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Prefiero imaginar que ver

Por Juan Iribas 04 diciembre, 2015 - 0:06

Llevo cuarenta años preparando ‘los mejores platos combinados del mundo’. 

¿Falsa modestia? No lo sé. La frase no es mía; la escribió mi jefe en la pizarra que preside el bar hace miles de huevos fritos con patatas, pimientos y croquetas.

Yo me limito a trabajar en la cocina y a escuchar la radio. Me encanta estar al tanto de la vida de cada día y son parte de mi familia y de mis oídos las voces de siempre, que hacen los coros al chup chup de los guisos o al crash crash de las frituras.

Recuerdo el ‘me alegro, buenos días’, ‘buenos días España’ y otros saludos singulares, aunque quiero recordarlos como hace más de un cuarto de siglo, cuando yo me preguntaba si Luis del Olmo mediría uno sesenta y sería calvo o si Iñaki Gabilondo tendría barba de seis días y el pelo largo. Esa era la magia de la radio, el poder de la imaginación, roto en mil añicos por culpa del tsunami audiovisual que abandera el siglo XXI.

Me da bastante lástima que esa pompa de jabón creativa haya estallado en mi mente por culpa de conocer al dedillo las facciones de Angels Barceló, Almudena Cacho o Juan Ramón Lucas. ¿Qué me queda? Sus voces, sus historias, su entretenimiento y su acompañamiento. ¿Solo eso? ¡En absoluto! Mi imaginación no para y prueba de ello es que sigo sin ponerles cara a algunas personas. No, no son locutores ni reporteros ni periodistas con una alcachofa en la mano: me refiero a los fieles del bar. Ellos saben que hay alguien con buena mano en la cocina. Mi jefe, como canta Sabina, reina detrás de la barra del bar y les cuenta chascarrillos de mi vida, y yo me entero de que Carlos se vuelve loco con el plato número 4, Natalia siempre repite las croquetas de morcilla y roquefort, y así podría estar recitando clientes y clientes…

La magia del anonimato de los rostros radiofónicos la he perdido por culpa de Google, la televisión, periódicos y revistas. Una pena. Así que, a grandes males, grandes remedios. Ahora me preguntó quién será el comensal que renuncia a las aceitunas negras en la ensalada; cómo tendrá los ojos la chica del filete a la plancha sin patatas fritas ni pimientos verdes. ¿Habrán podido reservar la mesa número dos Julia Otero y José Ramón de la Morena o serán gente tan anónima como yo? Podría estar al tanto asomando la cabeza por una ventana, pero no lo haré. Prefiero imaginar que ver.

Ideación de Prefiero imaginar que ver

El otro día me sugirió un sobrino que podía escribir un relato sobre la cocinera de un bar, así que, Nico, ahí tienes el texto.

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