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Diez minutos de amor eterno

Por Juan Iribas 18 noviembre, 2016 - 7:47

En absoluto resultó romántico. Ella y yo no tropezamos en una esquina ni nos tiramos una taza de café por la camisa como si estuviéramos protagonizando una comedia romántica.

Nos encontramos en el Centro de Salud. Ella, con un frasco de orina; y yo, con el puño cerrado, presa de los nervios, a la espera de un pinchazo certero que diagnosticase mi repentino y brusco agotamiento.

Podría haber sido perfectamente la hija de Claudia Cardinale. Una fotocopia. ¡Idéntica!

La miré, la miré, la miré. No me miró, no me miró, no me miró.

Yo pensaba: “Este bellezón, ¿tendrá cistitis o será una mera analítica rutinaria?”. Quién sabe…

La miré, la miré, la miré. No me miró, no me miró, me miró.

En cuanto me di cuenta de que había puesto sus ojos en mi cara, puse sonrisa de foto de carné. Me contó que trabajaba en una oficina, que le encantaba correr antes de ir al trabajo, que tenía un cachorro de pastor belga y que era vegana. ¿Vegana? Le comenté que no entendía cómo rechazaba alimentos o artículos de consumo de origen animal. Su respuesta, una caída de pestañas y elevar los hombros.

No quise hablarle más. No había nada que hacer después de aquellos diez minutos de amor eterno frenados por su veganismo. ¿Por qué? ¿Por qué elegí heredar el negocio de mi padre en vez del de mi madre? ¿Por qué diablos trabajaré en un matadero en lugar de en un puesto de verduras?

Ideación de ‘Diez minutos de amor eterno’

Me ha comentado una buena amiga que se ha hecho vegana. Toda una sorpresa…

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Diez minutos de amor eterno