pistola eléctrica.

Se trata de un arma “NO Letal” cuya principal característica es su capacidad de paralizar temporalmente a un individuo mediante la conducción de pulsos de energía eléctrica actuando como disruptor neuro-muscular.

Es un arma que se podría encuadrar en el largo y vacío camino que existe entre el bastón policial y el arma de fuego; teniendo en cuenta que el primero puede llegar a ser muy lesivo y en ocasiones ineficaz, y la última letal sin ambages.

Después de 26 años de servicio en Defensa y Seguridad Pública y más de tres décadas de práctica de varias artes marciales, disciplinas y deportes de contacto, empleando en algunas de ellas diferentes elementos y armas para conseguir el control, contención e inmovilización de sujetos agresivos y potencialmente peligrosos; puedo afirmar y afirmo que estamos ante un elemento altamente eficaz, eficiente y garantista para policías y ciudadanos.

El control sobre el sujeto hostil es absoluto con una lesividad que se reduce a valores centesimales. Cualquier uso del arma crea un registro de descarga automática con datos cronológicos, vídeo y sonido, a los cuales el usuario no tiene acceso ni capacidad de manipulación.

En muchos casos, una alternativa previa al uso de la fuerza letal del arma de fuego con unas características técnicas que garantizan la fiscalización tras su uso. Nos encontramos ante el futuro, que ya está presente en muchas policías locales y autonómicas del Estado, donde su estadística ya muestra una reducción del 80% en enfrentamientos físicos, algo que sin duda reduce drásticamente las lesiones en policías y ciudadanos. Y lo más importante, el Taser salva vidas.

Se ha vuelto cotidiano ver en medios de comunicación cada vez más casos sobre policías que se han visto obligados a hacer uso de la fuerza letal del arma de fuego para salvar su vida ante ataques con objetos punzantes y cortantes, con el dramático resultado de muerte.

En muchos de estos casos, el uso complementario del Taser hubiese evitado la muerte del sujeto atacante, pero también de policías. Así es, son muchos los policías que por evitar hacer uso del arma de fuego se exponen in extremis, dejando su vida a merced de las intenciones y habilidades de su potencial verdugo; algunos hasta el punto de morir en el intento. La SEGURIDAD y la VIDA son Derechos Ciudadanos.

* Carta remitida por Julio López, policía municipal y delegado de Prevención de CCOO.

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